Cartelera, Directores, Terror

La niebla: Darabont, King y la sombra de Lovecraft

Por Manuel Jesús Martínez, en 16 de Julio de 2008

Si hay un escritor contemporáneo cuya obra se hayan llevado con más asiduidad a la gran pantalla (con resultados muy dispares, desde las obras maestras al esperpento más ridículo) es Stephen King, quien también colaboró a esta difusión cediendo los derechos de sus relatos por el precio simbólico de un dólar a estudiantes de cine, y precisamente de esta iniciativa surgió, en 1983, el cortometraje “The woman in the room”, de un joven llamado Frank Darabont, quien décadas después entraría a lo grande en la Historia del cine con la extraordinaria “Cadena perpetua”, y que ha conseguido dotar a la obra de King de un respeto que hasta entonces pocas adaptaciones tenían ( si bien ahora se encuentra escribiendo el guión de su próximo proyecto, otra adaptación de “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury).

En “La niebla” Darabont vuelve a adaptar un cuento de Stephen King, aportándole su sello personal, sobre todo en el polémico final del que hablaremos más tarde, consiguiendo una buena película de terror/suspense en la línea de los mejores clásicos del cine de serie B (en cuanto a presupuesto, no en cuanto a calidad, recordemos que ha costado poco más de 15 millones de dólares, lo que en Hollywood podría considerarse prácticamente como una película “independiente”).

La acción transcurre una vez más en la ciudad por excelencia de la obra de King: Castle Rock, que ha sido afectada por una tormenta, y en la que el pintor David Drayton (Thomas Jane) se dirige con su hijo y su vecino a un supermercado a comprar provisiones, pero, una vez allí, se ven sorprendidos por una extraña niebla que rodea el lugar y que oculta un terrible y peligroso misterio que hace que los se adentran en ella no vuelvan a aparecer, a partir de ahí se inicia una lucha por cómo sobrevivir a ese extraño fenómeno, aunque tal vez lo peor no está en La niebla…

Cuando las personas que se encuentran encerradas dentro del supermercado se dan cuenta de la gravedad del asunto pronto se dividen en dos grupos: el “liderado” por David, que intenta salir de allí para buscar ayuda y saber qué ha pasado realmente, pues también se ven atacados por extrañas criaturas, y, el más mayoritario, el de los que siguen a las señora Carmody (otra gran interpretación de Marcia Gay Harden), una fanática religiosa que está convencida de que se trata de la llegada del Apocalipsis.

A pesar de que haya algunas caracterizaciones típicas, Darabont ha conseguido añadir más profundidad y carga dramática a los conflictos de los personajes, porque esta película, monstruos y terrores físicos e interdimensionales aparte, plantea las diversas reacciones del ser humano a un hecho desconocido, nos pregunta cómo actuamos ante aquello que no conocemos. La dirección vuelve a ser sólida en todos los aspectos, y aunque sobre la mitad de la película el ritmo cae un poco después de un principio más que notable, el cierre paulatino de las diversas líneas argumentales le dan un ritmo in crescendo hasta llegar al demoledor final (distinto al del relato original) totalmente inesperado y que con la música de los australianos Dead can dance supone el punto álgido en la atmósfera claustrofóbica y de calma tensa (“no hay nada tan silencioso como un cañón cargado”, escribió Heine, y es algo que se podría aplicar a algunas escenas en el supermercado) que se ha ido creando durante la película. Además de suponer una ruptura con lo políticamente correcto, es en el final donde se aprecia más claramente la influencia más clara de Stephen King: el escritor Howard Phillips Lovecraft, y no sólo en esta escena, pues si King ha adoptado Castle Rock como ciudad principal de sus obras, H.P. tenía el “triángulo de Lovecrat”, formado por Arkham (identificada con Salem), Innsmouth y Dunwich, donde también se desarrollan gran parte de los relatos del hijo predilecto de Providence.

En cuanto a los aspectos negativos, además de ese pequeño bache en el ritmo anteriormente comentado, podríamos decir que los efectos especiales resultan demasiados evidentes, aunque con un guión sólido y una forma inteligente de narrar se convierte en algo secundario, no obstante, creo que esta nueva adaptación, también a tener en cuenta, a cargo de Darabont, que de nuevo muestra su capacidad para aportar su personalidad a un relato de otro autor, y no sólo por mejorar el final, supone una transición hacia sus siguientes trabajos, que volverán a dar que hablar, y aseguraría que para bien, pues, junto a Won Kar Wai y unos pocos más, estamos ante uno de los últimos directores artesanos de los grandes estudios actuales.

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