Brian De Palma es un director que no sabe contar una historia, pero que sí sabe mostrarla. Pocos artistas después de él han tenido una narrativa visual tan imponente y estilizada como la de él. Sin embargo, cada vez que una película que va a ser de su dirección proviene de un guión propio, el resultado (con pocas pero notables excepciones) es bastante lamentable.
En Nombre De Caín trata uno de los temas más terroríficos para cualquier padre de familia: el secuestro de sus hijos, que se vuelve más tenebroso aún cuando se sabe que los niños van a ser utilizados para fines de experimentos psicológicos. Interpretando lo que debe ser un récord de 5 papeles en una sola película, el protagonista principal es John Lithgow, junto a Lolita Davidovich, Steven Bauer y Gregg Henry.
La historia trata sobre un excelente padre de familia llamado Carter (Lithgow), quien sufre de trastornos de múlitples personalidades, causadas por su mismo padre, un prominente doctor que estudia el comportamiento psicológico de los humanos. El Dr Nix se aprovecha del problema de su hijo para que secuestre niños y él pueda ir a experimentar con ellos, sin importarle el mal que le causa al mismo.
Raising Caine es una película que de haber sido filmada por otro director, hubiera sido una de las peores producciones de de todos los tiempos. Sin embargo, hay un talento tan único en De Palma para mostrar una historia como nadie más puede hacerlo, que hace que la película logre su cometido en algunos momentos. Para la época en que el film se lanzó, el director era aún muy recordado por sus clásicos de suspenso de los años setenta y ochentas, pero también por sus inmensos fracasos a la hora de insertarse en otros géneros como la comedia, por lo que esta película generaba muchas expectativas por su regreso al tipo de cine que mundialmente lo hizo famoso.
Hay muchas escenas muy bien elaboradas en esta película, que demuestran el inmenso trabajo y preparación que cada una de ellas llevaron. Los largos planos de De Palma, junto a una muy organizada coreografía de los actores entrando y saliendo del cuadro, para luego reencontrarse con el mismo, así como un uso de la música en el más clásico sentido de terror, y una fotografía muy estilizada, logran mostrar por algunos momentos el talento innato que este director tiene para diseñar una escena. Sin embargo, y muy a pesar de esto, el resultado general de la película no deja de ser mediocre. Por estas razones, la gente se decepciono.
Es muy rescatable la escena del sueño de la esposa del doctor una clásica escena del director, en donde es capaz de exagerar la historia hasta límites bastante extremos; pero que dada su capacidad para sorprendernos y asustarnos en algunos momentos, seguimos la línea que él va trazando para que nosotros vayamos andando por ella, esperando el momento en que un susto nos haga saltar del sillón.
Y es que por esas cosas son las que uno ve una película de De Palma, para maravillarse con su capacidad narrativa visual, pero también para que nos asuste de una manera clásica, con suspense y no con falsos trucos como un grito ensordecedor o un corte abrupto sin ninguna justificación. Aprendiendo mucho de lo que hacia Hitchcok, De Palma pocas veces nos sorprende y nos regala un susto efímero, prefiriendo mantenernos en suspenso, descifrando el misterio lentamente y aumentando nuestra intriga, haciéndonos preguntar en qué momento algo terrible va a pasar.
Si esta fuera la primera película del director que uno se viera, quedaría sorprendido por la técnica tan especial que se maneja, especialmente con la fotografía. Sin embargo, para quienes estén acostumbrados a su trabajo, es evidente de En Nombre de Caín va a ser una gran decepción, puesto que no hay ningún aporte nuevo o interesante del director, puesto que todo lo que vimos acá lo hemos visto antes; sólo que ahora lo hacemos en medio de una historia que por muchos momentos se torna tonta y hasta ridícula.
Uno de los elementos de este trabajo que más controversia generó, o más críticas generaron, fue la inmensa cantidad de papeles que Lithgow interpretó. Personalmente me pareció brillante la capacidad que tenía el actor para hacer la interpretación de un adulto con múltiples personalidades. En cada una de ellas estuvo genial y, en cada uno de sus momentos fue capaz de transformar totalmente de registro. Sin embargo me pareció absolutamente innecesario y exagerado que también hiciera el papel del padre, cuando siento que no había necesidad de aquello. Para nosotros como espectadores, es imposible no pensar que el mismo actor que hace el hijo hace del padre, viéndose absolutamente vergonzoso en cada una de sus apariciones como este señor.
El infaltable compañero de De Palma en la fotografía (por lo menos infaltable en ésa época) Stephen H. Burum, hace de nuevo muestra de su trayectoria en este tipo de producciones, logrando establecer perfectamente el ambiente terrorífico de luces y ángulos de cámara intimidantes que ayudan mucho a generar el suspenso y miedos necesarios. Igual de correcto estuvo Pino Donaggio, un músico de cine del que no he tenido oportunidad de escuchar nada más que las películas que ha hecho con De Palma, pero que compuso una partitura muy clásica para este tipo de films, pero que no aporta nada y que tan sólo cumple su objetivo en algunas partes.
A pesar de todo esto, es de aclarar que las equivocaciones en esta producción pesaron mucho más que los aciertos. La historia está muy mal desarrollada, la secuencia donde se vence al asesino es bastante patética y risible, y el final de la película es muy predecible, aunque nos regala un último susto. Sin embargo, la película tuvo la capacidad de recaudar casi el doble de lo que significó hacerla, especialmente por la expectativa que generaba el retorno del director al género que mejor domina, por lo que es posible apreciarla en el formato DVD. Lo que sí recomiendo para los que la vayan a ver es que lo hagan bien de noche y bien solitos, para ayudar un poco con la causa.


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