
Las modas en el cine son como una veleta, apuntan a un lado o a otro en función del viento. Hace prácticamente una década, el viento que más soplaba era el kamikaze (ojo, la traducción fiel de la palabra es “viento divino”) oriental. A raíz de la que para muchos es la mejor película de terror del último cuarto de siglo, y para otros es la tomadura de pelo (negro y muy largo) más grande del cine reciente (estamos hablando, claro está, de ‘Ringu‘), y de la siempre elogiable manía de los festivales por descubrirnos el fantástico oriental, un público heterogéneo formado a la vez por amantes de las sensaciones fuertes y deseosos de encontrar “algo nuevo” en el panorama cinematográfico mundial encontró esa nueva ‘delicatessen’ que paladear… hasta que apareciese otra. Hollywood se dió cuenta, y además de paladearla, quiso devorarla, fagocitarla, pero la digestión fue difícil.
Mientras los espectadores empezaban a cansarse del oriental fantástico, los reincidentes productores cinematográficos de Hollywood seguían totalmente empeñados en que habían encontrado una fuente inagotable de ideas, sin plantearse qué es una idea. ¿Cómo equiparar una bolita de arroz con una hamburguesa? Con mucho ketchup, pensarían. Pues no. Tuvo que llegar el imposible remake de ‘Pulse’ para que se dieran cuenta de que todo no se puede copiar.
‘Pulse’, en su versión japonesa, cuyo título original es ‘Kaïro’, era una más que sugestiva muestras del ‘o-rei eiga’ (películas de fantasmas), mientras que ‘Pulse’, no era más que una cinta de terror de consumo (y olvido) rápido. La pregunta es…¿qué hace que una roce la obra maestra y la otra se precipite al despropósito? Pues la clave puede estar en que ‘Kaïro’, no estaba planteada por su director (Kiyoshi Kurosawa, ningún parentesco con “el emperador del cine japonés”) como una película de terror corriente, sino que más bien cabalgaba entre la crítica social y el género fantástico, del mismo modo que la película que nos ocupa, ‘Cure’ es a la vez un inteligente thriller psicológico y una mirada atroz hacia el ser humano.

‘Cure’ es la historia del detective Takabe (Koji Yakusho, conocido en occidente por su papel en ‘Memorias de una Geisha’) que investiga el caso de un asesino en serie que marca con una X el cuello de sus víctimas. Lo realmente desconcertante del caso es que no se trata de un sólo asesino. Los crímenes se suceden continuamente perpetrados por personas distintas y sin relación alguna entre ellos. Es entonces cuando entra en escena Mamiya (Masato Hagiwara), un joven que padece amnesia y que Takabe cree que puede ser la clave para resolver el caso. Pero la extraña personalidad de Mamiya, unido a los descubrimientos que hace sobre su pasado, no hacen más que complicar las cosas, llevando a Takabe al borde de la locura.
Con ‘Cure’, Kiyoshi Kurosawa comenzó su etapa cinematográfica más interesante (rubricada con las posteriores ‘Kaïro’, ‘Kourei’ y ‘Bright Future’). Está basada en su propia novela, y a decir verdad, es muy deudora argumentalmente de la más sugestiva visualmente, aunque infinitamente peor construida, ‘Angel Dust’ (Sogo Ishii, 1994), inédita en España. Su ritmo pausado, habitualmente criticado por el público occidental, que se queja de la lentitud narrativa del cine oriental, aporta sin embargo en este caso, un aura de inquietud y misterio que, junto con unas controladísimas dosis de gore, redondean una historia hipnótica como pocas.
Fue gracias a esta película que Kurosawa logró el prestigio internacional (sobre todo en Francia, dónde es obra de culto) y gracias a la cual logró el apodo de “el Antonioni del suspense”. Sin embargo, un apodo tan arriesgado, no termina de definir a su autor, que bebe más de otras fuentes que de la obra del cineasta italiano. La referencia más evidente en ‘Cure’ es más bien el cine de Roman Polanski, concretamente 2 películas: ‘Repulsión’ y ‘El Quimérico Inquilino’. Durante su desesperada búsqueda de la identidad de Mamiya, Takabe llega hasta su apartamento, lugar asfixiante que contribuye a crear una atmósfera muy similar a la que logró Polanski. Para colmo, Takabe encontrará un animal muerto que recordará al conejo muerto sobre el plato de ‘Repulsión’.
‘Cure’ supone una nueva y muy necesaria vuelta de tuerca al subgénero ’serial-killer’. Es tal la valentía de Kurosawa que no tiene ningún reparo en descubrir al asesino antes del meridiano de la película. Deja así claro que a él eso no es lo que le importa, porque su interés no es jugar con el espectador a adivinar qué pasó. Para explicar el verdadero interés de Kurosawa en su historia debemos reincidir, una vez más, en su debilidad por la crítica social. No en vano, estudió sociología en la universidad de Rikkyo antes de dedicarse al cine.
Su cine no necesita de monstruos para provocar terror, pues el peor de los monstuos es el ser humano. Un ser que en ‘Cure’ es capaz de matar a su mejor amigo, o a su mujer, o a alguien allegado si el medio de sugestión es suficientemente poderoso. Y ante unas criaturas tan deplorables, Kurosawa se erige como creador omnipotente que se desentiende emocionalmente de ellos y para el que una posible ‘cura’ sería que murieran todos. Ojo, que no es un spoiler, ese no es su final. ‘Cure’ tiene uno de los finales más desasosegantes del cine reciente. Un final terrible, abrupto y abierto que dejará a más de uno con la sensación de que ha visto un thriller diferente, una sorpresa muy agradable.


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