Ciencia ficción, Clásicos, Directores, Terror

“Alien, el Octavo Pasajero”: El terror de la presencia ausente

Por kappuz95, en 5 de Junio de 2008

Alien, el Octavo PasajeroDurante la década del ´70, y hasta los primeros años de la década del ´80, el género terror fue sufriendo nuevas modificaciones, incluido el hecho de, gracias a films como “El Exorcista”, “El Resplandor” o “El bebé de Rosemary”, un novedoso lugar de aceptación dentro del cine “grande”. Que actores o directores de prestigio participaran de dichas empresas, por supuesto, ayudó.

A comienzos de los ´80, se daba el auge de la Guerra de las Galaxias. Por un lado, la entrecomillada, que refería a la saga de George Lucas. Por otro, sin comillas, la que tenía como protagonistas a Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese espacio a ser conquistado, de golpe se volvía parte de un mercado en expansión; la globalización se expandía a una geografía exótica, como lo había hecho muchas veces en el pasado. Así, como una suerte de “Corazón de la Oscuridad”, la tripulación del Nostromo se adentraba una y otra vez en la pura negrura del universo.

El argumento, sencillo: un misterioso mensaje que pide ayuda llega al Nostromo, cuyo capitán decide rastrear y seguir la señal. Arriban a un planeta muerto, monstruoso, un gran útero entre material y extremadamente orgánico. Ahí encuentran esta gran granja o criadero de pesadilla. Es la vieja mitología del bosque o de la jungla: los viajeros caminan por entre lo desconocido, donde habita lo Terrible. Ahí es cuando uno de los aventureros es atacado por una criatura parásito que anida en su huésped para procrear al monstruo de que se hace referencia en el título del film.



Lo exógeno como terrorífico, al mismo tiempo que las propias tripas que se convierten en nido del Mal. La incertidumbre, la inseguridad. Lo mismo ocurría, en la misma época, con “La Cosa”, el film de John Carpenter. Ahí era la Antártida, acá es el espacio como lugar inhóspito.

Alien, el Octavo PasajeroComo ocurrió con otras películas, el caso paradigmático siendo “Tiburón”, de Steven Spielberg, el presupuesto que manejó el director Ridley Scott, pese a ser generoso, no alcanzó, de todos modos, para convertir al monstruo en un omnipresente físicamente. La bestia, diseñada por el artista suizo H.R. Giger – también responsable de todo el diseño de arte -, debió tener una presencia más acotada. Igual que con “Tiburón”, Scott recurrió, entonces, al fuera de campo.

Es sólo en el momento en que la seguridad de la tripulación se ve comprometida, que los habitantes del Nostromo toman conciencia de su insignificancia. Deben defenderse, pero no pueden huir. Encima, la criatura parece hecha del vacío que todo lo traga, simbolizado por el ácido presente en su sangre, que perfora todo aquello que toca. Una vez que la lucha por la supervivencia comienza y la seguridad y certeza de ese pequeño mundo va desapareciendo, el monstruo y su sangre van, literalmente, disolviendo la carcaza de realidad que los personajes tomaban como absoluta.

Como había hecho Roman Polanski en “Repulsión”, Ridley Scott recurre a la oscuridad. Apaga las luces. Esa nave, de luces blancas en el inicio, se va oscureciendo. La misma blancura que significaba visibilidad, se convierte en luz que quema, artificio, a medida que la narración avanza y aparecen ciertos datos que ponen en tela de juicio lo fortuito del encuentro con el monstruo. Luces y sombras habrán de jugar de principio a fin con respecto al relato. Todo es una gran mascarada, invadida por la sensación de inseguridad.

El film ataca lo más sagrado de los personajes desde el inicio: sus cuerpos. Son infiltrados, carcomidos desde adentro. Toda la tecnología que los rodea queda invalidada ante su humanidad. En contraposición, el monstruo que aterroriza al Nostromo está hecho de lo que parece ser un material indestructible. De figura humana, es la idea pesadillesca de un ser humano; es la bestia que todos temen, la que no puede ser aniquilada.

Alien, el Octavo PasajeroLa nave deja de ser hogar y transporte, para ser prisión. Lo siniestro ocurre cuando aquello cotidiano se vuelve alienígena. Esto es, precisamente, lo que ocurre en “Alien”. Como suele ocurrir en el género en su versión Hollywood, esa fuente de temor proviene de un afuera idealizado, que también está adentro. El miedo acá está basado en la paranoia de que el piso que hasta ayer era sólido comience a moverse. Es un invasor que proviene del exterior el que viene a destruir el mundo conocido. El Octavo Pasajero se muesra en contadas ocasiones, pero es exactamente eso, la posibilidad siempre presente de su violento y visceral ataque lo que genera la tensión que nunca se va. La topografía cien veces recorrida, familiar, se vuelve extraña, hostil.

Sin embargo, la razón del terror, acá, está también provocada por un sistema inhumano. Los protagonistas trabajan para una megacorporación, que parece estar de alguna manera involucrada en los acontecimientos. La aparición de la criatura, en ese sentido, no es una anomalía, sino aquello que viene a mostrar el verdadero rostro del sistema imperante. El monstruo está ligado al sistema, es su cara más extrema: un depredador invencible y que se reproduce utilizando los propios cuerpos de sus víctimas (la vieja fantasía de la violación del cuerpo, de la posesión).

El argumento es, entonces, en extremo sencillo: sobrevivir. Pese a que los hechos y la información que se va desprendiendo apuntan todos a una destrucción del mundo conocido por los protagonistas, se empeñan en sobrevivir. De esos, es Ripley, casi por azar, la que sobresale al conseguir este último cometido. Lo que ninguno se pregunta, curiosamente, es el por qué. La vida es tomado como un bien preciado per se, más allá de que no parece acompañado de ningún otro valor o sentido. Es, en este punto, quizás, donde la bestia se presenta como la exteriorización de esta falta de sentido en su violencia instintiva, sin dudas ni límites.

El film probaría ser un éxito, que permitiría las consiguientes continuaciones, cada una llevando la marca de su director. Ninguna, sin embargo, podría capturar con la misma sinceridad, la pureza del terror y del miedo.

Enlaces externos:

Entrevista a Ridley Scott sobre “Alien vs Predator”

Otra entrevista con Ridley Scott

Museo H.R. Giger

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