Wild Palms es posiblemente una de las teleseries más pretenciosas de todos los tiempos. Llamada a sustituir a la mítica Twin Peaks, contaba con el beneplácito de todos los grandes hombres de negocio de la ABC. Al fin y al cabo habían invertido los ahorros de la hucha con forma de cerdito en una campaña promocional sin precedentes en la historia de la televisión norteamericana.
Lo malo de Wild Palms es que pese a contar con un reparto interesante era aburrida hasta decir basta. En la producción estaba Oliver Stone, y aunque la serie nos presentaba un universo de situaciones interesantes el resultado final era muy anodino. Basada en el cómic dibujado por Julian Allen, el trasvase de un medio a otro provocó la pérdida de gran parte de su crítica a la alta sociedad que forman los famosos de Hollywood. Una de sus máximas principales era la continua crítica a la Iglesia de la Cienciología, una secta peligrosa fundada por el fallecido timador profesional L. Ron Hubbard.
La acción de la serie nos situa en el año 2007 y nos presenta una trama bastante compleja que es protagonizada Harry Wickoff (James Belushi), un prometedor abogado que comienza a trabajar para Wild Palms, un potente grupo empresarial. El picapleitos está casado con Grace (Dana Delaney) y tienen un hijo llamado Coty (Ben Savage). Este niño trabaja como actor en la primera serie en holosíntesis producida por Chanel 3. Uno de los canales de televisión que pertenecen a Wild Palms. Su abuela, Josie Ito (Angie Dickinson) se descubre como una peligrosa terrorista que fue capaz de provocar un desastre nuclear en el que murieron 90.000 personas y tiene una buena relación de amistad con el Senador Anton Kreutzer (Robert Logia). ¿Os parece poco argumento? Pues este hombre lidera la secta de Los Padres y ha fundado un movimiento denominado Nuevo Realismo, una filosofía de vida basada en la existencia de múltiples realidades.
Mientras que tratamos de hacernos a la idea de la trama, aparece en escena Paige Katz (Kim Cattrall) la mujer con la que el protagonista mantenía relaciones sexuales esporádicas antes de ser un hombre casado. Y lo que podría parecer una putilla cualquiera se convierte en la clave de toda la serie. Su problema es que han raptado a su hijo. En ese punto descubren que hay otra secta denominada Los Amigos, que está enfrentada a Los Padres. Como podéis ver, un lío que te cagas como argumento que se va complicando todavía mucho más a medida que avanza este rollo.
El recurso de la paranoia puede dar buenos resultados. Incluso la teoría de la conspiración (eso habría que preguntárselo a alguno de nuestros “politicuchos”) puede interesar al público medio. Sin embargo su abuso puede provocar el vómito incluso de los seres más cinéfagos. La banda sonora fue compuesta por Ryuichi Sakamoto y los diferentes capítulos serían dirigidos por distintos directores: Peter Hewitt, Katheryn Bigelow, Keith Gordon y Phil Joanou.
En nuestro país, fue totalmente destrozada por el canal especialista en destruir series de calidad: Antena 3. Emitida en el verano de 1995 a unas horas que para qué, cortando imágenes y empalmando capítulos a conciencia.


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