La quinta temporada de ‘Lost‘, la ultrapopular creación de Damon Lindelof, Jeffrey Lieber y J.J. Abrams, ha regresado y sigue sin defraudar. Después de una season finale un tanto decepcionante, el misterio que rodea a la isla y a los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic sigue intacto y ampliándose.
Quizá, el gran problema de la serie en sus cuatro temporadas ha sido su abusivo melodrama, sus episodios de relleno destinados a descuidar a los personajes, todos ellos mal definidos por ridículas tramas de redención o huida, todas clónicas entre sí y que no ayudan demasiado a que el pasado, eco habitual de las primeras temporadas, adquiera esa relevancia buscada. Sin embargo, en su estructura narrativa se ha desvelado una serie importantísima, valiente y pura vanguardia: sus ambiciones, la de recopilar pasado, presente, futuro, no pasan sólo por los personajes, sino también por la isla y sus cada vez más extraños habitantes. Su captura narrativa es amplia e interminable.
El primer episodio fue ‘Because you left’, escrito por Damon Lindelof y Carlton Cuse, autores del maravilloso (y posiblemente mi favorito de las cuatro temporadas, el más perdurable más allá de la compleja estructura global) ‘The Constant’, un cuento navideño de viajes en el tiempo. Precisamente este elemento, los viajes temporales, son el centro de esta temporada y desvelan un dominio poderoso de sus guionistas por todo lo contado, siendo una paradoja a gran escala el gran centro a resolver y complicar durante los siguientes episodios. Por supuesto, la clave sigue siendo Desmond, el moderno Ulises que una vez regresado a casa, debería emprender junto a su Penélope, un viaje para evitar la desaparición de los Losties.
El muy superheroico enfrentamiento entre los viejos supervivientes se sigue complicando. Por un lado, Ben Linus, de lejos el mejor personaje que ha proporcionado la serie y todo un manual de ambigüedad y perfidia bien entendidas, y Jack deben reunir al grupo. Por el otro, Sayid y Hurley siguen su huida y trabajando para el Señor Widmore. El duelo Linus-Widmore será la gran batalla que se librará, previsiblemente al final de la temporada o en la siguiente. Sin embargo, el episodio da poca cuenta para eso: la huida ha empezado, y se prolonga en el siguiente episodio, ‘The Lie’ un ejemplo de concisión narrativa y entretenimiento sin límites. De hecho, tanto en el final del primero como en este segundo abundan los toques de humor: especialmente memorables son los dos gags autoconscientes, el de Hurley cuando menciona su ausencia de mote cool (“Necesito un apodo ya”) y el momento en que recopila la serie en una historia estrambótica y atropellada ante ¡su madre! El primero es un codazo para todo fan de la serie con corazón: todo lo visto hasta ahora puede entenderse como una narración mitológica para los tiempos postracionalistas (y postmodernos, por ende) y de ahí su obsesión continua con citar a algunas de las figuras claves del desarrollo moral de nuestra sociedad. El segundo es un aspecto que a menudo pasa desapercibido: la suspensión de la credibilidad. Y pasa desapercibido justo por su habitual ausencia ya que la serie ha conseguido durante cinco temporadas hacer verosímil un misterio cada vez más grande y cada vez más improbable de ser manejado con tanta maestría en otras manos.
Lo más interesante de este segundo episodio está en la revelación final, inquietante, de la señora Hawking (encarnada por Fionnula Flannagan) a Ben: ha encontrado la isla. El lazo que puede establecer entre los viajes temporales y el único viajero “vivo” Desmond y su teórico, Faraday, puede ser, cuanto menos, inquietante: Hawking aparece, precisamente, en el citado ‘Constant’. Lost promete pues otro reto a los despistados y un nuevo replanteamiento de todo lo visto: ¿Cuántos personajes secundarios han pasado desapercibidos ante nosotros? ¿Cuántos seguirán reapareciendo y confirmando que las teorías sobre la serie sólo dan paso… a más teorías? Más preguntas en el siguiente episodio.


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