The Party (La fiesta inolvidable)
The Party (La fiesta inolvidable), dirigida y escrita en 1968 por Blake Edwards, se ha convertido en una entrañable comedia de enredos y el personaje principal uno de los más reconocidos en la carrera cinematográfica de su intérprete, el genial Peter Sellers. El film propone una historia ambientada en la escena hollywoodense hacia la década del sesenta logrando no solo relatar magníficamente las desventuras de su torpe protagonista en un contexto que le es absolutamente ajeno sino también proponer una sutil perspectiva crítica sobre él.
A comienzos de la narración nos será presentado Hrundi V. Bakshi (Sellers), un actor hindú que, llegado a California en búsqueda de su gran oportunidad, se desempeña como extra en el último film de aventuras del reconocido realizador Herbert Ellis.
Sin embargo su inexperiencia y pocas luces lograrán que se interrumpa la filmación reiteradas veces e incluso, en un intento de arreglar sus sandalias apoyando su pie sobre un detonador de dinamita, harán explotar el set destruyéndolo por completo. Inmediatamente Hrundi es despedido y será puesto, a pedido del director de la obra, en la lista negra de los estudios para impedir su ingreso al establecimiento. Es así que el productor, presto, se dirige al director del estudio para comentarle lo sucedido y darle el nombre del torpe extra mas éste, por equivocación y prisa, anota su nombre en otra lista. Pronto veremos que en ésta se encuentran los invitados a la fiesta que el director habrá de realizar en su hogar. El protagonista aprovecha, en su ingenuidad, esta oportunidad pues le permitirá establecer nuevos contactos y quizás lograr esa gran chance que estaba esperando. Arriba entonces a la gran reunión y percibiremos, ya, una absoluta incongruencia entre nuestro personaje y el ambiente en el que se halla, claramente enfatizado, por cierto. La gran mansión con su piscina y grandes espacios aloja al selecto grupo de invitados compuesto por adinerados caballeros y bellas damas que sorben de sus tragos y se dedican a hablar sobre negocios y temas intrascendentes en una calma refinada. Así Hrundi comienza a suscitar miradas de extrañeza al perder su zapato que, en su intención de limpiarlo con el agua de unos canales internos, se desprende de su pie y termina en la pileta. Aquí veremos, por cierto, la figura del camarero, interpretada por Steve Franken, que comienza a ofrecer a los presentes tragos con su bandeja tomando de ellos a escondidas, entre tanto. Éste personaje luego tendrá una importancia mayor en el film.
La llegada de protagonista logra desestructuar la fiesta progresivamente haciendo a los invitados, involuntariamente, cómplices de sus torpezas. Le veremos interactuar con un loro en una jaula gigantesca al que habla con su extraño acento
y luego un hilarante segmento donde descubre un intercomunicador con varios botones. Comienza a jugar con ellos y al presionar uno comienza a funcionar pantalla con una extraña línea verde que parece vibrar al recibir sonidos; entonces, divertido, comienza a experimentar haciendo voces y emulando a diversos animales para constatar su movimiento. Sin saberlo era escuchado por los parlantes dispuestos en toda la mansión.
Poco después conocerá a la joven cantante Michele Monet (Claudine Longet) que, con una fina voz, interpreta una bella canción. Parece ser ella la única persona con la que el protagonista puede relacionarse sin problemas y veremos su relación afianzarse al avanzar la película.
En verdad el film no posee una trama compleja sino que se basa principalmente en sus fallidos intentos de entablar diálogos con los invitados y sus paseos por esta gran casa con sus extraños aparatos y espacios.
Hay una clara búsqueda en la historia de marcar una suerte de dicotomía compuesta, en parte, por el elemento netamente occidental aquí representado en la opulencia hollywoodense, aludido como claro símbolo de posibilidad de progreso perteneciente a un país fértil social, económica y tecnológicamente, por su referencia a las altas clases y sus peculiares valores y excentricidades. Por contrario, el occidentalismo es encarnado por el personaje de Sellers, que ha dejado su país con el objeto de concretar sus aspiraciones laborales y se encuentra en un ambiente en que no solo le es ajeno mas interesante sino por el cual es, en términos generales, severamente juzgado. Hay aquí cierta toma de posición por parte del realizador que logra instaurar esta contraposición entre el protagonista extranjero, ingenuo y bondadoso, y la elite local petulante a la que pretende agradar. Evidencia de esto es el personaje de Longet que, sencilla y apacible, sin extraños manierismos, resulta ser la única persona con la que puede dialogar tranquilamente.
La dupla Blake Edwards-Peter Sellers había ya funcionado en 1963 y 1964 con dos films de la serie The Pink Panther (The Pink Panther y A Shot in the Dark), en la que el actor interpretaba al inspector Jacques Clouseau. El prolífico equipo comenzó luego el rodaje de The Party con un presupuesto relativamente bajo y un guión cuya longitud era de sesenta páginas, aproximadamente, casi la mitad de la extensión habitual. La premisa consistía en otorgar a Sellers la oportunidad de improvisar a gusto confiando el realizador en la férrea experiencia actoral previa, particularmente teatral, y en sus conocimientos de los modismos hindúes debido a su estadía en la India durante la Segunda Guerra Mundial, en la que colaboró como piloto de aviones. Su desempeño es por demás maravilloso en este film pues encarna a su personaje con una verosimilitud sorprendente logrando mantener la atención constantemente sobre sí y alivianar el desarrollo de la narración.


