Love, Liza es de aquellos films que requiere, para su verdadero disfrute, un vínculo con el activo compromiso del espectador, que no se verá expuesto aquí a un relato que enfatiza artilugios técnicos sino que busca una narrativa profunda y con gran fuerza, tanto en su guión como en las impecables actuaciones de, sobre todo, su dupla Phillip Seymour Hoffman – Kathy Bates.
El film se centra sobre la figura de Wilson Joel (Hoffman), un joven diseñador de páginas web, que ha sufrido la pérdida de su joven esposa y no parece hallar sentido alguno a lo que ha quedado de su vida. Vemos, tanto en el comienzo como a lo largo del film, cómo el protagonista debe de recurrir a pequeños objetos con el fin de recuperar, acaso, algo de su presencia, mas es el descubrimiento de una carta que le escribiese antes de su suicidio el elemento que instaura un nuevo punto de atención. Aún impelido por su apegada suegra (Bates), Wilson no desea abrirlo puesto que quizás contenga algo que pueda cambiar la imagen que de ella tiene como así también de su relación, mas también porque, como dice el autor “entiende que es lo último que sabrá de Liza, (…) Esa es una de las razones por las que no abre el sobre, porque no quiere un cierre”.
Es en este estado de latente incertidumbre y profunda angustia en que recurre a la práctica de inhalar gas para satisfacer, precariamente, su deseo de evadir la situación y quizás también cierta evocación de su fallecida esposa pues el film sugiere, sutilmente, que ella se ha quitado la vida encerrándose en su auto y dejando correr el motor. Comportamientos excéntricos comienzan a tomar control sobre él en una oscilación entre el desconsuelo y momentos de una suerte de alegría primitiva para dar paso, progresivamente, a la posibilidad de lidiar con su pena. Entre tanto, adquiere accidentalmente el hobby (que podría, en verdad, considerarse más una fascinación temporal) del aeromodelismo, insertando aquí una bella metáfora que vincula al protagonista con los pequeños aviones que errantes buscan su rumbo.
El film tiene una forma original de abordar un tema que puede y generalmente es objeto de los tratamientos más estereotipados. Incluso la carta, como elemento de tensión, podría conllevar a un efecto cliché pero, por el contrario, no hace más que desplazar la atención hacia Wilson, hacia lo que a él le sucede. Vemos que no se hace referencia explicita a su esposa sino en contadas ocasiones.
Cabe destacar la eficiencia de la banda de sonido compuesta en gran parte por Jim O’Rourke que, como dice el director busca “elevar al personaje” y el adecuado uso de los silencios que resultan capitales en el film para poder comprender las delicadas situaciones desde el mero trabajo actoral en su contexto, que por cierto es una labor fina, precisa compuesta, particularmente en el caso del dúo principal, por muchos matices, producto de una amplia experiencia.
Con respecto a los espacios en que se desarrolla la acción es interesante comentar el método utilizado por el director, Todd Louiso, que, afirma, solía llevar al rodaje obras de artistas como Francis Bacon para que la directora de fotografía, Lisa Rinzler, pudiese mediante la manipulación de las luces y lentes crear una suerte de reproducciones.

Su autor, Gordy Hoffman, galardonado en el festival de Sundance, autor de múltiples obras, profesor universitario de redacción de guiones y hermano del protagonista, afirma haber ideado el personaje de Wilson Joel luego de haber visto a un individuo junto a un dispensador de gas e imaginarle comenzando a inhalar combustible “¿a qué se debe? Quizás a un amor, un fracaso, una ruptura, pero probablemente responda a no poder desprenderse de algo”. Es así que durante los siguientes dieciocho días escribió y concluyó junto a su pileta durante las mañanas el guión que luego sería reescrito durante cuatro años con la colaboración de Louiso que, para entonces, solo había participado como actor en obras como High Fidelity junto a Jack Black, y dirigido el corto 15 minute Hamlet dos años antes. Posterior fue la adhesión entusiasta de Phillip, que ya gozaba de reconocimiento en el ámbito cinematográfico por participación en obras como Happiness de Todd Solondz, Magnolia de Paul Thomas Anderson, The talented Mr. Ripley de Anthony Minghella, y en el círculo teatral por obras como True West de Sam Shepard junto a John C. Reilly y The Seagull de Chejov junto a un gran elenco. Fue este rol el que permitió virar su carrera desde roles secundarios a un rotundo compromiso como protagónico.
Alrededor de seis meses antes del comienzo de la filmación se convocó a Kathy Bates para su participación, una soberbia actriz que contaba con obras como Misery de Rob Reiner, Dolores Claiborne de Taylor Hackford, Fried green tomatoes de Jon Avnet, en su filmografía y una corta pero fructífera experiencia en dirección, y actuación teatral.
Otras figuras dentro del cast: Jack Kehler, Sara Koskoff, Stephen Tobolowsky.
La filmación, que contó con un presupuesto de un millón de dólares y fue rodada en un lapso de veinticuatro días principalmente en Alabama y Nueva Orleáns, fue presentada en el Festival de Cine de San Sebastián en el año 2002 y representó en el festival de films de Sundance uno de los mayores éxitos obteniendo un premio Waldo Salt al mejor guión.
Sin dudas considero que Love, Liza es un film que debe ser visto haciendo a un costado los prejuicios y parámetros del cine comercial; no propone respuestas sino que busca indagar en la profunda condición humana y exponer sin dobleces una situación plausible. Debe ser visto aceptando el propio tiempo de la obra para disfrutar de una buena historia laboriosamente llevada, que dista mucho de pretender llegar al espectador por medio de golpes bajos.



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