Debo confesar que era muy poco lo que sabía de la vida de la cantante Edith Piaf antes de ver la película en la que se relata su vida.
Edith Piaf (1915-1963) fue una cantante con un alma única, que fue admirada en Francia de la misma manera que lo fue Elvis Presley en los Estados Unidos.
Una característica que tenía cuando subía al escenario era su presencia tímida e introvertida, pero que contradecía a su poderosa voz, el efecto era similar al de salir de una ostra, como si el canto fuera esa conexión que necesitara con el público para poder develar su verdadera alma.
Su atrayente voz es familiar para mucho de nosotros hasta hoy en día, sobre todo si hablamos de los fanáticos del cine. Puede ser que no lo hayas captado, pero investigando encontré que sus canciones han sido parte de bandas sonoras desde películas como Los Búfalos de Dirham (1988) hasta Salvar al soldado Ryan (1998) o desde Soñadores de Bernardo Bertolucci (2003) hasta el film animado Valiant (2005). Ella misma también apareció en algunas películas como French Cancan de Jean Renoir en 1954.
Pero concentrémonos un poco más en la película. Como muchos otros artistas que han tocado el alma de millones, Piaf probablemente merece una buena película sobre su vida, y alguien que sea digna para recrearla. Lo último ha sido superado en gran proporción de la mano de la actriz Marion Cotillard en La vida en Rosa. Cotillard no es una artista nueva, y por si no recuerdan o no la identifican, ella ya había aparecido sin mucha fanfarria en la película El gran pez de Tim Burton (2003), en la saga de películas Taxi, cuyo guionista fue Luc Besson, en Largo Domingo de Noviazgo (2004) de Pierre Jeunet y en Un buen año 2006) de Ridley Scott.
Pero en esta película es donde Cotillard da una vigorosa y demandante interpretación que va más allá de la simple actuación. Ella interpreta a la cantante desde su adolescencia hasta su decrepitación a sus 40 años, en donde verdaderamente la actriz lucía como si tuviera 60 o 70 años. Pero lo más importante es que Cotillard es capaz de captar aquello primitivo o crudo y sin procesar de la vida de la cantante y refinarlo poco a poco a medida que el tiempo cinematográfico va corriendo. La actriz no cantaba en la película (Jel Aigrot fue la encargada de dar su voz para las canciones) pero sus palabras parecían ser lanzadas desde dentro de ella como si estuviera realmente cantando y pasando por esa sensación.
Lamentablemente, La vida en Rosa es un biopic y los biopics se han convertido últimamente en un gran negocio, los actores las aman, en especial actrices, ya que este tipo de películas ofrece una oportunidad para hacerse rico, para obtener roles multifacéticos, la posibilidad de bailar, cantar o de realizar alguna otra actividad física. Más allá de eso, los famosos son los únicos que pueden comprender el secreto círculo que envuelve la vida de las celebridades. Por otro lado, los directores de cine aman los biopics porque son fáciles de realizar, financiar y hasta de vender, una fórmula clara y adaptable ha salido a la luz en estos tiempos en que las ideas ya están un poco agotadas.
Se podría decir a manera general que todos ganan con los biopics, menos la audiencia, aunque este no fue del todo el caso de La Vida en Rosa, para mi, que conocía muy poco acerca de la vida de La Mome, pues fue muy provechosa esta película y la actuación de Marion Cotillard, simplemente excepcional, por algo ganó el Oscar a mejor actriz.

Aún así, más allá de la trama, hay algo que queda claro en muchas otras películas también, y es que cuando vemos un biopic como en el caso de De-Lovely (2004), El Aviador (2004), Ray (2004), Beyond the sea (2004), Kinsey (2004) y En la cuerda floja (2005), llega un momento en el cual descubrimos ese punto de quiebre en donde el público se da cuenta de que ese personaje que atravesó por diferentes dificultades es ahora un héroe que se regodea en la fama y la fortuna. Debemos resaltar que en muchos otros casos es más evidente, pero en esta película, aunque sí lo hay, me parece que no es tan observable ni evidente como en otras biopics en las que si se puede dar.
Tal vez eso sea producto de que en esta película, el director Olivier Dahan trata de mezclar todo presentando las cosas fuera de su orden normal, llevándonos en la acción hacia delante y hacia atrás en la trama, incluyendo también entre ellas algunas escenas deslumbrantes.
La película empieza con Edith colapsando en el escenario, y luego nos remontamos a sus inicios, criada en un burdel por la hermosa Titine (Emmanuelle Seigner) y luego deambulando por las calles con su mejor amiga Mômone (Sylvie Testud). El dueño de un gran club la descubre, interpretado por Gerard Depardieu, y en ese lugar ella conoce a mucha gente famosa, incluyendo al boxeador casado Marcel Cerdan (Jean-Pierre Martins), quién se convertirá en un amor trágico en su vida. Conforme se va volviendo más y más famosa, ella se va convirtiendo en una persona más petulante y difícil, pasando a depender de las drogas. El punto más alto o ápice llega cuando ella es presentada con “Non, je ne regrette rien”, el cual se convierte en su gran hit, a sólo dos años antes de su muerte.
En esta clase de películas biopic siempre hay una aparición corta y fugaz de algún famoso que pueda ponernos en contexto de lo grandioso que el personaje principal fue. En este caso, la gran estrella es Marlene Dietrich (Carolina Silhol), quién felicita a Piaf después de una presentación.
Creo que el secreto de un buen biopic es escoger una selección de fragmentos de la vida de la persona y no tratar de abarcar toda una vida en tan solo dos horas y algo más, esta película trata de abarcarla de modo anacrónico para que no sea tediosa ni de la típica clase de biopics de la que ya hemos hablado, pero en lo que si no creo que haya mayores equivocaciones fue en la actuación de Marion Cotillard, que estuvo simplemente impresionante.

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2 Comentarios en “La vida en Rosa (La Môme)”
[...] La vida en Rosa (2007) [...]
La Artista Amada de francia, con una voz de terciopelo; por algo le lloamaban el gorrión.