Dirigida en 1993 por Bille August (realizador asimismo de obras como la reconocida Pelle, el conquistador, y Las mejores intenciones, con guión de Ingmar Bergman), La casa de los espíritus se basa en la novela homónima de 1942 de la escritora chilena Isabel Allende. La historia cinematográfica, cuyo desarrollo en tierras chilenas comienza en años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, abarca un lapso temporal de casi sesenta años y en ellos el transcurso de cuatro generaciones. Con un elenco de primeras figuras consagradas en el cine angloparlante se presenta esta obra que intenta abordar un contenido de fuerte vínculo con los efervescentes sucesos políticos y sociales pretendiendo no incurrir en posibles tergiversaciones europeizantes.
El film plantea, en su comienzo, una tríada de personajes fundamentales, uno de ellos es Esteban Trueba, fuerte figura masculina representada por Jeremy Irons, que logra abandonar su vida de humilde minero para adquirir un renombre como poderoso terrateniente mediante la obtención de una herencia y, con ella, la compra de una abandonada estancia, “Las Tres Marías”, que progresivamente repara. En este tramo se profundiza sobre el carácter despótico e implacable que contribuye a generar su riqueza e imagen respetable. Sus deseos de contraer matrimonio pronto le llevarán hacia Clara (Meryl Streep), hermana de quien fuese su prometida, e hija de un adinerado político liberal, con quien pronto compartirá la mansión. Asimismo también la habita Férula (encarnada por Glenn Close), hermana de aquél, con quien Clara establece una vinculo estrecho y a quien recurrirá en múltiples ocasiones para guarecerse de los malos tratos de su esposo.
En el transcurrir del tiempo el personaje de Streep se delinea como un mero complemento en la vida del poderoso terrateniente, su carácter apacible y dócil, sin embargo, se torna algo más atractivo con cierto poder místico de clarividencia y adivinación y como receptáculo de una ambigua atención por parte de Férula que, piadosa, le empara de una forma particularmente maternal mas acaso con ciertos matices lésbicos que se evidenciarán mas adelante en el film.
De la pareja protagónica pronto surge Blanca, interpretada por Winona Ryder que desde su niñez establece una relación afectiva con el pequeño Pedro Tercero García (Antonio Banderas) que culminará siendo empleado para las tareas de la tierra en “Las Tres Marías”. Con el tiempo, la relación entre estos se afianzará al punto de relacionarse secretamente, aún a disgusto de Trueba que no avala tal proceder por las diferencias de clase, y comenzará a adquirir, Blanca, ciertos conceptos de la ideología de izquierda que la harán, finalmente, adscripta al partido revolucionario. La complicación incipiente que surge de este vínculo se ahondará con un activismo más combativo, por parte de Pedro, que se basará en el adoctrinamiento del campesinado y otros trabajadores para revelarse contra la opresión de los patrones, y, aún más con el nacimiento del hijo de la joven pareja. Amparados por la silente Clara, que ha determinado no hablar con su marido dado que ha echado del hogar a su hermana pues notó aquella extraña forma de proporcionarle sus cuidados, hallan en el patriarca una fuerte oposición complementada por una necesidad de acción inmediata para prevenir la posible decadencia de su poderío tanto social como familiar.
La casa de los espíritus surge en parte por una inquietud
autorreferencial pues varios de los personajes planteados en la obra original han existido y, algunos, pertenecido a su núcleo familiar como es el caso de las mujeres de las cuatro generaciones planteadas: Nívea, que correspondería a la figura de su bisabuela, Clara, Blanca y su hija Alba. Asimismo la pieza original, ciertamente en mayor medida que en el film, se produce una búsqueda clara y rigurosa de contextualización sociopolítica de la narración que se inicia en la década de 1920 para abarcar el lapso que culmina en instancias posteriores al relativamente reciente episodio del golpe de Estado, en 1973, liderado por Augusto Pinochet que derrocó al presidente Salvador Allende, reconocido por muchos como un ícono del ideario de izquierda y, por cierto, tío de la autora.
La influencia de la situación de tensión establecida por la asunción inconstitucional del dictador se observa claramente en la posterior huída del personaje de Pedro que habrá finalmente de guarecerse de su captura en el sótano del hogar de Blanca. Asimismo se evidencia la alteración de las figuras de poder en el personaje del antaño poderoso e influyente Esteban Trueba que había logrado obtener el cargo de congresista mas ha perdido su influencia y contactos en el poder, los que, luego se comprenderá, resultarán necesarios para el transcurso del film.
El exilio en que incurren ciertos personajes también es una medida que adoptó Allende al desenvolverse el conflicto que acabó con el régimen de gobierno y la vida de su tío, así en 1975 se dirige a Venezuela desde donde continuó, durante trece años, su producción.
El film en términos de relato y estructuración de la pieza está bien constituido mas no busca sino depositar su completa atención en el desarrollo de los hechos y la clara representación, por medio de múltiples recursos como el vestuario, objetos y espacios, del paso del tiempo abordado. Como se mencionó, la intención de la referencia política y social no está ausente, no podría estarlo, mas constituye un propósito menor, mas neutralizante, acaso, con respecto a la posición adoptada por el realizador.
Si bien no se halla entre mis favoritas, la considero interesante en lo tocante a cierta organización de los sucesos, la composición de sus imágenes y las interpretaciones del elenco en el seno de un ambiente caracterizado por múltiples dualidades de orden actitudinal, social y político.


Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “La casa de los espíritus”
Aun no se han realizado comentarios.