Cine histórico, Directores, Otros

Garage Olimpo

Por Laura M., en 24 de Abril de 2008

Garage Olimpo fue filmada en 1999 y dirigida por el realizador Marco Bechis, con un guión de su propia autoría junto a Lara Fremder. Su estructura dramático-histórica se sitúa en un período nefasto de la historia argentina, aquí abordado desde 1976, año en que se efectuó la última toma militar del gobierno, y 1982, momento en que se puso en marcha un vergonzoso plan para la recuperación de las Islas Malvinas que, liderado por el infame Leopoldo F. Galtieri, no fue más que una mera distracción que mantuvo al pueblo sumido en un sentimiento de nacionalismo mientras atrocidades se cometían en todo ámbito de su gestión. Similar sucedió con el mundial de fútbol de 1978 y el conflicto del Beagle que “culminó” en 1979 con la intervención papal, ambos también incluidos en el período abarcado por la obra y claramente referenciados en ella.

garage.jpgLa escena inicial desde la que se deriva el relato cronológicamente, se sitúa en una villa de emergencias en la Capital Federal donde hallaremos a la joven protagonista, María (Antonella Costa), a cargo del dictado de clases de lectura y escritura básica a un grupo reducido de adultos. Mas poco después se expondrá otra de sus actividades al presentar junto a ella, ya en pleno centro urbano, a un muchacho que, comprenderemos, resulta ser un compañero de la agrupación de militancia a la que pertenece y con el que organiza secretamente un encuentro durante el próximo partido de fútbol. Es aquí cuando el conflicto de la narración comienza pues un “grupo de tareas” (denominación con que se pretendía aludir a las células de captura y tortura que tenían el fin de obtener información sobre actividad política disidente) los observa a bordo de un Falcón oscuro, símbolo emblemático de las organizaciones represivas.

Poco después se presentará a la figura de su madre (Dominique Sanda) quien luego del divorcio de su ahora adinerado marido ha encontrado su sustento en el alquiler de las piezas de su propiedad. Entre sus inquilinos hallaremos a Félix (Carlos Echevarría), un joven de apariencia serena con quien María mantiene una extraña relación basada en un vínculo de escasa atracción y mera simpatía que no culmina por constituirlos como pareja. Hecha la presentación de los tres personajes fundamentales, el film comienza a desarrollar el conflicto que tuvo sus inicios en aquel encuentro clandestino: un grupo parapolicial irrumpe en la vivienda y, luego de realizar una exploración general del inmueble y sus habitantes en búsqueda de posibles subversivos, apresan y raptan a María. Solo responden a las desesperanzadas súplicas de su madre argumentando su sustracción dada la necesidad de realizarle “algunas preguntas”, cuando en realidad era captada por su actividad paralela a la docencia. La joven es llevada, entonces, al centro de detención que da nombre a la obra, donde, inicialmente, es trasladada al “quirófano”, un reducto donde se realizan torturas utilizando, sobre todo, picanas. Aquí, luego de recibir durante horas altas descargas eléctricas para obtener información sobre procedimientos y planificación subversiva, y un tratamiento de electroshock para la normalización de su pulso, es relegada a la autoridad de un joven que, inesperadamente, resulta ser Félix, aquel apacible inquilino con quien compartía vivienda. Es este quien, respondiendo a su confuso afecto mas también a su deber, continua la tarea mas otorgándole ciertas concesiones (como el descanso esporádico). La relación entre ambos se ven entonces resignificada en una suerte de simbiosis pues aquél puede significar su salvación, o al menos un menor sufrimiento y ella constituye un vestigio de lo que de su sensibilidad y “vida corriente” queda.



En forma paralela veremos las acciones de la madre en búsqueda de su hija que, inicialmente aúna fuerzas con una mujer que se hallaba en condiciones similares a las propias, luego recurre al padre de la niña, que finalmente no aporta solución alguna, y por último, en forma individual y silenciosa, contacta a uno de los integrantes del grupo de tareas para lograr su liberación otorgando, a cambio, los papeles de la propiedad. Pronto veremos que la promesa no fue sino un artilugio para deshacerse de ella y obtener el edificio.
Para entonces la relación entre el torturador y María se ha vuelto mas estrecha pero, a la vez, mas comprometedora. Desde aquí comienza el desenlace del film que dista mucho de ser un final feliz.

garageolimpo.jpgEl abordaje de los hechos planteado por el relato pretende evitar evidenciar la presencia de la cámara y la composición subjetiva y estilizante de su realizador pues se pretende dirigir el interés hacia los sucesos mismos que ya de por sí atraen la atención del espectador por la veracidad del contexto en que se producen. Es así que la labor de Bechis y su equipo se basa en elecciones que profundicen este compromiso del público como, por ejemplo, la grabación de sonido en forma directa, el rodaje con cámara en mano, que elimina la rigidez habitual y permite una suerte de inclusión del espectador en el relato, y un trabajo de fotografía orientado a la producción de fuertes contrastes. Es a la vez importante destacar la ausencia de escenas con contenido violento explicito, lo que genera un efecto más certero aún pues la visión acota los límites imaginables del sadismo con que se obraba.

Es este tipo de obras que, como comentaba Bazin a propósito del neorrealismo italiano, encarnan más un humanismo que una elección estilística pues retoma, aun más de dos décadas después, un asunto que aún hoy es objeto de controversia y ha quedado plasmado en la historia como uno de los mas flagrantes golpes a los derechos humanos.
Resulta inconcebible aún hoy que parte, afortunadamente minoritaria, de la población argentina pronuncie el espeluznante latiguillo “estabamos mejor con los militares” existiendo documentos como el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) denominado “Nunca más”. Sus páginas cuentan con descripciones precisas sobre el proceder de los captores y la intrincada sistematización de las tormentos físicos y psicológicos implementados en los centros de detención que, en su diversidad y extrema crueldad pretendían erradicar inútilmente una ideología que ponía en jaque al decadente gobierno impuesto y sus funestas figuras. La trivialización de la vida, que no solo se trataba de los opositores sino de cualquier individuo que se negase a cooperar en la provisión de información, mas también su clara afiliación al ideario nazi eran abalados y ocultos por un poder de facto que desplegaba su dominio y podredumbre por sobre el pueblo, particularmente, a través de los medios y figuras públicas que, entre otras maniobras, incitaban a los padres a supervisar y restringir las actividades de sus hijos o, peor aún, a denunciarlos a las autoridades.

La causa inconclusa, los destinos de los desaparecidos y la libertad de los gestores de esta atrocidad y las lágrimas derramadas aún pesan en la memoria colectiva y hacer la vista a un lado no logrará sino imposibilitar la gesta de una conciencia social y la fundación de una sólida creencia en el sentido democrático de nuestras instituciones.

garage_fotocelda.jpg

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