Esperando la carroza
Por Laura M., el 30 de Abril de 2008
Esperando la carroza, dirigida en 1985 por Alejandro Doria y basada en la obra homónima de 1974 escrita por Jacobo Langsner, se ha convertido en una de los films cómicos más reconocidos y queridos de la cinematografía argentina. Sus personajes, hechos y líneas han perdurado por generaciones pues presenta una mirada costumbrista, autorreferencial, que elabora estereotipos argentinos y los desarrolla claramente empleando un humor muy particular.
El film tiene por protagonista a la adorable Mamá Cora (personaje antológico de Antonio Gasalla) una despistada anciana que, veremos hacia el comienzo de la obra, vive junto a su hijo Jorge (Julio de Grazia), Susana, su esposa (Mónica Villa) y el pequeño bebé de la pareja. El aire que se respira en ese hogar durante la secuencia inicial es ciertamente tenso. La niña llora desconsoladamente, Susana prepara frenética, un postre para su hija, mientras que la solícita Cora deambula lenta y torpemente pretendiendo ayudar en las tareas del hogar. Cuando la muchacha se dirige hacia la habitación del niño para cambiarle sus pañales entra en una acalorada discusión con Jorge sobre su madre y las habituales confusiones con las que tan difícilmente puede convivir.
Al regresar encuentra que Mamá Cora ha convertido su postre en una mayonesa y rompe en un ataque de nervios. Alterada se dirige, seguida por su marido, a la casa de Elvira (China Zorrilla) y Sergio (Juan Manuel Tenuta), otro de los hijos de Cora. Allí pide a los gritos que alojen a su suegra por un tiempo pues ya no la tolera pero solo recibe evasiones, críticas y la ironía de Elvira que minimiza el problema para, finalmente, desligarse de la responsabilidad de mantener a la anciana en su casa. Pronto arriba el tercer hermano, Antonio (Luis Brandoni) junto a su mujer Nora (Betiana Blum) en un lujoso auto y vestidos con elegantes prendas pues habían sido invitados para almorzar ravioles. La contraposición económica entre esta pareja y las restantes es evidente por tanto, apelando a ello, Susana reitera su pedido ésta vez dirigido a su otro hijo esperando hallar algo de compasión.
En una falsa preocupación afirman que ella, “el ser más dulce de la Tierra”, se aburriría pues nunca están en su casa, luego dice Sergio que ya no tiene paciencia con los ancianos y su mujer finalmente adhiere la excusa que su madre se podría celosa. Mientras la familia discute sobre quién finalmente se hará cargo de la pobre Cora, la protagonista sale de la casa y, caminando por las calles del barrio se encuentra con una vecina (Cecilia Rosetto) que le pide se quede en su casa a cuidar a su hijo. Ella pronto acepta pensando en dejar a Jorge y su familia tranquilos por un rato, mas cuando ellos vuelven al hogar, sin respuesta alguna, hallan a su niña sola pues Mamá Cora ha desaparecido. Preocupados comienzan a buscarla, recurren a parientes con que nunca tienen contacto, como la hermana restante, Emilia (Lidia Catalano), que vive en un barrio carenciado, o una tía algo sorda (Angelita Pardo) a la que nunca visitan. Finalmente acuden a la policía para realizar la denuncia y luego d
e unas horas reciben un llamado de la comisaría para pedirles se dirijan a la morgue para reconocer el cuerpo de una anciana que se ha arrojado, a unas cuadras, sobre las vías del tren. En el estado alterado de los tres hermanos reconocen a la señora, en verdad una húngara sin identificación, como su madre y comienzan a discutir sobre dónde debe velársela pues piensan que se ha suicidado por la negligencia de Susana y Jorge. Toda una parafernalia se monta, finalmente, en el hogar de Elvira mientras que Mamá Cora despistada y asombrada mira desde la terraza de enfrente a la muchedumbre que entra lentamente, sollozando a la casa de su hijo.
El film, aquí comentado de acuerdo con líneas generales de acción, ofrece pequeñas situaciones que permiten comprender aún más la naturaleza de los vínculos establecidos entre los integrantes de la familia desarrollando, a la vez, las características estos hilarantes personajes interpretados por hábiles actores nacionales. El personaje de Mamá Cora sobresale de los restantes, sin duda, no solo por ser protagónico sino que implicó, para su actor, doblar su edad adquiriendo maneras, gestos y esa peculiar voz entrecortada que genera carcajadas mas a la vez cierta ternura pues, a pesar de las disputas y sus torpezas, es bondadosa y tiene un enorme afecto por su familia. Es claro que no merece ser tratada como observamos por el mero hecho de ser anciana y algo despistada, como también sucede con otras figuras de personajes mayores como la adorable tía sorda; parece ser éste el mensaje fundamental de la obra que aboga, desde una comicidad crítica, por el respeto “a nuestros queridos viejos”.
Si bien considero que hay muchos puntos desde los cuales abordar el film tambien es cierto que un sobreanálisis puede contribuir a la pérdida de comicidad y sorpresa. Espero el lector haya encontrado, por tanto, en breve referencia anterior motivos para acercarse al film.

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