Dirigida por Fernando Meirelles, basada en la novela homónima de Paulo Lins y producida en el año 2003, Cidade de Deus aborda un período de veinte años para aludir al desarrollo del delito y tráfico de drogas en los barrios marginales de Río de Janeiro desde el personaje de un niño al que veremos, junto a sus amigos, progresivamente desarrollarse entre ciertos códigos y comportamientos necesarios para sobrevivir en las duras calles de la favela.

El film comienza ambientado a fines de los años sesenta donde el relator del film, el pequeño Buscapé, introduce al espectador a la vida en estos asentamientos precarios creados para albergar a gente sin vivienda donde veremos ya la existencia de una conducta criminal mas acaso ingenua con respecto a lo que se observará posteriormente pues la violencia es aquí implementada con el fin de obtener medios de subsistencia, como veremos con el robo al camión de gas. Este estado inicial no solo será evidenciado por las acciones sino en particular por la composición de la imagen con sus claros y brillantes colores, mas también con su montaje de dinámica relativamente apacible, como aludiendo a aquellos tiempos con añoranza.
Buscapé, veremos desde el comienzo, es algo diferente a los muchachos que le rodean pues tanto entonces como hacia el final del film pretende mantenerse al margen del delito desarrollando, por el contrario, el objeto de sus aspiraciones, la fotografía algunos de cuyos contactos se darían, casualmente, con la llegada de reporteros para registrar un crimen. Por su parte, el joven Dadinho, amigo del narrador, tiene interés en progresar en el negocio del crimen para tomar, eventualmente, el poder y constituirse el respeto y fama por ello. Con tal fin comenzará a atender recados de maleantes locales y hallará finalmente su prueba de iniciación con la aceptación de su idea por parte de Cabeleira, cabecilla del “Trío ternura” una banda de maleantes. Sería su participación como soplón ante una posible llegada de la policía al burdel que el grupo se hallaba robando violentamente, su primera gran acción delictiva.
Un flash forward nos llevará a los años setenta, Buscapé, ya adolescente, tiene un nuevo grupo de amigos y es en una de sus salidas en que, para satisfacer los deseos de una muchacha que le gusta, acude a un dealer para comprar marihuana. Pronto habrá de interrumpir el niño que solía llamarse Dadinho, ahora Zé Pequeno, que para entonces se había convertido en uno de los ladrones más buscados de Río. Su plan era asesinar a todos los grandes comerciantes de droga para apoderarse del negocio y estaba allí para concretarlo, mas pronto veremos el desarrollo, en una suerte de racconto, de su poder monopólico hasta entonces logrado, llevando consigo las vidas de maleantes, dealers e incluso una banda de niños que con sus robos alteraban el pseudoequilibrio que su figura
garantizaba. Un nuevo corte nos mostrará brevemente el contraste con su antaño apegado amigo, Buscapé que, en compañía de Benné, otro integrante del grupo de su niñez y ayudante a la vez de Zé Pequeño, pretende obtener dinero luego de quedarse sin trabajo mediante reiterados intentos de robo. En todos ellos halla un impedimento finalmente confirmando esto la fortaleza de sus valores morales. Poco después se iniciará la conclusión del film que no difiere, en términos de violencia, a las imágenes precedentes.
El film, cuyo libro fundamental es producto de la experiencia del propio autor como habitante de Ciudad de Dios, donde transcurre la acción, es según el director una obra intencionalmente “didáctica” pues puede mediante ella acercar a la clase media que la consume una descripción del funcionamiento de las redes y códigos del comercio y vida en las favelas desde una estructuración en tres partes, determinadas por las décadas que abarca. Cada una de ellas, afirma el autor, requirió una forma de composición específica: la correspondiente a los años sesenta requiere un trabajo mas prolijo y riguroso en cuanto a la actuación y armado de la imagen pues dirá: “Comienza con un Estado que controla la situación, con personas que tienen horizontes y perspectivas”. Posteriormente la manera de trabajo fue mas libre, menos regulada, con la búsqueda de una cámara menos constructora, acaso, sino más al servicio de la documentación de los hechos que, por cierto, eran llevados a cabo por actores no profesionales, entrenados, habitantes de la zona. Vemos aquí una búsqueda de correspondencia buscada entre la narración y el relato.
La obra como documento ha tenido una gran repercusión en la sociedad brasileña pues no solo ha sido vista, internamente, por un asombroso número de espectadores, sino que se ha convertido en objeto de análisis, críticas y teorizaciones varias tanto en el ámbito académico como en el político. Y con razón, pues constituye una realidad ineludible originada eminentemente por la marginación del Estado y la ausencia, desde hace más de tres décadas, de políticas fuertes de educación y propulsión económica. Cierto es que difícilmente sea interno el origen de la solución, aún cuando parte de sus habitantes ruegan por la paz e incluso buscan, en ciertos núcleos, medidas de progreso como agrupaciones de desarrollo cultural y trabajo social. Una intrincada red delictiva de larga data se dispone entre y sobre la población de estos barrios de emergencia instaurando normativas locales que permiten una suerte de autonomía coercitiva en expansión y un estado básico de violencia que tiene y habrá de tener consecuencias nefastas sobre generaciones jóvenes y futuras.
Así el film no es solo una maravillosa construcción cinematográfica sino que ha logrado generar un interés creciente por su causa a partir de la adaptación de una realidad alarmante a un medio estético y de alcance masivo.



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1 Comentario en “Cidade de Deus”
ME ENCANTÓ LA PELÍCULA, PERO NO LA RECOMEDARÍA CON ADVERTENCIA, EL GUIÓN ES MUY BUENO PERO ALGO LARGO, LA EDICIÓN Y LA FOTOGRAFÍA SON DE PRIMERA, NADA QUE PEDIR AL CINE DE HOLLYWOOD, Y QUE QUEDE O NOS SIRVA COMO REFLEXIÓN PARA NUESTRA SOCIEDAD, SALU2