Luego del celebrado documental The Cruise, de 1998, sobre un excéntrico guía turístico neoyorkino, Bennet Miller había dedicado su tiempo y carrera a la filmación de comerciales televisivos y a la lectura de numerosos guiones en búsqueda del texto ideal para hacer su primera gran obra cinematográfica. Dan Futterman, actor, escritor y amigo de su adolescencia, había comentado en algún momento durante ese período, su idea de realizar una obra sobre la polémica figura de Truman Capote basada en la biografía propuesta por el reconocido Gerald Clarke, mas no obtuvo del realizador gran aliento. Sería paradójicamente este trabajo el que, un par de años después, generaría el retorno de Miller a la labor fílmica. Así es que, contando con la esencial participación de otro antiguo conocido para interpretar el personaje protagónico, Philip Seymour Hoffman, la obra fue rodada, y estrenada en el año 2005.
La narración, en su comienzo, es situada temporalmente en el mes de
noviembre de 1959. En un modesto departamento, Capote (Hoffman), que para entonces contaba con el reconocimiento de una prolífica obra que incluía la renombrada novela Breakfast at Tiffany’s, halla en el New York Times una nota sobre el atroz asesinato de una familia en Holcomb, Kansas. Veremos que algo en ella parece atraerle y es por ello que pronto acude al editor del diario para proponerle la asignación de tal investigación. Es acompañado, en su visita al pequeño pueblo, por su íntima amiga, la escritora Harper Lee (Catherine Keener), que contribuirá en múltiples ocasiones en el trato con los habitantes locales que, conservadores, podrían hallarse incómodos con la extravagante y afeminada imagen de su compañía.
Recurren, en primera instancia, al Departamento de Investigaciones de Kansas donde hallarán al recio agente Alvin Dewey (Chris Cooper), a cargo del caso. Su colaboración en esta instancia es mínima pues pretende evitar con ello la innecesaria intervención del escritor, mas poco después la hallará de gran importancia y por ello comenzará a vincularse con ambos. Dewey no solo estaba afectado por la muerte de cuatro respetados miembros de la comunidad local sino, en especial, por la pérdida de la amistad personal que mantuviese con el patriarca, Herbert Clutter. Es durante una cena en la casa del agente en que se produce el llamado de un efectivo que afirma haber atrapado a dos sujetos posiblemente responsables del crimen en la ciudad de Las Vegas. Así se presentarán los personajes de Dick Hickock (Mark Pellegrino) y Perry Smith (Clifton Collins Jr.) que encarnaran a estos individuos en apariencia muy dispares. Un primer acercamiento concreto entre Capote y Smith se produce en el hogar de un comisario a cuya mujer visita el escritor con el verdadero objeto de conseguir acercarse al acusado que se encontraba allí entre rejas, separado de su compañero. Hay una intención en la narración de mostrarlo, a lo largo del film, como un muchacho apacible, algo más sensible y profundo que su tosco camarada, y con una irrefrenable necesidad de reconocimiento y amparo, que pronto buscará en el escritor.
Durante su período de encarcelamiento en la prisión local recibirá sus visitas preferenciales y una creciente atención. Un interés ambiguo fundamenta esta actitud pues en parte se halla claramente allí en busca de información para continuar con la producción de su próxima gran obra, mas a la vez vemos que cierto lazo se crea entorno a una incipiente atracción, posiblemente no de tipo físico sino por lo que éste le representa. Ello radica, quizás, en algo de conmiseración, conjuntamente con la sensación cierta similaridad (“Es como si Perry y yo hubiésemos crecido en la misma casa. Un día , yo me levanté y salí por la puenta delantera mientras el lo
hacía por la trasera”) y la satisfacción de un egocentrismo generada por la dependencia y constante alabanza por parte de Smith.Con el avance del juicio y las sucesivas apelaciones de los acusados el escritor se ve progresivamente hastiado y, con su libro casi terminado, pretende apresurar a aquel para que le describa esa noche fatal, sobre la que aún no ha hablado. Capote afirma, falsamente, que no ha escrito una sola palabra y que tales datos son solo necesarios para poder comentar los hechos de una manera correcta atribuyéndoles una imagen justa. Desde aquí comenzarán a desarrollarse los sucesos finales del film.
La propuesta de Capote radica entonces en, por supuesto, un fundamental énfasis en la figura del célebre escritor y sobre parte del proceso creativo que requirió A Sangre fría como la búsqueda de concreción de su teoría personal. El autor creía que “en manos de un buen escritor, la literatura basada en hechos reales podía ser tan atractiva como la ficción”, es entonces la reconstrucción factual estilizada por los recursos literarios el principio básico del género, cuyo origen a él se debe, de la novela no ficcional.
El abordaje de este extenso período de seis años es magistralmente realizado; en el plano técnico presenta una intención de evitar toda marca de enunciación para otorgar mayor veracidad e independencia a los hechos propuestos, instaurados en una estructura que, a la vez, busca marcar un claro constaste rítmico y emotivo entre la totalidad del film y la reconstrucción de los hechos en la noche del asesinato.
El trabajo actoral es igualmente maravilloso, por supuesto es destacable la labor de Hoffman que ha pretendido encarnar a este rimbombante personaje desde una extensa y sistemática investigación basada en la lectura de su obra completa y en el minucioso análisis de su gestualidad y peculiar tono vocal.
La labor en vestuario y contextualización del espacio es también destacable pues no solo se atiene a la situación original sino que logra contribuir a cierto tono de la narración.
Capote ha recibido alrededor de ochenta nominaciones a galardones en festivales de gran prestigio y ha obtenido más de la mitad de ellos.



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