Dirigida en 1966 por el director Michelangelo Antonioni, en un progresivo alejamiento de su tetralogía compuesta por La Aventura (1960), La noche (1961), El eclipse (1962) y El desierto rojo (1964), Blow up propone una historia basada libremente en la obra de Julio Cortázar titulada “Las babas del diablo”, articulada con una clara búsqueda estética y de indagación sobre el universo social que rodea al personaje principal, así como también propone un enigma sobre lo real, lo existente, en relación con lo creado por quien lo observa.
El film se centra sobre la figura de Thomas (David Hemmings) un joven londinense que obtiene sus ingresos y renombre como fotógrafo para revistas de moda, mas pronto comprenderá el espectador que sus intereses exceden este ámbito pues le hallamos planificando, junto a su editor Ron (Peter Bowles), la pronta conclusión y publicación de su libro de imágenes que parecen aludir a la cotidianeidad de la clase media y media baja. Resultaría difícil creer que este interés por la vida diaria de los menos pudientes corresponde a una genuina preocupación y búsqueda de la concientización social puesto que es claro que se alimenta de la frivolidad, se lo caracteriza a lo largo del film como un individuo al que es difícil de acceder, demuestra un claro utilitarismo y está sin dudas firmemente aferrado a un solapado machismo.
En una de sus habituales sesiones improvisadas logra obtener una serie de fotografías de una pareja en el parque. Empleando la cámara aquí subjetivamente, observamos cómo la muchacha (Vanessa Redgrave) vacila entre alejarse y abrazar a su acompañante mas pronto, al observar al voyeur corre hacia a él y pide enérgicamente que rompa los negativos de las imágenes que acababa de tomar. Ante una clara negativa la joven mira hacia el claro y nota la ausencia del hombre, corre entonces a buscarlo y desaparece detrás de los árboles.
La serenidad que poseen aquellas fotografías contrastará, dirá Thomas, con la violencia del resto del material.
Comienza a generarse un enigma alrededor de ellas cuando observamos que la mujer se ha dirigido al hogar del protagonista para recobrarlas y responde, al preguntarle aquél el porqué de su interés en ellas: “Mi vida personal ya es un lío, sería un desastre si…” dejando así una incógnita fundamental. En sus intentos por lograr su cometido, la mujer pretende escaparse con la cámara y luego, al fallar, seducirlo, mas nada de ello finalmente resulta. El interrogante se hace más evidente cuando, luego de revelar las fotos, Thomas descubre una extraña figura entre los árboles que rodeaban al claro donde se hallaba la pareja. Imagen a imagen corrobora su presencia, incluso realiza una ampliación (de allí el nombre del film) donde consta el rostro de un hombre y su mano empuñando un arma. Poco después descubre que, sobre el piso, se halla el cuerpo de un individuo que parecía ser el acompañante de la muchacha.

En su búsqueda de respuestas vuelve al parque y halla el cadáver del sujeto mas poco después retorna con su cámara y este ha desaparecido. Desde aquí comienza el film a aproximarse a sus últimos minutos en que, como hasta tal punto, se empeña principalmente en enfatizar el contexto en que se desarrolla el suceso y su estatuto como oscilación entre lo real y lo ficticio, más que el asesinato mismo, que veremos, aparece recién hacia la mitad de la obra.
Algo se sostiene de aquella serie de obras en la década de los sesenta y es este abordaje reflexivo de la modernidad y su despliegue, mas en el caso de Blow up se produce otro eje de análisis que es esta mencionada cuestión de la realidad objetiva observada a través del sujeto, en tanto categoría filosófica.
La contextualización de los sucesos, por su parte, se orienta claramente al retrato de una sociedad afectada por la devastadora Segunda Guerra Mundial y en su generación posterior observamos la represalia ante tal sufrimiento. La década del sesenta londinense trae consigo una atmósfera de cuestionamiento radical a las, para entonces, perimidas reglas imperantes, lo que halla sus resultados en la abierta exploración de la sexualidad, de las drogas, y en la franca manifestación por los derechos humanos, como observamos en el film mediante una pequeña agrupación que aboga con pancartas contra la acción bélica. El ambiente en que se maneja Thomas por cuestiones laborales alude a estas ideas pero les otorga, asimismo, fuertes matices de frialdad y banalidad.
La escena local está íntimamente ligada con lo visualmente llamativo y creativo, y es este plano importante no solo para el espacio social abarcado sino para la composición de la imagen de la obra.
La segunda propuesta del film yace en la posibilidad de considerar lo que ha visto el joven fotógrafo en sus imágenes como un suceso que finalmente nunca se produjo, como una suerte de efecto de un estado quizás influido por su agitada vida urbana. Por el contrario, pudo haberse producido el asesinato y su autor haber ocultado el cuerpo antes que Thomas arribara a la escena por segunda vez. Esta idea de lo real como posible construcción se presenta con mas claridad en el fragmento final del film.


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