En la década del ochenta, Eliseo Subiela se transformó junto a Adolfo Aristarain en el director más exitoso del cine argentino, realizando un cine poético, originalidad, subjetivo y muchas veces hasta naif. Luego, con el correr de los años, y ya sin tanta maquinaria publicitaria detrás, la gente se fue cansando un tanto del cine subielesco y sus últimas producciones no lograron atraer mucho público a las salas. Pero no se rindió y siempre siguió tratando de llevar adelante sus proyectos personales, además de dar clases en su propia escuela de cine.
Precisamente su última obra se estrenó hace pocas semanas en los cines argentinos y se llama “El Resultado del Amor”. Está protagonizada por Guillermo Pfening y Sofía Castiglione –hija de Moria Casán, una vedette muy famosa- y cuenta la historia de Mabel, que trabaja alternando la animación de fiestas infantiles con la prostitución, y Martín, un abogado que compra una casa rodante para vivir. Lógicamente ambos se encontrarán y ahí comenzará a tejerse la trama central. Para Subiela, el fin del filme es “contar una historia y a través de la emoción que sirva para algo, que le modifique la realidad al espectador”. Y en cuanto a los protagonistas, dijo que “los salva el amor, que supera límites, fronteras sociales y culturales”.
No es extraño que en boca de Subiela se escuche la palabra amor. Es que todas sus películas giraron en torno al encuentro, la búsqueda, la pérdida y el amor como motor social. Nacido en 1944, debutó como director con el largo “La Conquista del Paraíso” en 1980, aunque tuvo que esperar seis años para su primer gran éxito: “Hombre Mirando al Sudeste” (1986), protagonizada por el fallecido Hugo Soto, que cosechó numerosos premios a nivel internacional e incluso la película norteamericana “K-Pax” (2001) le robó literalmente la trama. Subiela se mostró “indignado porque la copia había sido muy grosera”.
Tal vez su película más recordada sea “El lado Oscuro del Corazón” (1992), con Darío Grandinetti, esa suerte de metáfora sobre la vida y la muerte que desvela a Oliverio, el personaje central. Hubo una segunda parte en 2001, pero el público no la apoyó. La del noventa fue la década más prolífica de Subiela, en la cual filmó a razón de una por año en la segunda mitad -la más naif “No te Mueras sin decirme adónde vas” (1995), la sencilla pero sentida “Despabílate Amor” (1996) y la conmovedora “Pequeños Milagros” (1997)-.
En lo últimos años, se dedicó más a los telefilmes que a la pantalla grande, aunque en 2005 volvió con “Las Aventuras de Dios” y ahora retoma el ritmo cinematográfico, con su flamante estreno y también su próximo proyecto, que ya está filmado, se encuentra en postproducción y se denomina “No Mires Para Abajo”, una historia “de amor, para variar, pero que incluye mucho sexo con una especie de curso de educación sexual según el Tao”, según sus palabras. Es que al contrario de Calamaro, para Eliseo Subiela no se puede vivir sin amor. Y ahí están sus películas para reafirmarlo.

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