El cine argentino vivió este año un récord de estrenos como nunca antes había ocurrido en su historia: nada menos que 80 en 48 semanas. Pero la realidad no es todo color de rosa: la mayoría fueron fracasos estrepitosos de público. Y además, muy pocas películas argentinas lograron convocar una cifra decorosa, algo que suponga un “éxito” comercial.
¿Cuáles son las causas de esta paradoja? Por un lado, la nula publicidad que se le da a la mayoría de los estrenos: como consigna el diario Clarín, una gran cantidad de películas parecen hacerse con el único propósito de cobrar los subsidios que otorga el Estado. Y además, la organización es nefasta: hubo varias semanas donde se estrenaban de ¡a cinco películas argentinas! sumadas a las novedades extranjeras. Y el público no acompañó, claro.
De los ochenta estrenos del año, hubo claros ganadores: la principal fue “XXY”, premiada en todo el mundo y con una muy buena cifra de espectadores teniendo en cuenta que fue una opera prima sin mucho presupuesto y publicidad. Luego, la comedia “¿Quién dice que es fácil?”, intentó repetir el éxito de “No sos vos sos yo”, con mismo director (Juan Tarauto) y protagonista (Diego Peretti) y lo logró, llevando una cifra nada despreciable de espectadores a lo largo de las semanas que estuvo en cartel.
La película argentina más taquillera del año fue la comedia para toda la familia “Incorregibles” -con dos actores populares de TV como Guillermo Francella y Dady Brieva- que metió casi 800 mil espectadores, aunque sus productores esperaban un millón y medio, por lo tanto aquí podíamos hablar tanto de éxito como de fracaso. En tanto que a “La Señal”, el debut de Ricardo Darín en la dirección, la vieron alrededor de 350 mil personas. Por su parte, la coproducción “Tocar el cielo” superó los 100 mil con mucho esfuerzo.
Del resto se esperaba mucho más, pero no fue así: a modo de ejemplo, “Encarnación” venía de ser premiada en Toronto y San Sebastián, pero el filme apenas alcanzó 15 mil espectadores, cuando los realizadores esperaban 40 mil. Y “El pasado”, lo nuevo de Héctor Babenco, protagonizada por Gael García Bernal, ni llegó a las dos cifras. Y lo mismo les pasó a otras como “Quiéreme”.
La gran mayoría de las 80 estrenadas no llegó a los mil espectadores. Esto es una señal: mayor cantidad no es igual a calidad. Y casi no tiene sentido estrenar filmes sin publicidad detrás o en una sola sala para que nadie los vea (¿o acaso el fin es recorrer festivales internacionales?). Por eso, algo está fallando en el cine argentino. Y los responsables deberán tomar partido, porque en estas condiciones no hay industria que se sostenga.


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