Mi padre lo compró por dos perras, ¡el cordero, el cordero!
Esta es una película del director israelí Amos Gitai. Del año 2005 la película tiene una duración de una hora y media exacta. Estamos ante una coproducción de Israel, Francia, España y Bélgica y es esta la primera película “israelí” que se filma (en parte) en Jordania. El guión pertenece a Amos Gitai y Marie Jose Sanselme. El montaje pertenece a quienes muchos odiaran (y otros, no tantos, alabarán) Isabelle Ingold y Yann Dedet.
Con nombre original “Free Zone” la música o, mejor dicho, “la canción central” del film pertenece a Hava Albrstein (y es esa “del cordero”).
Esta película tiene un elenco (femenino) muy particular. Encabezado por Natalie Portman (si, “La Princesa Amidala“, o “Evey” en “V, de Vendetta“), Hanna Laszlo (que con su papel en esta película ganó el premio a Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Cannes 2005), Hiam Abbass y metida por ahí (aunque muy poco tiempo del metraje) haciendo de “suegra judía”: Carmen Maura (y les aseguro que cuando la vi en pantalla pensaba “¡¿Qué es esto?!” Nunca me la hubiese esperado en ese papel…).
Mi padre lo compró por dos perras, así lo cuenta la Haggada. El gato astuto estaba al acecho. Se lanzó y devoró al cordero. El perro estranguló al gato que devoró al cordero que mi padre compró por dos perras, ¡el cordero, el cordero!
Amos Gitai es, seguramente, el director de cine israelí más internacionalmente conocido. No podemos dudar del hecho (que es totalmente cierto) que esto es debido gracias a “el aprecio” que se le ha tenido en distintos festivales alrededor del mundo (como el de Cannes) a lo largo de los años.
Con una visión “izquierdista” (al menos en relación al centro o centros de poder de su país, no necesariamente “izquierdista” como estamos acostumbrados a usar la palabra y expresión) Gitai se ha concentrado en hacer un cine que, es lógico, será tildado de “intelectual“.
Películas más o menos “densas“, planos largos donde apenas hay movimiento o (en el sentido que estamos acostumbrados a decirlo) apenas “pasa algo”, este director se maneja con una escasísima cantidad de diálogos.
En sus películas lo que está dicho de forma “explícita” siempre será muy poco. Gitai trabaja con realidades (o, al menos apuntando hacía estas) de formas bastante “irreales” en su puesta en escena. Eso sí, tiene una preocupación verdadera por temas que tocan a la realidad y, en especial, a “su” realidad (el conflicto entre israelíes y palestinos, por ejemplo).
Entonces avanzó el palo y cayó encima del perro que estranguló al gato que devoró al cordero que mi padre compró por dos perras, ¡el cordero, el cordero!

Hace un tiempo yo comparaba o hablaba del cine de Eloy de la Iglesia y el de Buñuel. Buñuel con métodos mucho más surrealistas, pero con un pensamiento extremadamente “centrado” (en tanto sabía perfectamente como se estaba colocando frente a algunas cosas [temáticas, problemas, cuestiones] sobre el mundo) hacía un cine “totalmente irreal”, “totalmente fuera de la realidad” para justamente referirse a ésta (es cierto también que, ya de paso, jugaba y se divertía bastante… pero bueno).
A diferencia de de la Iglesia que, siendo siempre mucho más explícito hablaba y pensaba sobre los mismos temas; pero en su cine no sería “alegórico” ni “simbólico” ni nada. Sería una presentación mucho más cruda, “realista” y explícita de realidades que podían ser expresadas de una forma extremadamente literal, con un planteo no totalmente “falto de símbolos”, pero casi…
Sin dudarlo, la llama consumió el palo que cayó encima del perro que estranguló al gato que devoró al cordero que mi padre compró por dos perras, ¡el cordero, el cordero!

¿Por qué todo este preámbulo? Porque el cine de Gitai es un cine en extremo alegórico y simbólico. Si bien se sitúa sobre preocupaciones y cuestiones “en extremo” terrenales no lo hará de forma explícita de ninguna forma. Además de esto Gitai aparece como un esteta.
Hay una película suya, llamada “Kippur” en la cual tenemos una primera imagen donde “fluyen” distintos colores (más bien alegres, que atraen a la vista) que mientras en un plano largísimo que se va abriendo se van mezclando para terminar dando un color tierra.
Un color “tierra”, un color “barro”, un color “guerra” que será el que estará presente en la mayoría del metraje a partir de tal momento. Es así que ya desde esa “introducción” y a partir de esos colores se le está dando el nivel de símbolo, se estará usando (y construyendo) con y para el espectador (en ese film en concreto) un símbolo y alegoría que no podemos olvidar para llegar a entender “qué es lo que está pasando” y “qué se nos está tratando de decir”.
En fin; Gitai parece tener un uso del lenguaje cinematográfico totalmente personal y propio.
Su cine, necesariamente, nos obliga a contextualizar minimamente de antemano (se puede no hacer esto, pero creo que muchos nos veríamos bastante perdidos si, por ejemplo, no supiéramos que es israelí) y está hecho (o apunta) a un espectador activo. Activo en tanto busca (¿y crea?) un espectador que piense y trate de ir “elaborando” mientras las imágenes en una pantalla frente a sus ojos se van sucediendo.
En fin, que es uno de esos directores “diferentes” a los que, para abordar hay que prestarles una gran atención, sin estar comiendo pop en la función; y sin “ir” a divertirnos (aunque para algunos extraterrestres desubicados como yo, les aseguró que el ir develando “qué se nos quiere decir” a través de esos “cómos” tan fuera de lo común puede ser sumamente apasionante y estimulante).
De cualquier manera aclaro (sobre mí) que soy una persona que no tiene problema en ir a ver, por ejemplo, Scary Movie y reírse a más no poder. ¿Vale?
El agua apagó la llama que consumió el palo que cayó encima del perro que estranguló al gato que devoró al cordero que mi padre compró por dos perras, ¡el cordero, el cordero!

La película empezará con una música algo “extraña” que avanza mientras se presentan los créditos principales (las tres protagonistas, más el título, más el nombre del director) a partir de los cuales iremos a un primer plano del perfil de Natalie Portman llorando en el asiento trasero de un auto ocupando la mitad izquierda del plano su rostro y la otra mitad “la ventana” del auto donde se ve ese “afuera” que al mismo tiempo no se ve (la luz está quemada, se nota que el auto no está en movimiento y gente pasa).
El plano es largísimo y me aventuraré a decir que dura alrededor de seis minutos. Con ese plano tenemos la canción que estará sonando: “El cordero”. Canción ésta que será el leiv motiv de la película y que ya (y desde un primer momento) nos estará introduciendo y hablando sobre lo que en la película veremos (y cómo). Es este Leiv Motiv el que estoy usando en este comentario.
En la película hay un uso de los flashbacks que yo, al menos, nunca había visto. Mientras vemos el auto andar sobre un primer plano de la joven estadounidense (y el personaje es el de “la joven estadounidense”) aparecerán en sobreimpresión recuerdos, charlas y pensamientos que se darán en “ese mismo presente” (el del pensamiento de ella) pero que al mismo tiempo forman parte de un “pasado”.
He escuchado como muchos decían “Qué que mal recurso este” (que por otro lado yo considero relativamente “innovador”) y que, además, dígase lo que se diga; todos (incluso los que iban en detrimento del mismo) lo habían logrado entender.
Un cuarto personaje de la película será el auto (no Carmen Maura que aparece en uno de esos “flashbacks” sobreimpresos [¡que llegan a ser ocho sobreimpresos a un mismo tiempo!]) que me ha hecho recordar inevitablemente al cine de Kiarostami. Con el cual varios podrían hacer conexiones, aquí concretamente por el auto, pero por los pocos diálogos, los planos largos y por ese lenguaje cinematográfico no explícito. De cualquier forma, que quede claro: el de Gitai es un cine muy distinto al de Kiarostami.
¿Por qué cantas, cordero? Aún no ha llegado la primavera, no es la época de Pascua. ¿Has cambiado? Yo he cambiado este año. Cada noche, como siempre, sólo hago cuatro preguntas. Pero hoy se me ocurre otra pregunta: ¿Hasta cuándo durará el ciclo infernal del opresor y del oprimido, del verdugo y de la víctima? ¿Hasta cuándo durará esta locura?

En fin. Creo que con lo hasta ahora dicho basta para que el posible espectador entienda de qué tipo de película estamos hablando. Hay que estar dispuesto a encontrarse con una obra así, que será aún más interesante si uno está interesado en la situación israelí, palestina concretamente. A quien no este interesado y quiera divertirse (posición que no deja de ser respetable) no se la recomiendo.
Personalmente me ha gustado mucho (y, talvez tendría que recomendarla también a estudiantes de cine) y yo, la recomiendo.

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2 Comentarios en ““Zona Libre” de Amos Gitai”
Buenas,
La princesa Amidala, no la princesa Leia.
Hola Luke.
Bueno, muchas gracias.
Para que se entienda, hablando de Natalie Portman había dicho que era La Princesa Leia; y, muy correctamente Luke informó que su nombre es Amidala.
Ésta ha sido una confusión que, si bien entendible, no debiera haber tenido.
Así que, de vuelta: Muchas gracias Luke.
Has salvaguardado la identidad de tu hermana…
Un saludo.