Festivales de cine

BAFICI, día 5

Por kappuz95, en 15 de Abril de 2008

SOS exVer más y más, esa es la consigna. Por supuesto, como le dije a una joven colega, además es saludar a todos y todas, nunca se sabe quién habrá de llegar dónde en el futuro. Uno mismo está inclido en esa lista. Por eso, uno saluda también a la imagen demacrada que cada mañana devuelve el espejo, esa que después (o antes) se fija en la lista de funciones privadas, DVDs en videoteca o entradas disponibles qué hay para ver que pueda resultar interesante. Da un poco de vergüenza admitir esto, pero la duración del film comienza a influir; la capacidad neuronal disminuye a medida que avanza el festival, sepan entender. Y ni que hablar de la pobre gente de la organización, que, literalmente, deja de existir durante dos semanas (al menos).

Hoy a la mañana fue el turno de “SOS ex”, un film argentino que está en la Competencia Internacional. El director es el debutante Andrés Tamborino. El argumento, relativamente sencillo, consiste en dos amigos y sus respectivas ex, que coinciden en un mismo velero, el que uno de ellos está, precisamente, estrenando.

La primera secuencia anuncia el resto del film. Puma, un hombre de unos 30 y pocos, corpulento, está en un bar donde toca una banda. Está absolutamente borracho. Sale del bar tambaleándose. La cámara se retuerce, se cae y se levanta, gira. El montaje acompaña. La mirada del Puma está perdida, hasta que avista tres chicas. Las ve de espaldas, pero cree reconocer a alguien. Gritando “¡Marina!”, intenta seguirlas. Las pierde, pero sigue. Desconcierto topográfico, sin planos de referencia. Llega a su casa, a la que apenas logra entrar. Una vez adentro, se desploma sobre su cama, donde una mujer, presumiblemente su novia, duerme. ¿Quién es, entonces, Marina? La ex. Pero ¿por qué la borrachera tan violenta?

Al día siguiente aparece Fernando, el amigo, para llevar al Puma de paseo en su reciéntemente habilitado velero. También va su ex, Tatiana. Sospechoso, algo pasa, o no. Puma llama a Marina y, sin que Fernando lo sepa, también la invita al día de navegación.

Así comienza la pequeña odisea. En lugar de perderse en el bosque, los cuatro jóvenes adultos se pierden en el Río de la Plata. Film raro para lo que suele ser la filmografía argentina. Sus protagonistas no son ni veinteañeros ni personajes adultos que recuerdan. Tienen treinta y pocos. Las crisis, los planteos, son otros.

La película utiliza también ciertos elementos que “venden”, como el humor y el sexo. Los personajes siguen comportandose un poco como post-adolescentes. Ya se conocen entre sí, así que las anécdotas son de complicidad. Esencialmente, se pierden para volver a encontrarse. La gracia, como ocurre muchas veces, no es tanto la originalidad del argumento, sino el cómo está hecho. Hay una generación que suele estar perdida en el cine local de los últimos años, y no es casualidad: muchos de estos directores, recién ahora pasan a formar parte de ella, con las nuevas historias que ello trae.



Durante gran parte de la película, se muestran ocultos detrás de juegos y distracciones. Pero las máscaras no pueden durar por siempre. Por eso es raro, es un poco como aquellos relatos del cine americano de fines de los 80s. Estos personajes se enfrentan a la necesidad de hacerse cargo de quiénes son; no hay más lugar para el deambular bucólico, símbolo del llamado Nuevo Cine Argentino.

Unas fotos en la ciudad de SylviaDespués, para completar el díptico, me senté a ver “Unas fotos en la ciudad de Sylvia”, de José Luis Guerín (quien ayer dio una conferencia que mencionaré en otro post en más detalle). Es raro, divertido, fascinante, ver este “diario” de “pre-rodaje”- Guerín, quien gusta de embarcarse en viajes literarios, fue, siguiendo los pasos de Goethe, a Estrasburgo, donde veinte años antes había conocido a una mujer, Sylvie. Armó itinerarios, tratando de rastrear sus posibles pasos, y la buscó, sin poder encontrarla.

Esa búsqueda de una mujer perdida, devino rastreo de un rostro, de todos. En una película silente que es un montaje fotográfico intercalado con intertítulos, Guerín Mira, así, con mayúsculas. Después de Sylvie, va tras la Beatrice del Dante, y luego tras la Laura amada hasta la obsesión por Petrarca. Son rostros, múltiples, pero también gestos. “En la ciudad de Sylvia”, lógicamente, se adivina en las imágenes, en los apuntes; porque “Unas fotos…” es anterior. Es como un gran truco de magia: si se la ve antes que el otro largometraje, el truco se vuelve un artificio virtuoso, si se la ve después, uno es cómplice, un ilusionado voluntario que acepta enamorarse de Sylvia, de Beatrice, de Laura, de todas y cada una de ellas, que están y no están en cada una de las mujeres que amamos y amaremos. Todas están ahí antes que lleguemos, y permanecen ahí (un ahí general) después.

Unas fotos en la ciudad de SylviaGuerín no sólo lo hizo mudo, sino silente en su totalidad. No hay sonido, quizás como una contraposición con “En la ciudad de Sylvia”, donde la banda sonora son las propias texturas auditivas de la ciudad. Para un espectador promedio, puede llegar a ser insoportable, pero, al mismo tiempo, la imaginación se activa, uno llena, escucha aquello que no está en la pantalla, sino en nuestra propia historia.

Enlaces externos:

Entrevista a José Luis Guerín

Historia del cine argentino

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