Con título original “Ni na bian ji dian”, conocida en inglés como “What time is it there?” esta es una película de Tsai Ming Liang del año 2001. Nominada a la Palma de Oro en Cannes nos referimos a una película protagonizada por Kang Shen Lee (como siempre en las películas del director que oficia en/desde Taiwán).
Esta película vendría a retomar el universo que existía en su película “El río“; con sus mismos personajes; aunque un tiempo después y con algunos cambios.
Antes de adentrarnos en cuáles son éstos conviene explicar un poco a quién se acerca por primera vez a ésta o, a quien la haya visto sin haber visto las otras películas de Tsai Ming Liang.
Hsiao Kong es representado por Kang Shen Lee. Su padre es representado por Tien Miao; y su madre por Yi Ching Lu. Todos repiten. De cualquier forma, y a pesar de que nos estemos refiriendo a los integrantes de una familia, nadie debe esperarse nada así como “una película familiar”, “la historia de una familia” o algo así. Si, es indudable, el tema de la familia está presente; pero toma (y retoma gran sentido) en relación especialmente a “El río” y a la filmografía del director.
Empezamos con un plano del padre que, en la cocina, lleva un plato de comida (que parece acabar de prepararse) hasta una mesa. Allí se sentará con éste. Llamará a su hijo (que nunca responde ni aparece en este plano), se prenderá un cigarrillo e irá hacía el fondo (de la cocina, y del plano, con profundidad de campo, yéndose al punto más lejano del mismo) donde correrá una planta que hay allí; en el lugar situado de lado a la cocina, donde pasa aire y se cuelga la ropa.
El padre en ese primer plano (temporal, no nos referimos al tamaño de plano) quedará fumando mirando hacía un “más allá” que (más allá de las interpretaciones) constituye un más allá del plano y un más allá de lo que nosotros como espectadores podemos ver.
No estoy repitiendo la expresión “más allá” de casualidad, de cualquier forma. Una coloridad más bien verdosa y triste aparecerá en este plano; y se continuará en gran parte del film; por otro lado, quién ya haya visto alguna película del director se sentirá, ya desde ahí, “reconociéndolo”, sintiéndose en una zona/cine más o menos conocido como un espacio “propio”.
En el siguiente plano nos podríamos ver sorprendidos: Hsiao Kong está sentado en la parte trasera de un auto, la imagen esta bastante amarilla, el auto está en movimiento y tiene algo entre las manos. El hijo dirá algo así como “Vamos a entrar en el túnel”, como (después lo podremos pensar así, al menos) diciéndole al espíritu de su padre que no se pierda, que continué el viaje con el/ellos.

Y es que, en realidad ese segundo plano se entenderá cuando veamos que nuestro personaje está en un lugar lleno de urnas donde, mientras un monje budista y un par de personajes más cantan y hacen un ritual, Hsiao Kang deja la urna y hace (como le indica el sacerdote) tres reverencias. Es allí cuando llegamos a la conclusión, certera para uno como espectador, “el padre ha muerto“.
Ese plano también tiene la particularidad de ser una réplica exacta (excepto por la cantidad y la posición de las personas en el mismo) de una imagen de la película que le permitiría a Ming Liang seguir haciendo cine aún hoy: “Viva el amor“. En esta Kang Shen Lee, que es el actor/cuerpo/presencia que siempre usa en sus películas; trabajaba vendiendo “nichos” fúnebres (si, bastante triste tanto su trabajo como el personaje) y tenemos la sensación de ya haberlo visto en aquel lugar.
Posteriormente se darán algunas líneas de desarrollo argumental y extrañamente narrativo (pues, ya no me atrevo a decir que el cine de Ming Liang no sea narrativo; puesto que es discutible si es una narrativa extremadamente minimalista y centrada en situaciones y acciones individuales que irán tomando su cine en función a su propio devenir; pero nos encontramos, sí o sí, con que hay acciones, una línea temporal y personajes que si no evolucionan cambian y se mueven en el metraje).
Posteriormente veremos a este personaje en su trabajo. Él vende relojes en un puente, al aire libre, en las calles de Taipei. La imagen aquí es bastante blanca (como su campera), el cielo está tapado y (como en el cine de Liang, pareciera) nunca llegamos a ver el sol; a pesar de que ya no llueve de forma constante y los personajes logran estar en ese “afuera” (que de cualquier manera puede parecer bastante hermético y cerrado, sobre todo para quién no sepa ante qué se va a encontrar).
Allí aparecerá una muchacha que le preguntará por un reloj con doble uso horario. El le muestra e indica “todos esos tienen doble uso horario”. A ella la idea no parece convencerle y le pregunta por el reloj que él lleva puesto. Tiene doble uso horario y él se lo muestra; pero ante la oferta de ella rechaza venderlo porque está de luto. Ella le insiste y el termina dándole una tarjeta y diciéndole que verá si consigue alguno como ése.
Al otro día, ella le llamara para comprárselo, el terminará accediendo (y ya no tanto, pareciera, por la conveniencia de venderlo y ganar dinero por el reloj, puesto que aunque se lo vende a mil yuan se lo rebaja un 30%). Ella, ante el gesto amable de él, le regalará un pastel y le responderá a la casi única pregunta personal que se hará: París (él le pregunta a dónde se va ¿no?).
Shiang-chyi Chen es la actriz que hará el personaje de la chica. Es linda y cumplirá un papel parecido (dentro de la película como totalidad) al de la protagonista (eran tres) de “Viva el amor”.
Después se irá a París y tendremos el cuadro más o menos armado:
1. Hsiao Kong está en Taiwán y, mientras realiza rituales funerarios, trabaja (probando un reloj “irrompible frente al público y posible comprador”), empieza a “acercarse” a París. Va a un video club, termina alquilando “Los 400 Golpes” y toma vino (que parece francés). Pero lo más relevante será el hecho de que, después de averiguar de cuántas horas es la diferencia horaria entre su ubicación y París empezará a “restarle” 7 horas a todo reloj que encuentre.

2. El personaje representado por la madre (Yi Ching Lu) se verá golpeada por la desaparición de su marido. Así veremos que después de empezar con actitudes (que en un principio se hacen simpáticas, graciosas y bastante comprensibles) como insistirle a su hijo en que haga los rituales de luto a diario; no haga daño a seres vivos (puesto que podrían ser la reencarnación del padre) terminará viviendo (y desviviendo) frente a la creencia de que el espíritu del difunto marido la acompaña.
Será muy gracioso (y, más aún para quien vio “El río”) ver a una mujer que, permítanme la expresión, parece llevarse mejor con un marido muerto que vivo. Al creer que la hora de su casa apareció cambiada gracias “al espíritu” vivirá a su horario; mientras llega a extremos como tapar la luz de la casa porque “su marido quiere que sea de noche” o a la escena (con seguridad más fuerte del film) donde “tendrá relaciones con él” (por decirlo de una manera que no devele lo que pasa).
3. La chica Shiang-chyi Chen, ahora en París, con el pelo corto vagará por aquel país extraño y se encontrará con distintos personajes “más conocidos” como arquetipos para un público occidental: Un hombre en una mesa ante el cual dudamos ¿la quiere seducir? Antoine Doinel (el actor que representó al chico de “Los 400 Golpes” y la filmografía de Truffaut) le dará su número de teléfono y otra chica proveniente de Hong Kong hablará con ella (y la acompañara) después de encontrarla vomitando en un baño.
Es esta “línea narrativa” que parece remitir (o, que al menos nosotros podemos relacionar) con películas de Richard Linklater (sobretodo y, en especial: “Antes del amanecer” y/o “Lost In Translation” de Sofía Coppola) se desarrolla una veta, hasta ahora desconocida de Ming Liang; que puede hacer recordar, también a Jarmusch.
En fin. Esta es una película de Tsai Ming Liang. Eso implica varias cosas: Es “lenta”, pasa poca cosa, se habla poco y nos encontramos con personajes en soledad, incomunicados y “en ausencia”. De cualquier manera (y, si bien no reniega de todo esto) una vez en su universo esta aparecería como una película bastante positiva (aunque dependerá de interpretaciones), nostálgica, reverencial (por ejemplo: Truffaut) y llena de un humor entre solapado, genial, tonto e ingenuo que no buscará carcajadas sino “risitas“.

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