Comedias románticas, Drama
El desencuentro entre dos culturas

Stupeur et tremblements (Estupor y temblores)

Alain Corneau adapta el famoso libro autobiográfico de Amélie Nothomb
Por José Moscardó, en 29 de Diciembre de 2008

Stupeur et tremblements (Estupor y temblores) es la adaptación al cine de la novela homónima y autobiográfica escrita por Amélie Nothomb en 1999. En ella contaba su experiencia durante el año que trabajó para una gran corporación japonesa, poco después de licenciarse como filóloga en la universidad de Bruselas, y con ella ganó el premio a la mejor novela concedido por la Academia Francesa. De hecho Amélie es de nacionalidad belga pero de origen japonés, ya que su padre fue cónsul de Bélgica y ella nació en Kobe y pasó los primeros años de su infancia en el Japón, cuyo idioma habla perfectamente.

Lo primero que hay que decir del filme de Alain Corneau (Policía Python 357, Fort Saganne, Todas las mañanas del mundo) es que se trata de una fidelísima adaptación de la novela, no sólo por la sensibilidad de los guionistas (Pascal Quignard y el propio Corneau) para captar la esencia del original sino también por la brevedad de éste, menos de 150 páginas que se leen en un par de horas, que hace posible abarcar prácticamente todo su contenido sin sobrepasar la duración estándar de un largometraje. No sólo eso: además de no echarse en falta ninguna de las situaciones descritas en el libro, las imágenes son la traslación exacta de los personajes y escenarios tal como los imagina el lector. Por último, es indudable que Corneau logra conectar con el pensamiento íntimo de la autora, quien a pesar de su amarga experiencia y de la ironía destilada en no pocos párrafos nunca pretendió escribir una diatriba contra los excesos y contradicciones de la sociedad japonesa, como podría interpretarse de una lectura superficial. Amélie Nothomb ama el Japón y se esfuerza por adaptarse a sus gentes y su cultura, pero existe una barrera infranqueable que a menudo convierte su admiración en estupefacción: a pesar de haber nacido en Kobe, Amélie es una gaijin (extranjera).


La protagonista, magníficamente interpretada por la actriz francesa Sylvie Testud, recompensada con el premio César en 2004, emprende con entusiasmo su nuevo trabajo en la corporación Yamimoto. El presidente es Mr. Haneda (Sokyu Fujita), un hombre comprensivo y amable al que sin embargo nadie puede dirigirse directamente (Haneda es Dios en Yamimoto). Por debajo de él está el hiperobeso Omochi (Bison Katayama), un tipo irascible y harto desagradable que ostenta el cargo de vicepresidente. Omochi es el jefe de Saito (Taro Suwa), a su vez jefe de la señorita Fubuki, superior inmediata de Amélie, quien irónicamente concluye que ella no tiene subordinados a quienes mandar. Pero Amélie es feliz, servir como intérprete en una compañía de la magnitud de Yamimoto es un gran logro para una gaijin.

Sin embargo, ya el primer día descubrirá que en Yamimoto está destinada a ser de todo menos intérprete: Saito le pedirá redactar una simple carta aceptando una invitación para jugar al golf y su escrito será rechazado infinidad de veces sin justificación alguna. Su siguiente cometido consistirá en preparar cafés para sus colegas, labor en la que la joven pondrá todo su empeño, no sin éxito, hasta que comete un imperdonable error: hablar en perfecto japonés a unos clientes mientras les sirve el café. Omochi se enfurece con Saito y Saito hace otro tanto con Amélie: “Desde ahora no entiendes ni una palabra de japonés”. “¿Pero no he sido contratada precisamente por mi dominio del idioma?”, contesta ella. “Sí, pero, ¿cómo pueden hablar nuestros clientes de asuntos confidenciales estando presente una extranjera que entiende perfectamente todo lo que están diciendo?”

Hermosa, elegante y de modales impecables, Miss Fubuki (Kaori Tsuji) es la única persona que inspira paz y confianza a Amélie. Con su porte y amabilidad, esta mujer, representante de la exquisitez asiática, despierta en la advenediza occidental una admiración rendida e incondicional desde el principio. Pero cuando Amélie conozca a Tenshi (Yasunari Kondo) y éste se atreva a encargarle un informe sin la autorización de sus superiores, será precisamente Fubuki quien los traicione denunciando la osadía a Omochi. La razón, muy simple: a Fubuki le ha costado muchos años alcanzar su posición y no está dispuesta a que Amélie prospere en pocas semanas con su impecable trabajo.

El siguiente error que comete la gaijin es reprocharle a Fubuki su actitud. A partir de este momento su vida laboral se convertirá en un auténtico calvario, sólo aliviado por sus ensoñaciones (la evasión de Amélie es imaginarse a sí misma sobrevolando la ciudad de Tokyo como un pájaro) y por el apoyo incondicional de Tenshi, el único empleado de la corporación que parece respetarla y comprenderla. La última, y más grave, equivocación de Amélie consistirá en intentar consolar a Fubuki tras haber sido ésta reprendida por el irascible Omochi (a pesar de sus constantes humillaciones, la joven belga no puede evitar seguir admirando a la diosa japonesa). Como le explica Tenshi después, entrando en el baño en el que Fubuki se ha refugiado para llorar sin testigos, Amélie ha despojado a su altiva jefa del último resquicio de intimidad… y dignidad. La consecuencia es la degradación máxima que puede sufrir un empleado de la empresa: acabar limpiando los lavabos públicos. Pero a pesar de esta afrenta, Amélie encontrará el coraje para finalizar el año de contrato sin renunciar por adelantado (un rasgo de la huella que su infancia japonesa ha impreso en su carácter).

Al igual que Lost in translation, Stupeur et tremblements nos habla del encuentro (y desencuentro) entre dos culturas que se miran con ojos fascinados pero parecen destinadas a no entenderse. Como se ha dicho, a pesar de estar salpicada por abundantes gotas de humor irónico y casi negro, la de Amélie Nothomb no es una historia escrita con resentimiento, sino la evocación agridulce de un amor no correspondido: el que, a pesar de su frustrante peripecia vital, la autora todavía siente por el país que la vio nacer y que intentó con todas sus fuerzas comprender.

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1 Comentario en “Stupeur et tremblements (Estupor y temblores)”

1

Hola,

Acabo de leer el primer libro de Amelie Nothomb y rei mucho. No por el contraste cultural, sino por que la “tendencia” de la ejecutiva y las empresas multinacionales tambien tienen las mismas historias en Mexico. Sin querer, recorde mis porpias experiencias y las de otras colegas en nuestros primeros trabajos en multinacionales, la humillacion y la oportunidad de salir de ahi.

No he visto la pelicula, que me imagino -por la sintesis aqui descrita- muy buena.

saludos

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