Adrenalina corriendo por las venas, en cualquier momento podemos ser nosotros quiénes estemos en la pantalla, sin darnos cuenta podemos dejar de ser espectadores para pasar a ser víctimas.
El peligro no se puede rastrear, se mueve demasiado rápido y no utiliza mapas ni relojes, solo instinto, dolor, y un sistema virtual y social desquiciado.
Untraceable, así es su título original, Sin Rastros en español fue dirigida por Gregory Hoblit, lleva la adrenalina al punto máximo, lleva el peligro a un terreno bordeando lo sádico, lo desagradable y lo inhumano.
Una visión clara por la sociedad norteamericana en particular y moderna en general, en donde el dolor del otro, el sufrir de mi semejante no es más que “mero entretenimiento”.
El sitio protagonista de la película fue creado en la web real como una forma de pedir por la seguridad virtual, si quieres sumarte a esta compaña, puedes visitarlo en la web
Esta película está protagonizada por Diane Lane, que encarna a una agente del FBI que se encanrga de investigar crímenes virtuales. Un día ella se encuentra con un sitio llamado “Kill with me”, mata conmigo.
A partir de lo que ve, su modo de vivir da un giro transversal, comienza a correr peligro, a atar a cabos, a reconocerse lejos estando cerca, pierde el control total de lo que sucede.
Un sitio web es el protagonista de tanto crimen, de tanto dolor, una cámara web es la única testigo, un sótano es el lugar perfecto para sumarle un escenario más tétrico a los miles de espectadores que conforman la “tribuna” virtual.
Las víctimas comienzan siendo gatos, “es un chiste” comentan los visitantes del sitio en el muro del blog, pero luego él asesino empieza a mostrar gente, personas a las que mediante engaños o inventos los lleva a su casa, los encierra en su sótano y los prepara para una exposición pública sumamente desagradable que consiste en tortura y muerte.
Específicamente, podría la película haberse reservado algunos detalles, el ácido sulfúrico goteando de las manos inertes de una de las víctimas o un cráneo rodando por el suelo no era necesario para explicar el cometido de este asesino resentido socialmente. Pero sin embargo, esta película va dirigida a un público que eso es lo que quiere ver.
Y por ahí ronda el conflicto, por eso la película sostiene lo mismo que muestra. Somos eso. Visitantes de sitios web, compradores de medios, consumistas de realidad. Compramos lo que nos venden, lo que nos muestran, lo que está más a mano.
La película gira bajo la norma “cuántas más visitas haya, más rápido morirá la víctima”, y lejos de disminuir la cantidad de visitas, aumenta desmesuradamente, en pocos segundos la persona muere, sin otra causa más que la de un psicópata que quiere mostrar que a esta sociedad en la que vivimos no le importa quién sea la víctima ahora, mientras el show que ven termine “bien”.
Hay un momento clave dentro del argumento en el que el asesino, encierra a su víctima le comienza a suministrar los rayos y le dice: “¿Sabés que es lo peor?…. Que si ellos no quisieran que te pase nada, nada pasaría. Él sujeto que asesina, se ve como un mero experimentador, el sabe que todos los demás son los asesinos, el sólo les da el poder de elegir serlo.
Este film plantea la morbosidad de la sociedad, la carne en el medio hace que se actúe como animales, incluso después de ver cómo se mataba a la víctima la gente reclamaba para descargar el video. La sociedad es eso, millones de visitantes que ven morir a una persona a través de una cámara, como si estuvieran viendo un partido de fútbol. Una sociedad que no entiende ni se pregunta el cómo, solo compra lo que le muestran, sin analizar demasiado. Esta sociedad es la real victimaria. Si las personas, entran a este sitio, dejan morir a personas, y encima, intentan descargar videos, no hay mucho más por hacer. El desenlace ya está corrompido, las cartas ya están echadas.
Por otro lado, esta película refuerza la idea de mundo moderno, en donde las tecnologías implican mejoras, facilitan el arduo camino, mejoran la comunicación, pero a la vez, sobrepasan al hombre, fundan desconfianza, generan peligros. Es necesario abrir los ojos, y no para chequear simplemente el correo web, Internet se convierte día a día en algo tan grande que se convierte en un monstruo indomable, irrefrenable y en algunos casos, como en el tratado por la película, este monstruo se convierte en un fantasma, quien trabaja desde una cueva, invisible socialmente, irrastreable, y ampliamente peligroso.
La música y la mística de la película mantiene al espectador en vilo hasta el final, las típicas escenas y lo ya bastante predecible podría ser lo único criticable al director. Este tipo de películas generalmente sugiere entrar en los clichés del sótano como escenario principal, a la noche como momento del crimen, a los autos que se quedan sin luces ni batería, a las noches de lluvia en la desolada carretera, a las cabinas de teléfono como único refugio. Por todo lo demás, que no es menos, creo que es una película altamente recomendable, que sorprende a quien la ve desde un punto de vista más analítico que por entretenimiento, un tema de trasfondo que se convierte en protagonista y que en varios momentos de la película se transforma en el verdadero protagonista de la trama.
Una película para abrir los ojos, para encontrarse con la realidad diaria, para retomar en la seguridad, y concientizarnos de que también nosotros podemos mañana ser víctimas de lo que hoy solo somos meros espectadores. Hay que terminar con la falsa identidad, Internet permite no dejar rastros, moverse rápido, despreocuparse, total con un delete la vida de alguien puede ser borrada y archivada en una papelera de reciclaje, que quizás nunca nadie luego quiera reciclar.

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