Basada en la novela homónima del escritor americano Ken Kesey y bajo la dirección del realizador checo Milos Forman, One flew over the cuckoo’s nest, (Atrapado sin salida) fue estrenada en el año 1975.
La narración propuesta por el film no solo cuenta con una maravillosa dirección y un gran elenco liderado por Jack Nicholson en una poderosa y convincente actuación, sino, en principio, por la temática aludida. La obra se precia por abordar con absoluta seriedad la problemática de la salud mental y su tratamiento, en relación con el respeto y preservación de los derechos humanos en un contexto histórico particular en que los métodos médicos empleados para la atención de los pacientes afectados se caracterizaban, en el caso de la lobotomía y su uso conjunto con la terapia de elecroshock, por una extrema crudeza y violencia.

El comienzo del film se centra en el desarrollo del personaje principal, Randle McMurphy (Nicholson), un criminal reincidente que ha sido, en una última ocasión, acusado por violación de una joven menor de edad. En su intento de hacer más tolerable la condena, originalmente destinada a su transcurso en la prisión local, el protagonista finge insana y es pronto destinado por orden del juez a una institución mental. A su arribo es destinado al cuidado de la enfermera Ratched (Louise Fletcher), a cargo del pabellón que habrá de compartir con pacientes luego desarrollados. Desde su inicial aparición es retratada como una insufrible y recia mujer de pisadas resonantes y facciones rígidas, que desempeña su labor sin sensibilidad alguna. Los internos son abordados con tal severidad por ésta y su séquito que se manifiestan con temor ante sus represalias y manipulaciones. El panorama que McMurphy entonces observa no solo no facilitará la concreción de su deseo de una estadía más placentera y desenvuelta sino, por el contrario, será objeto de sus quejas y enfrentamientos en disconformidad por el trato que él y sus compañeros pacientes han de recibir. Inicialmente establece con ellos una relación poco cordial, sin embargo pronto comienza a comprenderles en su opresión y logra establecer un especial vínculo con algunos de éstos. Billy Bibbit, individuo con un importante retraso madurativo encarnado por Brad Dourif, será uno de sus próximos compañeros como así también el nativo americano ‘Jefe’ Bromden, reconocido por su esquizofrenia y una extrema quietud que ha hecho suponer a las autoridades que carece de audición y habla.
Entre tanto se profundizará el incipiente enfrentamiento entre el protagonista y la temible directora de enfermería, mas el suceso que generará un cambio drástico en la narración devendrá de la oculta llamada realizada por McMurphy desde su despacho. Hastiado de la oscura monotonía coercitiva, pide a su novia que acuda con una amiga al internado y traiga consigo gran cantidad de alcohol para
compartir con sus compañeros. Con ello, muchos de los pacientes son hallados, la mañana siguiente, en un terrible estado de ebriedad complementado por el efecto de ésta sustancia con los medicamentos que les son proporcionados por el establecimiento. Ratched encontrará, a su vez, al ‘pequeño’ Billy sobre su cama junto a una muchacha, pronto lo increpará y le amenazara con contar todo lo sucedido a su madre. En un ataque de desesperación el muchacho violentamente se quita la vida y un enfurecido McMurphy se abalanza sobre ella e intenta con fuerza estrangularla. Es desde esta situación que se inicia el desenlace del film.
El poderoso relato propone entonces una historia verdaderamente controversial pues alude críticamente a las políticas estatales implementadas para el trato de personas con patologías psiquiátricas pues, ante la pérdida de su productividad y posibilidad de contribución con el desarrollo económico, implican un gasto en su mantenimiento. El personaje de la enfermera Ratched encarna a esta autoridad desmoralizada que pretende reducirles en sus iniciativas personales al punto de convertirles en seres amorfos y fácilmente manipulables. Prueba de ello es la serie de técnicas y tratamientos aplicados que para entonces se hallaban prohibidos en muchos países pues no solo eran en extremo crueles sino que sus resultados, en la mayoría de los casos, generaban nuevas complicaciones. En particular debe referirse a la lobotomía que, como método de curación, cayo en desuso generalizado recién a partir de la década de 1980. El procedimiento se basaba en la intervención directa sobre la masa cerebral a la que, por medio de múltiples herramientas y canales, extraían o simplemente dañaban parte del lóbulo frontal. Ante casos de precariedad en que la anestesia no pudiera ser utilizada se implementaba la terapia de electroshock para dejar a los pacientes en un absoluto estado de inconciencia. Desordenes aún más agudos que los originales surgían de tales procedimientos como disfunciones motoras y del lenguaje.
Esta cuestión, si bien con ciertas divergencias con respecto al film por su contextualización y a la vez de acuerdo con las situaciones propias de cada país, tiene absoluta vigencia en la actualidad. Recomiendo para ello la lectura del artículo, cuyo vínculo aquí dispongo, realizado por Beatriz Poseck para la Universidad Complutense de Madrid en que se indaga sobre la relación institución mental–cine.



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