El multipremiado realizador canadiense Denys Arcand había escrito y dirigido ya en 1986 el aclamado film Le Déclin de l’empire américain en que un grupo de profesores integrantes del departamento de Historia de la Universidad de Montreal conjuntamente con sus parejas, decide realizar una cena de reunión en una gran casa recluída. La narración, eminentemente verbal, permite descubrir los intrincados caracteres e ideologías de los personajes convocados mediante sus diversas discusiones eruditas, en las que se abordan temas como el devenir histórico del individuo y su compromiso ético. Ya en esta obra es presentado el personaje que será protagonista en Les invasions barberes, una
suerte de secuela realizada diecisiete años más tarde. En ella se mantiene ese “humor, cinismo e inteligencia”, como afirma el director, mas la propuesta introduce a la narración una nueva generación encarnada por el hijo de Rémy, protagonista de la cinta encarnado por el actor Rémy Girard.
La trama del film se desarrolla entorno a su figura que, abatida, sufre los flagelos de un cáncer fatal que parece anticiparle sus últimos días. Lleva en su experiencia una vida libertina y apasionada, liderada por grandes convicciones que, hasta sus últimos momentos parecen mantenerse incólumes. Sin embargo, su decreciente estado de salud le ha obligado a instalarse en una ascética habitación del hospital de Montreal donde es atendido, y acompañado por algunos de sus seres queridos. Entre ellos se halla su ex esposa Louise (Dorothée Berryman), quien en el film anterior descubriese su infidelidad por el acto de conciencia de su amante durante la reunión. A pesar de ello se mantiene a su lado y determina llamar al joven Sébastien (Stéphane Rousseau), hijo de ambos, radicado en Londres donde se desempeña exitosamente como economista. La relación entre ambos es por demás distante, Rémy les abandonó cuando éste era más pequeño y siempre le menospreció por incompatibilidad ideológica. Acude, sin embargo, al pedido de su juega un rol fundamental contribuyendo a la reunión de sus viejos amigos, parientes e incluso sus antiguas amantes y haciendo uso de sus influencias para mejorar en lo posible las condiciones en las que se halla su padre. Sebastián contratará a un grupo compuesto por los alumnos universitarios a cargo de su padre, quienes le visitarán y pretenderán extrañarle, como así también recurrirá a Natalie (Marie-Josée Croze), hija de una de las amantes de aquel, para conseguir por medio de ella, una dosis de heroína que pudiese aliviar su dolor. Así es que los últimos días del protagonista serán acompañados en una suerte de celebración final de la vida junto con quienes incondicionalmente le aprecian en la bella casa junto al lago de la película en que fueron presentados los personajes.
Así es que los últimos días del protagonista serán acompañados en una suerte de celebración final de la vida junto con quienes incondicionalmente le aprecian en la bella casa junto al lago de la película en que fueron presentados los personajes.

A lo largo del film se destacan las profundas y atragantes conversaciones entre los convocados que ostentan un vasto conocimiento, un sarcasmo encantador y finas sutilezas por medio de las cuales el film indaga en el universo de los personajes y, principalmente, de la figura protagónica. Hay entre ésta y el personaje de Sébastien una evidente contraposición que, a la vez metafórica, alude al título de la obra. Rémy considera que su hijo enarbola aquellos valores que siempre desdeñó, su ocupación y su estilo de vida sintomático, condicionados por el lugar donde reside son evidentes manifestaciones del capitalismo feroz al cual se ha complacientemente adecuado. Plegado a un entorno opresivo, confuso y banal, homogeneizante y vacío de ideas en cuyo seno parece erigirse el “gran imperio americano” que “ya reina de forma absolutista en todo el mundo”. El personaje protagónico parece encarnar, por su parte, aquella fracción de la humanidad que ha quedado progresivamente en extinción, conciente del rumbo de la historia y en su abierta oposición, más ya no con la vitalidad para combatir por ello. Aquello que ha quedado de este feroz socialista ateo es solo aprehensible en sus palabras, repletas de citas, fechas y constantes alusiones a los grandes personajes de la historia que han llevado consigo los grandes valores de “la cultura occidental” a la que enarbola.
Les invasions barberes aborda, sin duda, un conflicto en extremo reiterado en la historia de la cinematografía como lo es un sujeto que, enfermo, aguarda a la muerte, mas aquí el tratamiento dista del cliché. Las atractivas interpretaciones del talentoso elenco, la refinada retórica y un bello lirismo complementado por medidas intervenciones del humor dirigen el desarrollo de la historia que pretende principalmente, desplazar la atención del espectador hacia las figuras y sus relaciones en una narración que aborda el asunto comprendiendo su gravedad mas evitando la rígida seriedad y el dramatismo obsceno que en una situación tal podría surgir. Propone a la vez que una profunda crítica dirigida hacia la sociedad contemporánea y su desarrollo general, un particular juicio sobre el sistema de salud canadiense al que debe recurrir en un comienzo, antes del arribo de su hijo y con él, la redirección a una sala individual, especialmente adecuada y provista de los mejores médicos de la institución.
El film ha obtenido alrededor de cincuenta y seis nominaciones para galardones otorgados en diversos festivales prestigiosos del mundo logrando adquirir casi cuarenta de ellos conjuntamente con una inmediata aceptación por parte del público.



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