Sí hay algo que demuestra Leones por Corderos es que hacer cine con tinte político es algo relativamente fácil, pero que hacer buen cine con esas características es ya otra historia. La película está dirigida por Robert Redford, escrita por Matthew Michael Carnahan, producida y protagonizada por Tom Cruise, junto a Meryl Streep, Michael Peña, Peter Berg, Kevin Dunn y otra parranda de desconocidos y además malos actores.
La historia cuenta, o trata de contar, las múltiples implicaciones que la política guerrerista-imperialista del gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo. Centrándonse en la guerra en Afghanistan, se muestra los distintos lados que una incursión de este tipo contrae para todo un país. Redford además de dirigir hace el papel del profesor Stephen Malley, quien debe convencer a sus estudiantes de que la guerra es mala y la participación en política en buena. Meryl Streep es una reportera que debe entrevistar a un joven líder del Partido Republicano, interpretado por Tom Cruise, quien tiene en su agenda una nueva, más avanzada y moderna estrategia militar para llevar a cabo.
De las cosas que más me impresionaron de los spots publicitarios de esta película fue el hecho de que Redord haya decidido volver a dirigir gracias al guión escrito por Carnahan (quien fuera el encargado ese mismo año de escribir El Reino, dirigida por Peter Berg, quien también actúa en esta película). Sin embargo, debo decir que cuando vi la película no me impresionó para nada el libreto, sino que además me dejó de atraer Redford como director.
Una de las más importantes máximas del cine habla sobre como en el séptimo arte las cosas deben mostrarse más no contarse. En esta película, sigo sin entender la manera tan fatal en que la valiosa enseñaza fue absolutamente ignorada. Los 92 minutos que dura la película parecieran convertirse en 9 horas, dado el inmenso aburimiento al que nos vemos abocados en el momento en que decidimos verla.
Y es que esta es una película que se centra la gran mayoría de su tiempo en mostrarnos la conversación que tienen Redford y un joven estudiante, quien no quiere participar más como ente político ciudadano, puesto que se ve absolutamente decepcionado por la corrupción que se haya en las más altas esferas del gobierno, y por el otro lado, gran parte del metraje se va en la conversación que llevan adelante Cruise y Streep en la oficina de éste.
Es verdad que en ambos parloteos muchas cosas interesantes salen a la luz, muchas verdades que se tratan de esconder son presentadas al público ignorante de las mismas, y que además, hay una presentación bien balanceada de las posiciones en pro y en contra, dejando el espacio suficienta para sentar una posición sobre la política actual del gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo, a cada momento que transcurría la película lo único en lo que pensaba era: ¿por qué diantres éste tipo no escribió un libro donde pudiera leer todo esto en vez de un guión que me lo cuente? y ¿qué diablos fue lo que vio en ese libreto Redford?
Igualmente interesante es ver el equipo que acompañó a Redford en esta producción, el que está encabezado por Philippe Rousselot (Entrevista Con el Vampiro) en la fotografía, Mark Isham en la música y Joe Husting (JFK) en la edición. Como resultado de lo anterior se siente de una alta factura técnica en cada plano de la producción, pero los que al estar tan vacíos al interior de ellos mismos, no sirven para nada. Esta película es una perfecta analogía de una cita con una hermosísima pareja que no tiene nada que decir en toda la noche.
Uno de los más grandes errores de toda la producción fue el hecho de que a pesar de contar con tan importantes nombre en el cartel, no tenemos la oportunidad de disfrutar de su profesionalismo y buenas actuaciones, dado la pequeñez de cada uno de los personajes. No había mucho más que pedir o esperar de un Cruise, Streep y Redford correctos para sus personajes; pero que la verdad no inspiran sino indiferencia de nuestra parte.
Igualmente triste es ver que esta es una película considerada de bajo presupuesto dado sus 35 millones de dólares de producción. Lo que pasa es que una vez vista, cabe preguntarse en qué se gastaron todo ese dineral para la clase de película que se terminó haciendo. A diferencia de las verdaderas pequeñas producciones que con poco logran hacer muchísimo, en este film la realidad es que se gastaron mucho más de lo que se necesitaba para lograr la clase de película que salió al final.
El fracaso comercial de la producción es más profundo sí analizamos la clase de estrellas que estaban en el elenco, las que ni siquiera alcanzaran a atraer un público suficiente para sufragar los costos de éste mediocre trabajo. A pesar de todo lo anterior, es de rescatar la realización de proyectos con éstas características, en un momento en donde tan sólo nos queda el arte como disidente de un mundo cada vez más ligado al “pensamiento único“.

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