El, por lo general, aburrido director sueco Lasse Hallström acostumbra a tener proyectos con historias muy interesantes, y las convierte en argumentos desaprovechados y tremendamente efectistas, por poner ejemplos ¿A Quién ama Gilbert Grape?, Las Normas de la Casa de la Sidra, Chocolat o Atando Cabos (y eso que he mencionado las mejores). Lejos queda la estupenda Mi Vida como un Perro, que le lanzó a la fama internacional.
Ahora Hallström da una vuelta de tuerca para contarnos un biopic, ese género tan de moda basado en contar las desavenencias y triunfos de celebridades o personajes en el ojo del huracán. En este caso estamos ante una trama que bebe indudablemente de, principalmente, dos películas. Porque la vida de Clifford Irving, protagonista de esta La Gran Estafa (más adecuado, como siempre, su título original, The Hoax, El Engaño) es narrada con el mismo tono que la de Frank Abagnale de Atrápame si Puedes y Charles van Doren de Quiz Show. Pero Hallström no es Spielberg, ni tan siquiera Robert Redford. Y se nota.
¿Alguna vez han visto una película que, con un guión solvente, una dirección correcta, unas interpretaciones aceptables, una fotografía cuidada y hasta una gran banda sonora, les ha dejado totalmente indiferentes? En el terreno personal, me he encontrado con varios casos. El más claro es el pretencioso Camino a la Perdición, de Sam Mendes, pasando por Jerry Maguire o Érase una Vez en América. A unos le parecen obras maestras, a otros unos tostonazos insoportables. La Gran Estafa es otra de esas películas. Probablemente algo falla, y es complejo determinar el qué.
Clifford Irving (Richard Gere) es un escritor mediocre que se mueve entre la inestabilidad y la resignación a no mejorar su carrera literaria. Cuando Andrea Tate (Hope Davis), su vínculo con la poderosa editorial McGraw-Hill rechaza un manuscrito suyo después de haber puesto toda su alma en él, Irving se plantea algo revolucionario para salir adelante, y lo encuentra en la falsificación, con ayuda de su mujer (Marcia Gay Harden) y su amigo Dick Suskind (Alfred Molina), de una autorización del celebérrimo magnate Howard Hughes (que lleva años sin hablar con la prensa) para publicar su autobiografía. La propia McGraw-Hill pica el anzuelo, e Irving saborea su repentina fama, consciente de que está entrando en una espiral de engaños y mentiras de difícil control. De hecho, supuestas conversaciones de Richard Nixon con Howard Hughes hacen que el gobierno se dé por aludido en la nueva obra de Irving.
“Richard Gere está fantástico [...] una de esas buenas películas de las que hay pocas al año, pero poco más allá.”
En este argumento, que poco tiene de extraordinario, se nota mucho su carga de basado en hechos reales. De hecho, Richard Gere está caracterizado con un teñido de pelo a color negro realmente inverosímil para los que le hemos en otras ocasiones, y la ambientación setentera (cuando ocurrieron los hechos) es demasiado evidente, a la par que no siempre está muy cuidada, y eso va claramente en contra de la cinta. Lo que sí hay que reconocerle a Hallström es su dirección de actores, su capacidad de exprimir las cualidades de éstos. No exagero si digo que Gere está fantástico, con una interpretación que resulta ser una gran sorpresa, comparado con su pasividad y parsimonia habitual. No es ni mucho menos para un Oscar, pero al menos sabe liderar como puede un estupendo reparto. Acompañado por Alfred Molina, que como siempre, está excelente, por la solvente Hope Davis y por Marcia Gay Harden, que cumple sin más. Entre los secundarios destaca, cómo no, Stanley Tucci.
A la historia le pesa que esté basada en el propio libro de Irving, con lo cual se ve la intención de beatificar al personaje, cuando no hay nada que ensalzar en este estafador, al que el espectador nunca comprende y con el que nunca se siente cómodo, gracias también a Gere, pero dice muy poco del guión de William Wheeler y de la puesta en escena del director sueco. Para más inri, el final (no pasa nada si destripo esto) recurre a, como siempre, los típicos rótulos que hizo después Fulanito o Menganito una vez se acaba el metraje. En cuanto a la banda sonora, hay que decir que el siempre eficiente Carter Burwell ha realizado las mejores partituras de su carrera cinematográfica. Sus melodías se hacen notar, y de qué manera, en los momentos clímax de la película.
En resumen, La Gran Estafa es una de esas películas en las que todo el conjunto está bien, no hay defectos resaltables excepto su carácter rutinario dentro del panorama del séptimo arte, y todos los espectadores enseguida la identificarán como una de esas buenas películas de las que hay pocas al año, y más últimamente. Pero poco más allá. Al menos, supone una mejoría en la trayectoria del sobrevaloradísimo Hallström, y sólo ese hecho es muy de agradecer.


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Sin Comentarios en “La Gran Estafa: aburrida pero notable”
Pélícula lenta, de difícil asimilación. No se explican bien ciertos sucesos y todo se basa en una estafa, que no queda bien explicada en sus orígenes.
Ambientación correcta, actores eficientes, pero no engancha. Llega un momento en el que te da lo mismo lo que pueda ocurrir con la trama y con lo que le pueda pasar a los protagonistas. El final, atropellado.
En lo personal me parecio muy buena
me gusto mucho
ademas q vi la 1 y la 2
y fueron buenas
a mi juicio es la mejor
sobre todo los minos q aparecen hai son demaciado
rikos
sobre todo brad pitt q sale mas lindo q nunca
y otro actor mas pero q no se como se llaman
pero son lindos
para la otra me gustaria ver una pelicula de
brad pitt con tom cruise y mark wahlberg q son los mas minos
de todos
ya po eso y los de mas q dicen q es mala la pelicula son unos envidiosos
eso gracias hasta la proxima
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