Yo fui a ver esta película sin saber mucho más que su nombre (yo la vi con el título: “La Línea Principal”) y sabiendo que era una película iraní más o menos contemporánea (data del año 2006).
Tuve un pensamiento que me resultó gracioso antes de enfrentarme al film: “La Línea Principal… mjmm… Se podría hacer una película con ese nombre que empiece con un personaje tomando cocaína”. Debo aclarar que en mi ignorancia cocaína y heroína parecerían ser más o menos lo mismo; si alguien quiere explicar mejor las diferencias entre ambas… pues ¡mejor!.
Si bien, como se podrán imaginar no me encontré con eso (al menos no en un primer plano con esa explicites) pero la película trata justamente ese tema.

Trata sobre la relación de una madre y una hija heroinómana. Le he encontrado principalmente dos vertientes de análisis.
Por un lado tenemos el tema de la heroína, la drogadicción, la juventud yonqui (como uno de los vendedores de la mercancía; del cual por otro lado, nunca vemos su rostro llegando a ver como máximo su brazo; le dirá a la joven protagonista).
Y es que la película parte desde la situación de una joven chica que se está por casar. La película empieza con un plano de unas cortinas que se abren. Descubrimos que ese espacio es en el que se encuentra un chico que a continuación (y mientras aparece un clásico vals en nuestros oídos) y, mientras se van sucediendo los créditos principales, baila con algo/alguien. No sabemos bien, en un primer momento.
En la pared de la habitación hay fotos (posteriormente se mencionará como de pasada que es fotógrafo) y resultará que nos encontramos en otro lugar donde dos personas parecen jugar; lugar donde está en la televisión la imagen de ese chico que le habla a la cámara (y que está en Canadá). ¿Quiénes son las personas que juegan? Sima es la madre, representada en una muy buena actuación por Bita Farahi; y Sara es la hija, encarnada por Baran Kosari.
Sobre la actuación de esta última no me atrevería a decir que es muy buena. Expondré mis consideraciones a continuación. Por un lado encarna un personaje duro y difícil que tiene que sobrellevar muchos matices y momentos diferentes y díficiles. Por otro lado (y esto me ha pasado desde “el nuevo cine iraní” cuando Kiarostami y otros entraron a ser vistos a nivel mundial) la sensación y duda de ¿No será que los iraníes tienen un “sentido común” algo diferente al nuestro?
Esta última pregunta, talvez, nunca me la pueda terminar de responder. Sin embargo debo reconocer que el cine iraní (y esto está más conectado con esa “otra parte de este análisis”) en varios sentidos parece estarse acercándose (tremendamente y a pasos agigantados) al occidental como tal. Esto es plausible de marear al espectador que tenga como referencia de “Cine Iraní” a Kiarostami, Bahman Ghobadi, Jaffar Panahi o Makhmalbaf.
El hecho es que no sé si a esta chica le han puesto demasiado maquillaje en los momentos en que parece ser necesario mostrarla en un estado peor al que en otros momentos tiene. Esto también sería llamativo y dudoso si tomamos en cuenta que la narración no parece transcurrir más que en dos o tres días.
Lo que quiero decir es que, si bien la chica actúa, funciona y es muy creíble encarnando su papel en momentos y secuencias determinadas; en otros al menos lo he dudado.
Es bastante relevante esto si nos encontramos hablando de una película donde indefectiblemente los personajes principales (con las que estaremos prácticamente todo el metraje, a pesar de que existan otros) son una madre y una hija; las cuales, incluso en momentos, nos cansamos de ver (lo cual creo que es positivo en relación a la película, el tema y el uso de lenguaje cinematográfico que lleva adelante).
Parece haber un problema con la historia de la heroína (y de la drogadicción con drogas “duras” en sí) puesto que esto es algo que (indefectiblemente, al parecer) ya hemos visto. Es un tema bastante trillado. Que, si quitamos “la otra parte”, ha sido tratado de formas bastantes mejores en otras películas. Las que se me vienen a la cabeza (por su altura y calidad) son “Trainspotting” y “Réquiem For A Dream“.
Podría enunciar a la ya añeja “El Pico” (aunque seguramente estaría fuera de lugar al lado de las otras dos; pero bueno, entiéndanme: la he visto y comentado hace muy poco tiempo).
También me he encontrado pensando en la bastante deprimente (como película, más allá de la trama) a mi entender “A los trece“; con la cual parece tener algunos elementos en común bastante particulares. Me explico: Parece ser que la co-directora y co-escritora Rakhshan Bani-Etemad se ha basado para llevar esta obra adelante en experiencias autobiográficas.
Y no señores; no es que ella sea o haya sido una gran drogadicta. Parece ser que tuvo que vivir una situación con elementos en común a los que vemos en la película con su propia hija adolescente. En “A los trece” se daba exactamente el mismo caso.

No lo había dicho, pero, la película es dirigida y co-escrita por la ya mencionada Bani-Etemad y por Mohsen Abdolvahab. Ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cine realizado a las afueras de París: el de Mujeres de Créteil.
Ahora quiero referirme a el otro punto que considero importante mencionar. Yo, al ir a ver una película iraní me esperaba ver una película más bien alegórica, tratando la realidad propia pero de una forma poco explícita y bastante poética; posiblemente con un ritmo algo “lento”…
Pues desde un comienzo me vi encontrándome con algo bien distinto. Primero la película parece ser a blanco y negro (aunque posteriormente descubriremos que no es así del todo) aumentándose en varios momentos los rojos (y, en esos momentos pareciese que apenas podemos llegar a percibir cierta “coloridad”) y está esto mismo resaltado en el plano final del film (donde en vez de rojo hay algo de amarillo).
Quien la vaya a ver, debe esperar al menos a que ese plano (que, no les contaré de “qué va” en términos de trama, pero vemos un zoom out) termine de abrirse. Allí se nos estará diciendo algo de forma más o menos concreta (y parece haber una referencia explícita a un elemento usado por Kiarostami; universal a su vez).
En fin; que el tratamiento del color ayuda para generar una atmósfera bastante opresiva, que a pesar de la situación inicial (donde son madre e hija que juegan) y del saber que Sara se va a casar con el chico guapo que vemos al principio se irá yendo a pique más o menos rápido.

Parece tener elementos del Dogma 95 (la cámara en mano, abundante en movimiento en momentos por otro lado); el cómo se sigue a personajes de forma que se “denuncia” la propia presencia de la cámara y, en donde podríamos llegar a pensar “eso no había sido pensado así” (y, me arriesgaré a afirmar: si; ha sido pensado y re-pensado así).
Por otro lado tenemos mujeres que a cara descubierta van, manejan y se mueven de un lado a otro. O sea, el rol y el lugar de la mujer no está tratado como hasta ahora (al menos, en donde más ha sido tratado dentro del cine iraní) pudiendo parecer (excepto por las ropas y por el idioma) una historia de mujeres occidentales.
A su vez: Es una road movie (particular, pero lo es) y el tratamiento que está dado a la ciudad (como una urbe, extremadamente ruidosa) parecen hablarnos de una igualdad característica a cualquier centro urbano mayor occidental (y que, al menos a mi, me ha costado identificar con el Irán que mentalmente me había armado).
Por otro lado la presencia del auto (desde donde quedan “aisladas” parcialmente de ese exterior ruidoso y peligroso) me ha hecho pensar en “Ten” de Kiarostami. Y, es más; me pregunto hasta que punto ésta está dialogando con esa misma película o no.

En fin. Este es un film muy interesante para acercarse a “una” de las realidades del Irán contemporáneo. Con una buena historia, contada con recursos realmente llamativos y bien usados en momentos puede parecer algo maniquea y un poquitito sobreactuada; pero estamos hablando de una buena película que sería ideal tanto para un ciclo de “Drogas en el cine”, “Panorama de Películas Iraníes”, o “Películas desde una perspectiva Femenina”.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Khoon bazi”
Aun no se han realizado comentarios.