Por alguna razón, no pude dejarme atrapar por esta película. Se que es buena, me doy cuenta. Pero algo le falta para cautivarme totalmente. Se que las actuaciones están perfectas. Que la fotografía acompaña muy bien. Pero no me alcanza. Una de las posibles razones que despierta esta reacción, es que hace tan solo dos días, he visto la última película de esta directora (Things we lost in the fire) y encontré entre ambas, varios puntos de contacto. Una mujer viuda, obviamente un marido muerto (o así parece), otro hombre que no termina definitivamente de ocupar el lugar del difunto y cosas similares. Si bien Hermanos es anterior a la película que acabo de mencionar, me quedó la sensación de que había visto una buena película que por alguna extraña razón no termina de serlo. Las similitudes me hicieron compararlas y como todos sabemos, las comparaciones nunca son buenas.
Hay algo en el guión que no termina de cerrar. Comienza muy bien. Presentando a uno de los personajes principales, Michael (Ulrich Thomsen), haciendo su trabajo. Es un militar de alto rango que partirá esa misma noche en misión rumbo a Afganistán. A continuación conocemos a su hermano Jannik (Nikolaj Lie Kaas) que sale de la cárcel después de cumplir su condena por haber cometido un crimen en un banco. Conocemos a la familia. Los abuelos. Las hijas. La esposa de Michael, Sarah (la hermosísima Connie Nielsen) y hasta aquí, todo marcha bien. Después de esto, el guión se desmorona de a poco. Los padres de Michael y Jannick caen en el lugar común. El padre ama a su hijo ejemplo y detesta al delincuente que nunca perseveró en nada. Mamá está tan feliz de tener a sus dos hijos juntos que no le importa nada más. Y así seguimos.
Michael y Sarah se despiden esa noche como si saliera a comprar cigarros. No hay un nexo real entre ellos, por más que los veamos en la intimidad y felices, no terminan de convencer. Lo que como espectadores nos da a pensar que lo realmente intenso sucederá con Jannik, el hermano del que habla el título de esta cinta.
Las actuaciones son realmente muy buenas, pero no llegué
a identificarme con los personajes. Su dolor no me producía absolutamente nada. La conexión entre ellos me pareció artificial. Y nada tiene que ver con al interpretación o la dirección. Es problema del guión. Toma varias líneas argumentales y ninguna termina por conformar demasiado. Escenas que intentan ser tiernas y que terminan por aburrir. Cuando terminé de verla, no sabía si fue una película bélica, un drama o una historia de amor mal desarrollada. Hay momentos buenos, si. Pero son los menos.
Las niñas que interpretan los papeles de las hijas de esta pareja, realmente se lucen en sus papeles y sus personajes no son típicas niñitas que hacen las veces de personajes de relleno. Son coherentes con la edad que tienen y reaccionan a consecuencia. En cambio los personajes de los abuelos, por bien actuados que estén sus papeles, los personajes están de sobra. No están desarrollados, solo aparecen como excusas para remarcar algún aspecto que termina por quedar colocado a dedo.
Lo que puedo rescatar son las locaciones que me parecen muy bien escogidas. Los lugares son lindos y algunos hasta comunes, pero bien logrados. El montaje está muy bien y la música es buena, agradable, pero un poco despareja.
Esta cinta fue rodada en Copenhague y en Almería, España. La fotografía estuvo a cargo de Morten Søborg (quien cumpliese el mismo rol en el documental sobre David Lynch llamado, precisamente, LYNCH) El montaje, como siempre, a cargo de Pernille Bech Christensen.
Los actores merecen un párrafo a parte ya que hacen su trabajo a la perfección. Por un lado lo tenemos a Ulrich Thomsen que ha sido multipremiado por su trabajo en la que fue una película emblemática dentro del movimiento Dogma 95 y del cine danés llamada “La Celebración”. Ha participado en películas norteamericanas como la de James Bond, “El mundo nunca es suficiente” y en el cortometraje ganador del Oscar “Election Night” (1998), de Anders Thomas Jensen, guionista de esta película.
Connie Nielsen se lleva todas las flores, no solo por su belleza si no por sus interpretaciones en “Pactar con el Diablo” con Al Pacino y Keanu Reeves. Y gladiador de Ridley Scott.
Nikolaj Lie Kaas tiene una extensa carrera tanto en cine como en teatro en su país natal, habiendo debutado a los 17 años. En 2002 Repite la experiencia con Susanne Bier en la película “Te quiero para siempre” que tuvo una gran aceptación por parte del público.
Susanne Bier es la directora de este film. Hizo importantes aportes al Dogma 95 de Lars Von Trier y Thomas Vinterberg con dos de sus realizaciones, A corazón Abierto y Después de la boda. Hermanos tiene marcada la impronta de este movimiento pero no lo respeta a rajatabla. Podemos notar los recursos narrativos que arrastra desde entonces como lo son la cámara en mano, la luz natural y los espacios reales. Podríamos decir que recursos ya forman parte de su propio estilo. Al igual que los planos detalle de las caras de sus personajes. Que según sus declaraciones, son casi una obsesión. Este film ha ganado El Premio de la Crítica del Hamburg Film Festival, El Premio del Publico del Sundance Festival, Y dos Conchas de Plata para Ulrich Thomsen y Connie Nielsen en el 2004.
Hermanos, no es un película menor, tampoco es una obra maestra. Hay una intención aunque no esté muy bien definida. Vale la pena verla, por las actuaciones, la dirección y el contenido. Algunos pueden aburrirse en la primera mitad del film que se pone cuenta arriba. Para destacar: Una escena de Thomsen en el desierto, un hermoso beso al atardecer que hay por ahí y las niñas que realmente hacen su trabajo muy profesionalmente. Una película que esta en el medio de muchas cosas, pero que intenta llegar a algún lado. Es un paso más en la carrera de esta directora que da ganas de ver, aunque en esta ocasión, el guión no la haya acompañado.

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