Tengo en mi estantería la novela Expiación, de Ian McEwan, a punto de ser leída en cuanto tenga más tiempo. Mientras tanto, he tenido la oportunidad de ver una de las mejores películas del año y quizás de la década. Y es precisamente la adaptación de este libro, una nueva película del tándem Joe Wright (director)-Keira Knightley (protagonista)-Dario Marianelli (compositor). Ya coincidieron en la aceptable Orgullo y Prejuicio, una adaptación de la famosa novela de Jane Austen, que aunque resultaba inferior que la miniserie protagonizada por Colin Firth y Jennifer Ehle, destacó por su preciosista fotografía y por saber sacar talento actoral de Keira Knightley de donde parecía que no lo había.
Joe Wright viene ahora con más madurez, y con un despliegue técnico impresionante. Ya desde los primeros treinta segundos, con el impecable montaje y la banda sonora del magistral Dario Marianelli, un servidor tenía la carne de gallina y el convencimiento de que estaba ante una gran película. La máquina de escribir ha sido usada para la música (primera vez que lo oigo desde que lo hiciera Leroy Anderson), expresando que todo lo que ocurre es novelable bajo el punto de vista del personaje que ofrece su perspectiva sobre lo que se relata en Expiación, la precoz escritora Briony Tallis. Y es que Briony, en tanto que en su casa se recibe a su tío, a sus primos y a un amigo, ella observa con despiadados celos, cómo Cecilia (Knightley), su hermana mayor, responde a las provocaciones de Robbie (James McAvoy), el jardinero.
Hasta aquí la sinopsis que puede ofrecer cualquier sitio, y no quiero extenderme en muchos detalles, porque Expiación es una película por la que el espectador no debe sino dejarse maravillar por la puesta en escena. El brillantísimo guión de Christopher Hampton consigue, sin juzgar a los personajes, mostrar cómo las palabras no son necesarias para que el espectador se dé cuenta de todo lo que ocurre. Basta evocar imágenes en la mente de los protagonistas, contar la misma escena bajo dos puntos de vista, o usar los silencios adecuadamente. Nada de voces en off ni de diálogos redundantes. Christopher Hampton (que también escribió la muy notable Las Amistades Peligrosas) ha conseguido, sino igualar la exquisitez que dicen que posee la novela de Ian McEwan, superarla.
Los primeros 50 minutos son insuperables, por esa mezcla de impacto visual y la historia, de manera que con Expiación, sus responsables logran una de las mayores virtudes potenciales del cine: crear expectación. Muy atmosférica, la primera mitad es colorida y esplendorosa. Cuando Robbie tiene que marchar a la II Guerra Mundial, ese ambiente veraniego y luminoso, se transforma en una pesadilla oscura y permanentemente nocturna, con claroscuros y fealdad. Esta segunda parte es, sin embargo, menos lograda que la anterior, con evidentes altibajos, pero con un gran momento: la elegía de Dunkirk. No se preocupen, es fácilmente reconocible. Y el tercer y último acto desvela que todo es un flashback de la propia Briony, ya en su ancianeidad, como escritora consolidada, hablando sobre cómo todo lo ocurrido en su vida real, ha constituido su novela número 21: precisamente, Expiación. Un final redondo que supone el cierre de una historia trágica y de gran crudeza. El espectador se siente, con los créditos finales, especialmente compungido y estremecido al conocer el paradero de todos y cada uno de los personajes. El desarrollo argumental, apasionado, cayendo muy pocas veces en el llamado pasteleo, algo muy difícil de lograr en una narración de estas características.
Ni que decir tiene que las actuaciones de Keira Knightley y James McAvoy son excelentes. Mientras que Knightley tira más de su solvencia para situaciones emocionales (con cierto parecido a su otro personaje, Elizabeth Bennett), McAvoy, a quien sólo había visto (y bien) en El Último Rey de Escocia, aquí se luce enormemente, mostrando una expresividad fuera de lo común. Una sola mirada de McAvoy transmite más al espectador que varias muecas de varios actores de la actualidad juntos. Y Briony Tallis es interpretada por tres actrices diferentes (y esto no representa, gracias a Dios, una metedura de pata, como suele suceder): Saoirse Ronan, a los 13 años; Romola Garai, a los 18; la veterana Vanessa Redgrave. Si bien las tres cumplen con creces, la actuación de Ronan es demoledora, con una creación de un personaje inestable, que incumple de forma visceral el octavo mandamiento de la religión católica: “No darás falso testimonio”.
Se me antoja necesario repetir la grandiosidad de las partituras salidas de la mente de Dario Marianelli. Hacía tiempo que no escuchaba una banda sonora tan limpia, tan adecuada a las escenas a las que acompaña, sin parecer omnipresente (se nota y se agradece), y pese a su sencillez, tan extraordinaria.
Expiación es una película que el espectador debe ver con atención, no porque la trama sea compleja, sino para disfrutar más de cómo este medio puede hacer que un brillante relato como el de McEwan puede llegar a todas partes sin empobrecer la novela original. En el día que escribo este artículo, el film ha recibido 7 nominaciones a los Globos de Oro. Los merece, señores, los merece. Y lo mejor de todo es que Joe Wright aún tiene 32 años y podría decirse que aún está empezando. Por lo que a mí respecta, con Orgullo y Prejuicio y esta Expiación, ya se convierte en uno de mis directores a tener en cuenta particulares.


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Sin Comentarios en “Expiación: la pasión hecha cine”
Para no repetir lo ya leído en el articulo de esta página, suscribo todo lo dicho pero con numerosos “peros” No he leído la obra literaria que tengo intención de comparar, pero estoy seguro que pese a las genialidades que contiene esta película en muchos aspectos, fotografía, banda sonora, ambientación, descripción con imágenes de la psicología de los personajes e incluso del ambiente de una época concreta, y a pesar de que pueda recibir nominaciones o premios, no es una película perfecta. Lo podía haber sido en manos de otro director como David Lean, por ejemplo, pero Joe Wright, no lo ha conseguido, ha rozado la perfección en muchos momentos, pero no ha llegado o se ha pasado en otros y globalmente considerada es, lastimosamente, una gran obra no lograda. Se puede ver perfectamente pero no deja satisfecho al cien por cien.
Sr. Mariano, está hablando en serio..? Señores es un aexcelente pelicula.