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El Último Boy Scout

Por Andrés Arellano, en 4 de Septiembre de 2008

A principio de los noventa el cine de acción estaba en unos de sus momentos de mayor apogeo. Iniciando un ciclo desde mediados de los años 80 con películas como Arma Letal, Jungla de Cristal y El Exterminador; para la siguiente década las secuelas de estas y otras habían dado mucho éxito en la taquilla, revitalizando aún más el poderío de Hollywood.

En medio de esto, exactamente en 1.991, nació de los escritos de Shane Balck y bajo la dirección de Tony Scott, El Último Boy Scout. Película protagonizada por Bruce Willis y Damon Wayans, junto a Noble Willingham, Taylor Negron y Halle Berry, que narra la historia de un detective privado y un ex futbolista americano, que se ven envueltos en el corrupto mundo de las mafías, las apuestas, los políticos y los turbios negocios que se desarrollan detrás de las canchas del deporte favorito de los Estados Unidos.

Introduciendo el film con unos acordes menores de la composición de Michael Kamen, quien detestó la película una vez lo vio, se establece un aire de misterio y peligro como primer ingrediente. Abruptamente se le da una entrada a una canción pop denominada “Friday Noght’s A Great Time For Football” interpretada por Bill Medley, quien se encuentra acompañada de sensuales porristas, conformando una perfecta antesala a un partido más de la NFL. Una vez finalizada la fiesta, dejamos de ser espectadores pasivos y nos convertimos en testigos directos de la crisis por la que están pasando los dueños de los equipos. Marcone (Willingham) es dueño de los L.A. Staliions y una de las figuras más prominentes del deporte. Sin embargo y a pesar de su posición, se ve disminuido a la hora de responder las inquisitivas preguntas de un periodista que le recalca en ellas que menos gente va a los estadios y menos gente ve los partidos por televisión. Una de las mejores respuestas que tiene Marcone contra los ataques es su estrella Billie Cole, quien acaba de ser presionado por Milo (Negron) para que haga más anotaciones de las que regularmente logra, dado que esas eran las apuestas arregladas. Billie Cole sale al campo y después de asesinar a varios contrincantes, se suicida en medio de la cancha, dejando establecido la fuerte crisis por la que pasa el futbol americano.

Finalizado tan espectacular arranque, se le da paso a la vida de Joe Hallenbeck (Willis), detective privado con más pinta y actitud de borracho fracasado que de cualquier otra cosa. Joe recibe un trabajo para proteger a la bailarina Corey (Barry), quien es novia de Jimmy Dix (Wayans). En su primera noche como guardián de Corey, ella es asesinada en una escena que es un claro homenaje al cine de gánsteres de la década de los treinta. Hallenbeck y Dix se juntan para vengar la muerte de Corey, llevándolos su investigación al interior de un mundo lleno de corrupción política y económica entre los empresarios del fútbol, la mafia y el Congreso de los Estados Unidos. Lo que ambos encuentran en resumidas cuentas es que Corey fue asesinada porque descubrió un plan que buscaba sobornar a los congresistas para legalizar las apuestas en el deporte, y de esa manera recuperar gran parte del rating y espectadores. Al final, como es predecible, entre ambos logran vengar la muerte de su amiga y hacer que la justicia prevalezca.

A pesar de que “El Último Boy Scout” se produjo como y para ser un blockbuster de fin de años, con importantes personalidades del “mainstream” hollywoodense (David Geffen, Joel Silver, Tony Scott, Shane Black y Bruce Willis), me gusta mucho está película, principalmente porque se aleja de la superficialidad cultural con las que se hacen este tipo de producciones. En el fondo, el film lanza una fuerte crítica, por medio de una historia bien elaborada, a un problema que para esa época era menor si lo comparamos con lo que vemos hoy en día: las grandes mafias y mega-organizaciones en lo que se han convertido los equipos de deporte en el mundo. Las consecuencias de esto son varias, pero una de las más graves es la relación que estas instituciones tienen con sus jugadores, a quienes tratan más como un capital de trabajo que como a seres humanos, llevando a los trágicos finales conocidos por todos. Un Jimmy Dix que cayó en el mundo de las drogas no es más que una representación de los Rivaldos, Ronaldos, Maradonas y Ronaldinhos que hoy en día vemos inmersos en el alcohol y las drogas, después de haber logrado las máximas glorias deportivas.

También me gusta mucho esta película, y aunque suene extraño leerlo, incluso para mí suena bizarro escribirlo, es por la actuación de Bruce Willis. DIgámoslo de una vez: Willis es un pésimo actor. Sin embargo, el personaje de Joe Hallenbeck, no es más que una copia de aquél John McClane que lo hizo mundialmente famoso, y que le calza perfectamente. Y me gusta principalmente es porque el guión de Black (quien fue el primer escritor en recibir un millón de dólares, precisamente por este trabajo) tiene muchos elementos que se rescatan del cine negro. Joe Hallenbeck no es más que una versión moderna de los detectives Sam Spade y Philip Marlowe, que triunfaron a mediados del siglo pasado. Son seres fracasados de esos que parecen invitar a la mala suerte, a pesar de que son muy talentosos en lo que hacen; que no sienten ningún respeto por la vida, siendo seres muy temerarios y buenos en sus trabajos, en donde se tienen que mover en medio de un mundo oscuro, cruel, violento y duro.

Un cambio muy logrado en el personaje principal es que a pesar de que mantiene unos diálogos muy inteligentes, como sus antecesores, deja de emplear el lenguaje elíptico para darle paso al humor fino y elegantemente trabajado. En la creación del personaje de Joe, es de recalcar el acierto de incorruptible que él tiene, no permitiendo que el mundo que lo rodea haga mella en él, conservando de manera intacta su escala de valores morales conservadores: no a las drogas, no comete actos ilegales, no se divorcia de su mujer a pesar de que la descubrió siendo infiel, mucha disciplina en su hogar a pesar de el alejamiento que de su hija esto le trae; logrando con esto mezclar el drama personal del personaje con la trama principal de la película.

El otro elemento a recalcar es la cuidadosa dirección de Scott, quien tiñe cada fotograma con los colores y tonos correctos, combinándolos con una perfecta textura de humos y nieblas y un excelente manejo del dutch angle, que dan un ambiente muy adecuado para el desarrollo de la historia. Y es que vale decir que en gran parte está película funciona por el director, puesto que a pesar de trabajar en un género en el que las explosiones y balaceras son la mejor herramienta para llevar al público a las salas, tanto él como Black decidieron desarrollar además de lo clásico , una historia y unos personajes más profundos de lo normal para este tipo de películas, siendo seguramente esa la razón por la que no fue un éxito en la taquilla.

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1 Comentario en “El Último Boy Scout”

1

[...] obstante, me parece que Willis es un excelente actor en algún tipo de películas, más no es un buen actor. Creo que como héroe de acción es de lo mejor que hay en el mundo del [...]

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