Julio Chávez es, al menos desde mi punto de vista, el mejor actor contemporáneo que tiene Argentina y al decir esto, espero que no se me enojen aquellos fanáticos de Ricardo Darín a quien también considero un excelente actor. Pero yo no tengo dudas, Chávez está dos escalones por arriba del resto… Es que simplemente sus interpretaciones me resultan tan creíbles, tan reales, que no puedo evitar compenetrarme con cada historia en la que se encuentra involucrado este brillante artista.
Antes de seguir, quiero advertirles que este particular largometraje no es para todos, ya que a pesar de haber ganado varios premios, a muchos seguramente les resultará un tanto aburrida y lenta debido a su relato extremadamente simple, el cual solo adquiere cierta complejidad en la psicología y en el desarrollo de sus también simples personajes. ¿Cuál es la trama? (espoilers), aquí el joven director y guionista Rodrigo Moreno nos cuenta en esta, su opera prima –antes había compartido experiencias con Mariano De Rosa y Ulises Rosell en Mala Época (1998) y El Descanso (2002) respectivamente-, la triste y solitaria historia de un custodio que cuida las espaldas de un burocrático ministro argentino que no corre nunca peligro alguno, pero que el absurdo protocolo institucional (dentro de este contexto entiéndase) obliga a proteger.
En el papel de Rubén, Chávez despliega su enorme y creativo potencial en una interpretación en la cual lo gestual es su recurso principal, dando vida -si se puede llamar vida a esa monótona y rutinaria acumulación de días que cotidianamente sufre el personaje- a un guardaespaldas hosco, solitario y de muy pocas palabras. La actuación es simplemente brillante, no hay dudas de que el guión ha sido escrito exclusivamente para él, otro gran acierto de Moreno de por cierto… Al igual que en El Naufrago (Cast Away -2000-), Soy Leyenda (I Am Legend -2007-), o la espectacular película alemana conocida en Argentina como La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen -2006-), El Custodio -2006- es otro gran monólogo sobre la soledad (II), solo que en este caso en particular, la gran actuación de Julio Chávez, el magnífico guión y la gran dirección de Rodrigo Moreno, logran hacer que el espectador sienta en carne propia el sometimiento, la tristeza, la monotonía de la soledad y la tensión generada por las frustraciones de Rubén, quien muestra el relato desde sus obedientes ojos, como lo haría un observador pasivo y circunstancial.
Por más que el director se esfuerce en asegurar en algunas notas brindadas que la película no quiere emitir ningún juicio de valor sobre la situación socio-política argentina, hay cierto mensaje con un sesgo, tal vez inconciente, que remite a la marcada diferencia de clases en el país. Queda claro desde el principio que el inexpresivo Rubén pertenece a la clase obrera, trabajadora, a la “servidumbre” que está al servicio -valga la redundancia- de aquella clase de mayores ingresos, en este caso representada por un ministro políglota de excelente posición económica, con varias propiedades en su haber. Sin embargo, la vida de Artemio (el Ministro de Planificación) y su familia, vista desde los ojos del custodio, parece totalmente superficial en comparación a la propia. Si bien es poco lo que se muestra en cuanto a lo personal, se observa que Rubén vive solo en un departamento más bien austero y que sus únicos vínculos familiares son su hermana (mentalmente no muy estable) y su sobrina a quienes prácticamente tiene a su cuidado…
El resto, es solo soledad y frustración, es como si sintiera vergüenza de ser quien es, por estar en donde está, pues él tenía potencial y creatividad, pero termina sometiéndose a la humillación por parte de una familia que lo reduce a la categoría casi de un objeto inanimado, un objeto que solo está allí… que no molesta y que pueden usar a destajo cuando les dé la gana. Esto lo podemos ver claramente en la escena de la reunión en la casa de campo con los diplomáticos franceses, o como cuando busca a la hija de ministro en la puerta del colegio privado. Se percibe que su vida es patética, ese encuentro con la prostituta lo deja claro, y la única forma que tiene Rubén de soportar esto es bajo la máscara de la disciplina, esa que le permite todos los días levantarse y comenzar con su interminable rutina, esa que le permite vivir la vida de otro dejando totalmente de lado la suya, pero como dice el dicho, “la procesión va por dentro”, por lo que el relato va sumando tensión hasta su terrible desenlace final, en la que la persona estalla, pues todo tiene un límite.

Como dice el propio actor en una entrevista para la revista Leer Cine (Noviembre de 2005): “La película no es política, agarra a un custodio, no a todos los custodios. Es una sola persona. Como el portero de un edificio, que si le manchás el bronce recién lustrado te metés en un problema. Un ser con un orden propio y una cierta estructura psicótica. El valor de la institución es lo que lo sostiene. A alguien hay que hacerle caso, el tema es cuando ese referente ya no es lo que era. Es una persona además, sin familia”.
La cara y los gestos del magnífico Chávez es el principal recurso que lleva adelante este largometraje, el uso de una fotografía sucia y gris acompañan y hacen al estado de animo del personaje, mientras que el juego de la cámara con los focos y contrafocos y con las simetrías crean contexto para dar esa sensación de rutina y de invisibilidad del personaje. Se nota que Moreno es bueno en lo que hace, ojala nos siga regalando joyas como esta.

Hace ya un buen tiempo que venía amagando con escribir este artículo sobre esta particular película, y finalmente me decidí a hacerlo luego de engancharme de nuevo y por televisión con ese espectacular filme de Caetano que retrata un poco de la vida marginal en mi país, estoy hablando de Un Oso Rojo -2002- de la cual hablaremos más adelante. Luego de verla, me dije tengo que escribir sobre Chávez, y no será la única vez que lo haga eso les puedo asegurar… Al filme del que hablamos le doy un 8 de 10, a mi me gusto mucho y espero que a ustedes también, pero como les dije antes, no es una película fácil de digerir.
Enlaces Adicionales
Crítica de Página 12
Crítica de La Nación
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