Directores, Drama, Musicales

Dancer in the dark

Por Laura M., en 27 de Julio de 2008

El realizador danés Lars von Trier contaba hacia el año 2000 con una extensa filmografía como director en la que se destacaba su colaboración en el origen del llamado Dogma 95, una modalidad de producción cinematográfica ideada en éste año que posee, entre las múltiples normas que lo rigen, la condición fundamental de emplear la cámara en mano y realizar las tomas en locación, con el objeto de evadir pretensiones esteticistas pues, como lo reza el “voto de castidad”, su manifiesto, “el instante y el ahora son más importantes que todo el producto”. Haciendo uso de esta metodología de trabajo había creado su último film hasta entonces, Idioterne (Los Idiotas), en que un grupo de personajes acuerdan actuar como si padeciesen un retraso mental buscando con ello la provocación expresa a la asfixiante sociedad en una intención, a la vez, introspectiva y liberadora. Fue éste el segundo film de la denominada “Trilogía del corazón”, iniciada con Breaking the waves (1996) y finalizada con Dancer in the dark ya en el 2000. Ésta obra, que, por cierto, no encarna por completo el espíritu de la modalidad que el director había creado junto a Thomas Vinterberg, fue multipremiada y alabada con fervor por parte de la crítica pues propone una mixtura que conjuga el profundo drama de la protagonista acuciada por una terrible y progresiva ceguera y la extrema responsabilidad que su pequeño hijo le representa con un bello y fantástico lirismo que logra articularse magníficamente.

El film, desarrollado en Washington durante la década de 1960, presenta a la joven Selma, interpretada por la talentosa artista islandesa Björk, como el personaje protagonista. Su humilde labor de obrera en una pequeña industria local le permite mantener un hogar y alimentar a su niño, Gene (Vladica Kostic), con quien se trasladase de la antaño Checoslovaquia a los Estados Unidos. Día tras día se interna en la ensordecedora sala de producción para manipulear, mecánicamente, las grandes maquinarias en una rutina inacabable y progresivamente comprometida por una temible ceguera que, de no ocultarla, podría valerle el trabajo y con ello el sustento. Es así que la mantiene en secreto, incluso ante su amiga y compañera laboral Kathy (Catherine Deneuve). Sin embargo, su verdadero gran pesar es saber que, eventualmente, su pequeño hijo sufrirá el mismo destino pues la afección es hereditaria, es ésta la razón por la que Selma guardará con gran esfuerzo parte de su sueldo para poder pagar la cirugía que lo evite. Será este el gran motor de sus acciones, aquel que le mantendrá en pie frente a semejante adversidad, mas también lo será la música, a la que con ahínco se dedica en sus tiempos libres pues acude regularmente a los ensayos de la obra The sound of music (La novicia rebelde). Allí depone momentáneamente sus aflicciones para entregarse por completo al bello ritmo de sus canciones, aquellas que disfruta bailando y cantando pues no hay en ellas sufrimiento sino la maravillosa ficción que le permite alejarse de si y adentrarse en un mundo de imperecedera felicidad. Incluso en su vida diaria, Selma imagina sus apáticas jornadas trasformadas en grandiosos musicales donde, rodeada de virtuosos bailaries, desempeña el papel principal.

La situación pronto se complejiza aún mas pues por una equivocación en su trabajo es de inmediato despedida y con ello comienza a evidenciarse su grave padecer. Aún peor resulta la conversación que mantiene con quien renta el trailer que habita, su amigo policía Bill (David Morse) pues, a manera de retribución de la confianza, inocentemente revela su discapacidad visual luego de acudir aquel para confesar sus problemas económicos y pedirle efectivo prestado. Sabiendo ya la situación en que ésta se encuentra, finge retirarse de su casa y, agazapado en un rincón, le observa mientras guarda su dinero. Sorpresivamente, poco después se apropiará de él sin dejar rastro alguno. Desde aquí el desarrollo de la narración será cada vez más crudo y comprometido, presentando a una figura principal devastada y en absoluta desesperación pues le ha sido quitado aquello que permitiría a su hijo tener una vida mejor de la que ella tuviese.

Dancer in the dark es un film que en verdad, no tiene desperdicio. Las actuaciones son innegablemente cautivantes como así tambien los números musicales, que son liderados de manera formidable por la poderosa y, a la vez, cálida voz de Björk. La articulación entre éstos y el eje nuclear de la narración, esencialmente trágico, permiten comprender al film en su atractiva profundidad y como una clara materialización del “objetivo supremo” perseguido por ambos realizadores al crear el método al que el film se atribuye: “extraer a la fuerza la verdad de los personajes y escenarios”.

Para quienes se hallen interesados en indagar sobre esta forma de trabajo cinematográfico, recomiendo consulten el sitio cuyo vínculo aquí dispongo, la web oficial del Dogma 95.


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1 Comentario en “Dancer in the dark”

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Buena película, terrible y cruel. Von Trier, a parte de ser un personaje bastante porculero y rarito, tiene la manía de revolvernos las tripas con sus pelis, quizás demasiado, siempre carga mucho las tintas sobre las miserias que sufren sus personajes y esta peli es un ejemplo brutal.

¿Era necesario ser tan heavy en algunos momentos? No lo creo, pero al menos el tipo triunfa incluso ante quienes, como yo, no le tenemos especial estima o devoción.

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