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Traude Krüger enseña el piano desde más de sesenta años en una prisión para mujeres. Un nuevo piano llega a la institución carcelaria, instalado en la biblioteca, algunos presos se afanan en tomar clases. Jenny, una joven mujer encarcelada por asesinato, muestra un talento excepcional. Asocial y violenta, no acepta sin embargo la disciplina necesaria para la lección y ataca a uno de los guardias. El piano queda relegado al gimnasio, pero Traude no se desanima y se obstina en que Jenny aprenda a tocar el piano. Una relación ambigua se desarrolla entre ellas mientras se prepara su examen de entrada al conservatorio. El pasado de la anciana mujer resurge en paralelo al desamparo de la joven.
El cine alemán prueba una vez más su originalidad con esta película, Cuatro minutos. Realizado por Chris Kraus, un cineasta reconocido en Alemania por su calidad como escritor, el largometraje ha conseguido el reconocimiento en festivales de todo el mundo. Después de Goodbye Lenin, Rosenstrasse o La vida de los otros, el cine germánico nos ofrece últimamente lo mejor de sí mismo. Sí, ya se que la película se estrenó el verano del año pasado pero no nos da tiempo a ver todas en su justo momento.
Cuatro minutos es una película dura que habla sobre relaciones entre personas. En este contexto penitenciario, la película cuenta el día a día de Jenny (Hannah Herzsprung) una persona que necesita de la violencia diaria para expresarse. No hay lugar para el diálogo, la comprensión o la amistad, cada uno debe ser su propio guardian. Jenny sólo cuenta consigo misma. Ante tanto nerviosismo y agresividad incontrolable aparece la figura de Traude (Monica Bleibtreu), profesora de piano incluida en las actividades de la cárcel, capaz de cortar con el ambiente de violencia que reina en la prisión. Exigente, disciplinada e inflexible, Traude oculta mucho de ella misma tras su antipatía.
Sobre el esquema clásico del encuentro entre dos seres totalmente opuestos, serán capaces de alimentarse con sus diferencias, estas contradicciones entre personalidades tan diferentes sirve para revelar las heridas más profundas de cada una de las protagonistas. Jenny, violada por su padre, privada de afecto familiar se refugió en la delincuencia, la droga y el asesinato para sobrevivir. La pérdida de su hijo cortará su círculo social y la encierra en un comportamiento nihilista. La herida de Traude es mucho más antigua. A medida que la película se desarrolla, el pasado alejado de la vieja mujer resurge como un eco quejumbroso y doloroso. Enfermera a las órdenes del ejército nazi, Traude se ocupaba de los soldados heridos. En medio del horror y el caos de la guerra, va a conocer el amor pero un amor prohibido e inconfesable: un amor homosexual apasionado.
El asesinato de Hannah, la mujer de la que Traude se había enamorado va a causar un gran trauma en la joven enfermera que, rechazando sus inclinaciones prohibidas y asumiendo una culpabilidad ilimitada y sin sentido, se encerarrá sobre si mismo hasta alcanzar el punto muerto emocional. El rigor y la disciplina del piano será el único refugio en el que ocultarse de sí misma.
Traude y Jenny se conocerán poco a poco. La vieja mujer, prisionera de su negación de la vida y Jenny, prisionera en sentido literal. El aprendizaje del piano va a transformar a las dos mujeres de manera irremediable. La disciplina y el rigor necesarios para aprender a tocar el piano van a permitir a Jenny sublimar sus impulsos violentos. Toda la energía gastada en sus actos conflictivos se transformará en un deseo de realización y control de sí misma.
La película alemana une a dos generaciones heridas, la de la guerra y la de la inadaptación social en un tema universal; el de la libertad. Libertad para ser uno mismo, libertad para estar de acuerdo con las convicciones de uno mismo y sus deseos. Una película muy interesante.

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