La película que nos ocupa se llama “La Reina de la Noche”. Esta es una coproducción mexicana, francesa y estadounidense de 1994. Dirigida por uno de los más importantes directores mexicanos (en actividad y con su buena trayectoria): Arturo Ripstein.
En general, cuando comento una película uno de los ejes que tomo en cuenta, pensando en un público/receptor/leedor y cuestionador (de los comentarios en sí) es el de “a quién recomendarle ver la película o no”. Este caso se presenta particularmente difícil en este sentido.
¿Las razones? Las iré explicando mientras hago este mismo comentario, esperando que alguien lo siga y pueda pensar y cuestionarse junto y distinto a mi.
Voy a tomar en esta ocasión tres “nodos” de análisis. Por un lado: La película en sí. Por otro: Lucha Reyes (la protagonista de la película, quien existió en la realidad). Y por otro: El propio Ripstein y su cine.
Antes de empezar, parece conveniente esbozar lo que sería una sinopsis. Esto nos ayudará a aclarar el panorama y “ver” dónde estamos parados.
La película trata sobre la cantante mexicana de rancheras Lucha Reyes. De cualquier forma, desde un primer momento se nos aclara que la película se basa en la vida sentimental imaginada de esta. O sea que, partiendo de una persona y una situación real iremos hacía una obra que se sabe y se acepta como ficción.
La película tiene, básicamente tres tiempos (y me refiero, concretamente a años): 1939, 1941 y 1945. La acción en estos distintos momentos estará situada en México. Hay una puesta en escena y una “recomposición” de época (que a su vez parece estar en descomposición) al menos, muy interesante y bastante barroca.
Compartiremos el “ascenso”, “auge” y “caída” de la carrera de Lucha Reyes (cantante). La cual, a mí, me ha parecido más bien una caída constante y larga; que va “de mal en peor”.
El rey de la noche: Arturo Ripstein.
Este mexicano nació en 1943 en el seno de una familia judía. Su padre era productor cinematográfico. Eso explica que, desde que este señor tiene memoria (y, antes también) estuviese rodeado de cámaras, luces, puestas en escena, actores, etc. Los elementos propios de los rodajes.
Tal vez esto serviría para explicar algo de la “irrealidad” de sus películas (que se proponen y saben bastante surrealistas); más allá de la influencia de Luis Buñuel. También, se podría pensar ya, en el barroquismo de sus imágenes. En la saturación de elementos y en el hecho de que el cine, la “fantasía” y aquella imagen proyectada o imaginada tenga un carácter de “realidad” que es difícil de encontrar.
Me refiero a este carácter de “realidad” como tal; más allá de las características internas de esta “real irrealidad”.
De cualquier forma, ya es algo bastante sabido… La realidad suele superar a la ficción.
Un chico de 15 años quedó con los ojos iluminados ante una obra de quien sería su mentor (imaginado o no; asumido como tal, o no): Luis Buñuel. Cuando este chico presenció “Nazarin“, película del ya nombrado director español; su vida cambió.
Ripstein se acerco a Buñuel y, en un principio, con una relación relativamente distante le llevaba “el maletín” o lo acompañaba en un rodaje; sentado y callado a su lado. Buñuel en un principio no hubiese querido su presencia en el rodaje; pero debido a la insistencia y el entusiasmo del joven soñador (y son grandes, siempre estas cosas, en un joven) terminó presenciando el rodaje de “El Ángel Exterminador“.
Más allá de cómo vivió Buñuel a Ripstein, parece un hecho el que, para Ripstein Buñuel ha sido un mentor y un maestro con el cual, de alguna manera siempre está en contacto y en discusión (más allá de que habitualmente Ripstein crea que él y Buñuel están de acuerdo en esta discusión).
A los 21 años, en 1965 Arturito llevó a la pantalla su primer película. Con un guión de nada más y nada menos que de Gabriel García Marquez. Su padre, había comprado los derechos sobre este y, a pesar de la reticencia y cierta desconfianza de este logró llevar el proyecto adelante. Eso sí: Lo debía convertir en un western.
Su ingreso “más serio” como director al mundo de las películas se dio en 1968 con “Los Recuerdos del Porvenir“.
Fue en los setenta donde Ripstein se consolidó como director y desarrolló su carrera… Sus películas empezaron a tener repercusión internacional, siendo muchas veces, mejor recibidas en Europa que en su propio país…
Pero, como dicen “Nadie es profeta en su propia tierra”.
En fin. Sus películas tienen características particulares. Una cierta lentitud y un ritmo bastante particular, dado gracias a planos secuencias que son el principal caballito de batalla (o ¿tanque blindado?) del director. Planos secuencias largos, donde de cualquier forma, pasan cosas. Con puestas en escena brutales, saturadas de contenido y elementos; sin dejar de lado, ya allí cierto surrealismo que se irá disparando con las tramas.
Lo he llamado “El Rey de la Noche” debido a que (además de que la película que nos ocupa se llama “La Reina de la Noche”) Ripstein parece ocuparse y tener preferencia por climas, situaciones, personajes, vidas y lugares derruidos. Bastante depresivos y sombríos, Ripstein parece ocuparse y tener preferencia, justamente por la noche de los hombres.
Con la noche de los hombres me refiero a el lado oscuro de la existencia y la humanidad, donde aparecerán mezclados (en una especie de vaho lleno de humedad) el morbo, la sexualidad simbiótica, algo de estupidez, y personajes que parecen encerrados por sus propios espacios (el tema de los espacios tiene una importancia monumental en su cine).
Ripstein es un hombre que, es innegable: Tiene un cine personal. Este, es de esos que podrá gustar o no; pero nunca dejará indiferente. Aquí entro yo, para decir justamente que, si bien lo respeto, lo que voy viendo de él (que tiene todas las características descritas) me ha causado cierto rechazo.
Cuidado! Esto lo digo de forma totalmente sencilla y sincera; puesto que, más allá de todo es un realizador que me interesa, me parece personal en lo que hace e interesante.
Creo que “el que no me guste” está dado en parte por la irrealidad de su obra. En realidad, no sólo de su obra; también de sus actuaciones. Puesto que en momentos tenemos personajes que dicen cosas mientras están solos. Esto no sólo no es creíble la mayoría de las veces, sino que es un recurso que parece funcionar de manera “explicativa” para que el espectador pueda seguir y entender lo que allí está pasando.
También es cierto que su cine será inevitablemente provocador, en parte irónico (y en momentos esa ironía se me hace bronca, pues, muchas veces siento que no le funciona y que “sólo él” la entenderá plenamente).
Se acerca a mundos (y personajes) marginales, sórdidos y donde la cordura no parece ser concebida como en este mundo (el de fuera de la pantalla).
En fin; creo que me he extendido en demasía sobre Ripstein. Creo que es innegable que sea “El Rey de la Noche” en el sentido de sus intereses, personajes y puestas en escena. Siempre sacando y dando cuenta de esa oscuridad propia de la humanidad; que en sus películas se manifiesta, por momentos, en formas que el espectador sufre.

Lucha Reyes:
Su carrera se inició a los trece años (nació en 1906) en una de las carpas de la plaza San Sebastián en México.
Su carrera y su vida tuvieron diversos altibajos y sin que le faltara talento y una voz impresionante parece ser que se dedicó en demasía al alcohol y no logró ser realmente feliz.
El 25 de junio de 1944 su hija la encuentra muerta. Empasitllada y con una botella por el piso, Lucha yacía en el suelo inerte.
Es significativo que Lucha Reyes cantara canciones de amor desde un lugar masculino. Masculino en sus letras, como el autor las había concebido. Lo significativo está en que, de esta forma, también podía declarar su amor a las integrantes de su propio sexo sin que fuera mal visto ni que nadie dijera “oh!”.
Esto último vale tanto para la real como para la “mitificación” que Ripstein hace.

La película en sí:
Debo aclarar que, aunque no he hablado directamente de la película en mucho de este comentario sus características ya aparecen plenamente esbozadas hasta aquí.
La película vive de un cierto dramatismo algo teatral que en momentos parece lo que un escritor de telenovelas hubiese escrito en una depresión con una botella de whisky a su lado y sin ver la luz del sol por, aproximadamente, dos semanas.
La película impresiona por su excelente calidad auditiva; puesto que Patricia Reyes Spíndola (quien encarna a Lucha) no sólo logra unos tonos impresionantes sino una actuación realmente valerosa.
Es muy impresionante como se da la especialidad (la primera escena es maestra en este sentido) a partir de planos secuencias que se mueven lentamente con un zoom que suave y pausado va, se acerca y se aleja para romper el eje y empezar en otro plano en el mismo lugar y con iguales características.
La película tendrá los siguientes ejes dramáticos: La reconstrucción de época. Lucha, que, buscando amor, cariño y comprensión hace cosas que hacen que el espectador se agarré la cabeza y le pida, desde sus adentros: “Por favor! Eso no!”. La madre, en momentos algo tierna que se nos develará como una pseudo-arpía con diferentes matices y caras que se aprovechara de su hija (y de las situaciones) y tratará de sacarle el mayor provecho a toda la situación. Sus “amores”: su chico y su amiga…
Todo bastante para abajo y deprimente.
Aquí estoy. Sin saber a quien recomendar esta película o la obra de Arturo Ripstein. No dudo de sus cualidades y calidad; pero tampoco parecen ser temas que, desde ese enfoque, a mí me interese abordar.
Supondré que si a alguien sí, podrá inferirlo por los datos y elementos ya expuestos.

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