Si en la década del 80 hubo un director en Argentina que estaba por encima de todos, ése era Adolfo Aristarain. En el primer lustro de aquella década, el hombre nacido en 1943 en Buenos Aires dio cátedra con dos películas que, extrañamente, fueron veneradas tanto por la crítica como por el público. La primera fue tal vez la mejor: “Tiempo de Revancha” (1981): allí, con un Federico Luppi excepcional, Aristarain mostró una historia socialmente comprometida pero con un toque de increíble suspense. Luego vendría “Ultimos Días de la Víctima” (1982), basada en el relato del escritor José Pablo Feinmann, donde un asesino a sueldo se obsesiona con una mujer misteriosa.
Aristarain comenzó como ayudante de dirección; en 1967 se radicó en Madrid, ciudad donde vivió hasta 1974. En 1978 realizó su primer largo, “La Parte del León” donde cuenta la historia de un hombre que decide quedarse con el dinero de un robo, pero la numeración de los billetes se hace pública y no lo puede gastar. El puente que tejió entre España y Argentina fue luego el motivo principal de sus historias, que siempre retrataron diversas temáticas como la nostalgia, el destierro, la soledad o el triunfo. “Un Lugar en el Mundo” (1992) lo volvió a poner en la palestra tras una década. La película, protagonizada por Federico Luppi (su actor fetiche), José Sacristán y Cecilia Roth, que muestra la vida de Hans, un geólogo español que llega a un pueblo del interior de Argentina buscando petróleo, obtuvo la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. Podría decirse que ahí fue cuando Aristarain se consagró a nivel internacional.
Luego, comenzaría con “Martín Hache” (1997) una trilogía que él mismo describió como “tres partes de un mismo conjunto de miedos”, que no es más que el miedo al destierro. A “MH” le seguirían “Lugares Comunes” (2002) y su última producción hasta la fecha, “Roma” (2004). ¿A cuál mejor? Son tres historias donde los diálogos son parte fundamental del relato y conducen hacia caminos oníricos, a pesar de estar teñidos de la más cruda realidad.
Dúctil, obstinado, inteligente, el cine de Adolfo Aristarain contiene dos virtudes máximas: te emociona y también te deja reflexionando. No cae en el lugar común, aunque algunas historias sobrepasen lo creíble. Pero lo que me atrapa del tipo es que siempre, luego de ver una de sus películas, la cabeza te hace click y en el cuerpo se te cierra el pecho. Pero hablo de angustia de la buena. Y hoy en día, ¿con quién te ocurre eso?


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Sin Comentarios en “El lente cómplice de Aristarain”
[...] Por Favor, Comente en el Blog Original http://www.cartelera10.com/directores/el-lente-complice-de-aristarain.html [...]
[...] Si hace uno días nos referíamos a Adolfo Aristarain, hoy tocar hablar de Federico Luppi. Porque para la mayoría de los argentinos, Federico Luppi es EL actor de cine. El más emblemático, digamos. Además de sus dotes para la actuación, justo tuvo la dicha de participar en algunas de la películas más importantes del cine argentino de comienzos de los 80: “Tiempo de Revancha” (1981), “Plata Dulce” (1982), “Últimos Días de la Víctima” (1982), “El Arreglo” (1983), entre otras. Y también quedó en la mente de todos por las puteadas que todos sus personajes emitían, sin excepción. Eran unas puteadas tan bien hechas que uno aplaudía con goce. Una de las frases más famosas del cine argentino la protagoniza él en “Plata Dulce”: su “¡Arteche y la puta madre que te parió!” propinado al personaje que interpretaba el actor Gianni Lunadei es memorable y un hito indeleble de la pantalla grande sudamericana. [...]
Si…yo creo que esta pelicula, Plata Dulce, no ha sido superada, el sentido que tiene es sin dudas una reflexion continua para todos los habitantes de este pais, es la historia que se inicia alli por el decubrimiento de America, cuando los indios eran engañados facilmente, provocandoles efectos de fascinacion, en el intercambio de las riquesas que ellos no sabian que tenian y que eran muy potables para el viejo mundo….transformado el nuevo mundo…no a dejado de ser aquel en definitiva , muy bien captado por la lente de un director estraordinario, como pocos, para contar y hacer que acto sea verdaderamente , una enseñanza viva y que al pasar el tiempo se renueve, teniendo cada ves más vigencia entre nosotros, yo creo que esta pelicula dentro de unos años más va tomar el titulo de llegar a ser un ito de la historia argentina, que es muy bien pintada….nada mas y quiero agradecer por haberme dado esta oportunidad de opinar.