El trío Bobby/Peter Farrelly – Ben Stiller ha cambiado poco desde que hace diez años presentaron la cinta titulada Algo pasa con Mary, en la que nos presentaron a la mujer de nuestros sueños. Un largometraje trash e inevitablemente absurdo que entronca con su última película titulada en nuestro país: Matrimonio Compulsivo. El duo de directores llevan años explotando ese sentido del humor de caracter social americano, construyendo, desde los tiempos de Dos tontos muy tontos una más que particular filmografía. Sin embargo, hay en sus películas cierto amor profundo e inmutable por la naturaleza humana, por los desplazados de las sociedad, los rechazados. Del retrasado mental hasta el esquizofrénico psicópata, pasando por un par de hermanos siameses, la gorda o el enfermo terminal. La fuerza de las películas de los hermanos Farrelly descansa en su capacidad para hacernos reir con todos. Incluso me atrevería a decir que hay ciertas pequeñas secuencias de crítica social bajo películas que parecen absurdas, ¿o no lo habíais pensado hasta ahora?
Como el que no quiere la cosa, el universo de los dos cineastas ha crecido gracias a su buen hacer y su entendimiento con el espectador más sencillo, al que respetan y al que regalan buenas ideas… De lo contrario es imposible pensar que el par de dos lleve trece años viviendo del mundo del cine y nueve películas. ¡Y lo que está por venir!

Esta historia comienza el día que reventaron las las taquillas americanas con Dos tontos muy tontos, alias Jim Carrey y Jeff Daniels, que se dieron el lujo de hacer las payasadas más increíbles que nunca habíamos visto en el cine. Hasta que los chicos de Jackass les quitaron la coron. Mientras que la mayoría de los directores jovenes intentan hacer una película seria en la que se muestre su madurez para entender el lenguaje del séptimo arte, los hermanos Farrelly decidieron hacer una auténtica gansada en la que los protagonistas son dos imbéciles profundos, sexualmente frustrados que representan al eslabón perdido de la evolución de nuestra especie. La cinta sorprende por la ingenuidad e inocencia que se respira, los dos actores están geniales y la película toma una dimensión distinta a lo esperado. Totalmente desconcertante. Es la primera época de los hermanos Farrelly, un cine que refleja al ser humano desde un punto de vista grotesco e hilarante, pero también enseña la ingenuidad más pura. Su segunda película, Kingpin, inédita en nuestras salas, refuerza la naturaleza de los hermanos Farrelly: les gustan sus personajes, sin excepciones. En esta producción de 1996, Bill Murray, auténtica basura humana, egocentrismo puro y odioso que a la vez resulta simpático a todos. ¿Difícil para los hermanos Farrely? El duo decide, contra viento y marea construir sus comedia sobre personajes totalmente tarados, al límite del frikismo triste.
La tercera película, Algo pasa con Mary, es su consagración. Confirmaron que Jim Carrey tenía una cara de goma, pero ya empieza a verse cierto desgaste y Ben Stiller se convierte en su nuevo actor fetiche. Stiller es un nombre casi desconocido para el resto del planeta. Casi tienen que pegarse con los productores de la Fox para que lo acepten. El resto de figurantes, pequeños papeles y cameos correrían a cargo de familia y amigos de los cineastas. Algo pasa con Mary es una cinta hecha en familia. Y esto es algo que se repite a lo largo de más películas porque, al parecer, los personajes están inspirados en ellos mismos. Nunca hay una mirada cargada de patetismo a estos personajes. El tema de las diferencias interpersonales, de la aceptación de sí mismo y de los demás está presente en el largometraje.

Raros son los realizadores que toman tantos riesgos en tan poco tiempo. Algunos cineastas repiten una y otra vez la fórmula del éxito; sin embargo los hermanos Farrelly renuevan continuamente sus moldes. La ambición es siempre la misma: hacer reir, y de paso hacernos reflexionar… Osmosis Jones es la primera aproximación al cine de animación, los hermanos consiguen hacer un filme colorista, desmontando cualquier trauma y atacando un tema tabú: la muerte. Una encargado del zoológico tiene la costumbre de probar todos los alimentos, incluso los más infames, hasta el punto de contraer un virus mortal. La película será protagonizada por Osmosis Jones, un glóbulo blanco muy fogoso.

Los Farrely se atreven con temas duros. Confirmando un gusto por una puesta en escena casi teatral que pudimos empezar a ver en Algo pasa con Mary. Los actores permanecen a menudo confinados en espacios muy pequeños para que el personaje tenga más importancia que el escenario. Siempre tendremos un personaje principal típico de comedias teatrales: un motel, un restaurante… Los protagonistas de las películas de los Farrelly son impresionantes al lado de los escenarios.
En Yo, yo mismo e Irene, Jim Carrey explota la noción de la enfermedad mental con su estatuto de esquizofrénico. Una pena que tuviera una distribución tan pésima y una promoción que tan poco tiene que ver con el espíritu de la cinta. Trataba sobre la obesidad y la mirada del otro. Rodado con un gran sentido del humor y una delicadeza increíble, el talento de los cineastas es que nos pongamos en el papel del “tonto” personaje. Y es que, en las películas de los hermanos Farrely, si se invirtiese el tono y la forma, podrían convertirse en dramas sociales tremendos. Obesidad, locura, familia, muerte o malformación… Imaginémosnos algunos de estos temas en manos de otros cineastas. Y es que, la pareja de directores, como sus personajes, son inspérarables por naturaleza.
Bobby y Peter Farrelly tienen un universo propio, no son simples hacedores de comedias americanas, sin identidad ni carácter. Su fuerza está en la forma de tratar sus historias desde una mirada serena e ingenua. Dos cineastas cercanos e inteligentes que han sabido ofrecer al cine americano una bocanada de aire cómico no privado de sutileza y encanto.

Añadir a Del.Icio.Us


Comentarios de “El divertido mundo de los hermanos Farrelly”
Aun no se han realizado comentarios.