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“Noches Mágicas de Radio” de Robert Altman

O el festejo meláncolico de un presente que ya no será
Por santiagoq, en 5 de Septiembre de 2008

Esta es la última película realizada por Robert Altman. Del año 2006, viene de Estados Unidos con un elenco coral, multifacético y destacado donde resalta Meryl Streep con Kevin Kline, Lily Tomlin, Lindsay Lohan, Woody Harrelson, John C. Reilly, Tommy Lee Jones, Virginia Madsen, entre otros.

Robert Altman nació en febrero de 1925 y murió el 20 de noviembre de 2006. Ha marcado el cine de los últimos cuarenta o cincuenta años, especialmente en Estados Unidos. Tiene la particularidad de haber sabido andar a contracorriente, burlarse de los Oscars o hacer encolerizar a Robert Duvall por lo “desorganizado” de un rodaje (del cual saldría su película, después convertida en serie de televisión: MASH). Tiene en su haber películas como Nashville, Tres Mujeres, Las Reglas del Juego, Ciudad de Ángeles, Gosford Park, etc. Es un director que tiene la particularidad de ser muy querido.

Su título original es “A Prairie Home Companion” y debo mencionar que ya desde aquí (desde el título) me hace acordar a su película anterior: “The Company” en la que Neve Campbell cumpliría la misma función que aquí tiene Garrison Keillor. ¿Por qué? Porque Garrison Keillor es el conductor y eventual cantante en un programa radial que comparte la mayoría de las características del de la película que nos ocupa (o sea, estoy diciendo que este programa no sólo existe en esta “ficción”; sino también en la realidad).

Y es que en fin (y antes de hablar “más a fondo de la película) debemos empezar diciendo que esta empieza con un Kevin Kline haciendo de un extraño ex detective que a falta de trabajo terminó trabajando en este radio haciéndose cargo de la seguridad. Este personaje ya desde un principio transmite una cierta emotividad y melancolía propia de aquellos seres que poblaron y tuvieron su lugar; y que se han visto desplazados con el tiempo, de todo su universo de referencia, pero no de su propia imagen ni de su existencia. Y si bien este personaje no va a tener nada que ver con lo que veremos y con lo que se desarrollará en la película, talvez justamente tenga en común la melancolía por aquello que deja de ser presente. Esto último se puede enlazar en varios sentidos. Por un lado en el sentido concreto y directo de la radio que nos ocupa; que, desde el teatro Scott Fitgerald dejará de existir y estar en ese lugar (desde donde emite hace 30 años) para ser sustituido por un seguramente “más rentable” estacionamiento. Por otro lado con el propio Altman; puesto que esta era su última película y, seguramente, no le sería ajeno el conocimiento del advenimiento de su propia muerte.



Pero en fin; la película tratará sobre eso: El último día de una Radio. Una radio particular donde abunda el country más o menos burlón (es imposible no acordarse de Johnny Cash, más aún porque su referencia es explícita…), el buen humor, amores y desamores, preocupaciones y problemas pero que se sintetizarán en un clima festivo en el cual se dará de forma constante (y a pesar de la presencia de la muerte de uno de los integrantes del grupo) y que parecería estar regido por la filosofía, el paradigma o simplemente la frase: Show Must Go On (el show debe continuar). Algo de esto dirá el propio Garrison Keillor al decir algo así como que él vive cada show, cada emisión, como si fuera la última.

No es poco relevante esto a su vez puesto que, el programa realmente existe. Con menos años, se terminó por un tiempo pero hoy está en actividad. Con particularidades que pueden ser muy graciosas; como reclames y propagandas relatadas y cantadas en un aire constante que media entre la camadería, la improvisación y el talento. Por eso la función de Keillor es tan importante. El hace de presentador (y lo es en la realidad) que incidentalmente canta; con una voz grave muy sonora, llamativa y genial. Básicamente: El hace de sí mismo. A su vez, el guión es de su co-autoría y se basa en el programa. Por todo eso, es extremadamente necesario y relevante tenerlo en cuenta (y por eso no lo “enumeré” con los actores).

Más allá de esto realmente todo el reparto está brillante y extremadamente creíble. Meryl Streep en particular no sólo resalta por el nivel de excelencia de su actuación (al cual, por cierto, nos tiene acostumbrados) sino porque canta y lo hace de forma genial. No me malentiendan; todos los demás están también geniales y, en su mayoría también tienen que cantar; pero Meryl Streep encima me impresionó por su capacidad y fuerza como cantante. Hay muchas profesionales en esta área que a la edad de la actriz deben desear o desearían tener esas capacidades con sus cuerdas vocales.

Se nota y se intuye el clima festivo constante (más allá de todos los más allá, justamente) que se debe haber irradiado desde un rodaje al “estilo Altman”; sea lo que sea que eso quiera decir. De cualquier forma, y a pesar de que en momentos (y sobre todo al principio) podamos vivir cierta sensación de “desorden” todo parece estar milimétricamente calculado. Desde una puesta en escena genial, donde todo parece extremadamente real (es impresionante empezar a enumerar los distintos elementos que hay en el camerino de las damas cantantes por ejemplo) que incluye un juego de espejos impresionante (y subrepticio, puesto que nunca se nota “tal cual”) y que creo debe ayudar a esa sensación de “desorden”. Con personajes que se nos va presentando y a ante los cuales nos vemos empujados y alejados por unos primeros veinte minutos (es la cifra que me parece puede ser, aunque no la calculé con ningún tipo de exactitud) de una cámara con un movimiento constante pero leve, basado (como en MASH, donde el recurso era mucho más notorio) en zoom in y out. Una fotografía que ayuda justamente a ese tono naturalista (que parezca real) y que, más allá de eso no se nota. La música constante y excelente. Es una de esas películas que aunque la mitad de los espectadores del cine hayan “visto” dormidos hará salir chiflando hasta al más sordo.

Tal vez el aspecto más problemático (y, lo reconozco, a mi me ha hecho “no apreciar” tanto a Altman) es el guión. No por el guión en sí; que está muy bien hecho, con diálogos brillantes y llenos de picardía; sino por las líneas narrativas. Es que aquí no van mucho más allá de ser el último programa y ver e intentar que la radio pueda seguir funcionando. Si uno espera una película con una trama concreta y bien definida aquí no lo encontrará; talvez sea simplemente que se quiere apuntar a la cotidianeidad y naturaleza de unos personajes en su vida y trabajo cotidiano, solo que a punto de terminar.

En fin, es una muy buena película. A la que muchos se acercarán más por el nombre de su realizador; así como muchos otros por su nivel musical o por ver como serían los “entretelones” de hacer radio. De cualquier forma aborda temas de profundidad (y la muerte, que a pesar de toda la felicidad, es constante) y es interesante. Pero en fin; no es una película para ir a ver mientras se come pop y punto. Si uno no se atreve a buscar (y aceptar en) su propuesta puede ser que sienta que ha perdido el tiempo.

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