Durante años, el cine fue el lugar donde sólo los más talentosos llegaban. Escritores, actores y directores se consideraban de mejor categoría si presentaban sus productos en la pantalla grande, y sólo recurrían a la televisión como un medio pasajero o alternativo. Hoy en día la situación ha cambiando de manera radical, al ser la pantalla chica quien está atrayendo de manera más profunda a lo más y mejor del talento estadounidense, dejando a Hollywood con una de los momentos más críticos de su historia.

Tal y como lo dice James Wolcott de Vanity Fair, “antes mi hora favorita para ir al cine era al final de la tarde. Ahora casi nunca. Por estos días, en la oscuridad del teatro rogamos, no para que la película nunca termine sino para que al fin empiece, para que la historia diga algo, y hora y media después para que por favor se acabe”.
Las razones de lo anterior se deben a dos hechos muy interconectados. El primero de ellos radica en la inmensa estupidez que domina el criterio de muchos jefes de estudio y productores del mundo sobre las películas que se deben hacer y la manera cómo se deben hacer. La inmensa cantidad de remakes y secuelas que día a día se sacan desde Hollywood, ha inundado la cartelera de cine mundial de muchas e inmensas babosadas.
Y por otro lado, los avances logrados con el entretenimiento en casa han permitido que ver un DVD o una serie de televisión sea mucho más entretenido que ir hasta un teatro a ver una costosa película. En ese sentido, los pobres criterios con lo que los ejecutivos escogen las películas a producir y la inmensa competencia que el entretenimiento en casa tiene para los espectadores, ha llevado a que varios críticos de cine en todo el mundo declaren que estamos en la etapa final del séptimo arte.
“Sí un lunes le disparas a un dinosaurio en el cerebro, su cola seguirá moviéndose hasta el viernes. Igual pasa con el cine, cuyo cerebro está muerto”. La anterior frase de Peter Greenway, es una metáfora muy inteligente de lo que es la producción cinematográfica mundial. Según el director británico, el gran problema del cine radica en las grandes producciones para la pantalla chica: Los Soprano, CSI o 24, quienes cuentan con historias muy profundas que llegan a los espectadores, obligándolas a seguir y a interesarse de manera profunda por sus personajes.
En ese sentido, tal y como dice Greenway, el problema del cine no radica en la tecnología sino en la inmensa falta de historias de Hollywood: “…y créanme, no es que la pantalla sea mucho más grande o más plana, ni es el LCD, ni el plasma lo que hipnotiza: es el contenido. Y el cine ya no lo tiene”.

Es de resaltar como el poderío de la televisión se ha venido consolidando de manera regular en los últimos años, y lo ha hecho en contra del cine. El número de suscriptores de televisión por cable en los Estados Unidos ha crecido desde los 10 millones que tenían en el 2.000, a los más de 30 millones en el 2.005, hasta los 40 millones que hay hoy en día.
El asunto se complica puesto que si tenemos en cuenta que las historias son más entretenidas y elaboradas en la televisión, la calidad de las mismas no tienen que envidiarle nada a las grandes producciones de Hollywood. El inmenso adelanto de la tecnología digital, así como los mejores reproductores de televisión y la posibilidad de ver los programas de televisión con sonido envolvente, han hecho que la experiencia cinematográfica se sienta, de manera irónica, mucho mejor en casa.
De otra parte, vale decir que así como las historias y la tecnología han encontrado su espacio en la televisión, exactamente el mismo fenómeno se ve con las personalidades que están detrás de estas producciones. Actores como Alec Baldwin, Steve Carell y Salma Hayek han encontrado un espacio muy importante en la televisión, después de lograr ser exitosos en el cine. Al parecer ya es igualmente importante tener un status de celebridad televisivo como de estrella de cine.
Por otro lado, productores como Brian Grazer y Jerry Bruckheimer tienen importantes divisiones televisivas que les permiten aumentar las ganancias que antes les entregaba el cine. El primero de ellos trabaja junto a Ron Howard en “The Churche of Reggie”, mientras que de Bruckheimer basta con recordar CSI para darnos cuenta de su profundo interés en la TV.
Uno de los aspectos que más llaman mi atención se debe a que las nuevas generaciones que hacen cine, son claramente gente que pasó su infancia y juventud viendo televisión, que además tienen su preparación en comerciales y seriados. El cine es un lenguaje diferente y seguramente por eso, estas personas no saben hablarlo, y lo que sí saben es hablar en términos televisivos, generando el fracaso de uno y el éxito del otro.
Parece muy prematuro pensar que el cine ha muerto, basado en que Hollywood está pasando una crisis muy profunda. Para absolutamente nadie es un secreto que el poderío y la importancia de la principal industria de California en la cinematografía mundial es muy grande, y que sí la situación se agravara más, toda la industria cinematográfica en todo el mundo se vería afectada.
Sin embargo es de resaltar que el cine es mucho más que Hollywood, e incluso en Estados Unidos hay espacio para producciones que se alejen de las simplezas que se hacen en los principales estudios. Así mismo, los megablockbuster de los últimos años han tendido a responder a las cifras invertidas por los majors, aunque con notorias bajas en rentabilidad. Hollywood es rentable, pero no lo es como era antes.
El asunto radica en que nadie quiere que el cine muera, todos queremos ver películas de una profunda calidad en una inmensa pantalla junto a miles de desconocidos que se emocionen con nosotros. El problema es que hemos tenido que lidiar constantemente con carteleras de cine que no ofrecen verdaderamente nada interesante y, que dejan mucho que desear.

Como en algún momento dije, la crisis del cine definitivamente no es una de tecnología sino de historias.

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1 Comentario en “La Muerte Del Cine”
Qué catastrofistas están todos. Yo creo que no es una buena época en Hollywood, pero el cine no está ni mucho menos en crisis. No se hacen malas pelis, el problema es que las más notorias, las que vienen de la gran industria, están muy por debajo del nivel que nos tenían acostumbrados hace años.
La crisis, de haberla realmente, está en los grandes estudios, pero en el mundo se hace más cine y más variado que nunca. Yo creo que si la gente se harta de la bazofia que muchas veces nos trae Hollywood, cambiarán ese cine por otro mejor, los estudios reaccionarán y tratarán de ofrecer mejores pelis. Eso o acabarán muriendo. También es cierto que uno siempre ve peor el presente que el pasado, pero estoy seguro que esto simplemente es un mal bache. Ha pasado muchas veces antes y siempre auguraban la muerte del cine.
El cine no morirá, en todo caso cambiará de forma de consumo, pero no morirá.