Obsesionado con la historia del policía de Chicago Chuck Adamson y del ladrón Neil McCauley, Michael Mann trabajó durante más de 20 años en un complejo guión que pudiera funcionar como medio para llevar a la pantalla la vida de estas dos impactantes personalidades. Protagonizada por Al Pacino, Robert De Niro, Val kilmer, Tom Sizemore, Amy Brenneman y Dana Venora, Heat se convirtió en una de las mejores películas sobre ladrones y policías que se hayan hecho hasta nuestros días.
De lo que más impacto a Mann de la historia fue el alto profesionalismo con el que ambos trabajaban, y que a pesar de estar cada uno en lados opuestos de la ley, eran personas con muchas similitudes y talentos. En un momento cualquiera se presentó la oportunidad para que los dos se sentaran a tomar una taza de café, dejando claramente establecido que uno estaba persiguiendo e investigando al otro. La charla luego sería inmortalizada en la memoria de todos los cinéfilos por ser la primera vez que Al Pacino y Robert De Niro compartían una escena.
Y es que este es un artículo que tiene la intención de rememorar a dos de los actores que más y mejores momentos nos han regalado a quienes nos emocionamos con el séptimo arte. ¿Qué importa si hoy son dos personas que trabajan sólo por el dinero que les ofrezcan sin importar las calidades de los personajes? ¿Es qué acaso hay alguna forma de olvidar las increíbles actuaciones que ambos nos dieron en los setentas y ochentas? ¿Es posible que los errores de hoy borren de la memoria colectiva la genialidad de papeles como el de Travis Bickle, Vito y Michael Corleone o Sonny Wortzik? No lo creo.
McCauley (De Niro) es el jefe de una importante y talentosa banda de delicuentes que hace grandes atracos por encargo. El primer golpe que llevan a cabo es el robo de unos bonos que son transportados en un camión blindado de algún banco local. La fechoría es realizada con tanto profesionalismo y precisión que en el momento en que el detective Vincent Hanna (Pacino) llega al lugar de los hechos para analizar la situación, se da cuenta del grado de estrictez y preparación del equipo. Ahí comienza una interesante cacería a través de toda la ciudad, en donde el mejor policía debe atrapar al mejor ladrón.
Durante el transcurso de las más de dos horas y media que dura el film, Mann construye un mundo tan absolutamente real del bando de los ladrones y del bando de policías en la ciudad de Los Ángeles, que casi nos imposibilita recordar que estamos viendo una película. Gran parte del éxito de esta producción nace desde el propio guión, donde se nota una inmensa investigación de los personajes, de los lugares, de los métodos de trabajo y los comportamientos internos de ambos bandos.
Tanto Pacino como De Niro entregaron dos enormes actuaciones, seguramente preparadas con muchísimo esfuerzo para ninguno quedar opacado por el performance que pudiera llegar a hacer el otro. El personaje de Neil McCauley es el de un profesional en lo que hace, calculador, muy preparado y metódico en sus procedimientos. De Niro acertadamente decidió trabajarlo como un ser calmoso, serenado, que quiere y sabe como pasar desapercibido en cualquier situación social. Su vida es su oficio, no dejándole nada de tiempo para la creación de una familia o siquiera de un noviazgo. Tan metido se ve McCauley en su oficio como De Niro en su papel. Por otro lado, Vincent Hanna es un detective adicto al trabajo incapaz de regalarle algo de tiempo a su matrimonio con Justine (Verona). Es impredecible, proactivo, afanado, muy enérgico y extravagante. Según una entrevista que dio Pacino sobre su personaje, entre él y Mann organizaron una historia en la que habían decidido que en muchos de los momentos en los que veríamos a Hanna, este estaría bajo los efectos de la cocaína. Es interesante ver que ambos actores tomaron una vía tan diferente para el desarrollo de sus personajes, lo que fue un acierto para le película, porque la verdad es que ni a De Niro le faltó ni a Pacino le sobró.

Mann, usando una inteligencia tremenda en este caso, hizo una película donde los dos actores son los dos ejes de las historias que se van a encontrar, dejándole espacio a cada uno para que en sus construcciones narrativas dieran sus reconocidas actuaciones. De esa manera les permitió desarrollar sus personajes al máximo, haciendo el papel cada uno de estrella en sus vidas, la del ladrón y la del policía, que en la película son mostradas como historias paralelas que se van encontrando, exponiéndonos a cada uno en su mundo y a cada uno actuando como el centro de ese mundo.
Hubiera sido mucho más fácil haber realizado la película como una perteneciente al género de acción, pero es de recalcar el acierto que tuvo Mann, al profundizar no sólo en los personajes principales, sino en los secundarios, convirtiéndola en un drama policial. De manera muy sutil, Mann logró interconectar las relaciones familiares con la trama central de Heat. Chris Shiherlis (Kilmer) es un padre de familia que casi no puede responder por ella como consecuencia de su adicción a las apuestas, en donde gasta todos los ingresos de los robos. Michael Cheritto (Sizemore) es un feliz hombre casado con dos hijos, quien aún teniendo la oportunidad de vivir una vida más tranquila y segura con su familia, gracias a los ahorros que ha venido acumulando con su esposa, no deja su vida de criminal. Por otro lado, McCauley se da cuenta gracias a su grupo que su vida no sólo puede ser trabajo y acumulación de dinero, que debe encontrar a alguien con quien pasar el resto de sus días y busca en Eady (Brenemman) una pareja con quien lograrlo. Hanna, por su parte, es un oficial que no sólo debe preocuparse por atrapar a la banda, sino que debe lidiar con una esposa que le exige más atención y con una hijastra (Portman) con fuertes problemas psicológicos que la llevan a intentar suicidarse.

Heat contiene la famosa escena del café que unió por primera vez a dos de los actores más impactantes de la historia del cine. Teniendo a dos titanes como ellos, Mann prefirió que ambos se encontraran en un ambiente casi neutro y los sentó en una cafetería a dialogar como si fueran grandes amigos. Aunque en el momento fue muy criticado por desaprovechar la oportunidad de verlos dando lo mejor y más llamativo de cada uno, sin duda que la historia le ha dado la razón a Mann, quien nos dejo con una de las mejores conversaciones que jamás se hayan visto en la gran pantalla.
Y es que la razón para que ambos compartieran una escena debía encontrarse y justificarse desde la historia, más no por el hecho gratuito de la clase de actores que eran. Cuando ambos logran juntarse, la verdad es que están allí porque ninguno de los dos tiene otro lugar a donde ir: Hanna llega a su disfuncional familia y sale casi huyendo a encontrarse con McCauley, quien ni siquiera tiene un hogar al cual dirigirse. La escena está hecha con la intención de mostrar la soledad de cada uno y la enorme compatibilidad que también existe entre ellos, sintiéndose más cercanos el uno con el otro que con quienes comparten día a día.
La película fue filmada por todo Los Ángeles, usando más de 65 locaciones en los más variados sectores de la ciudad, siendo la primera vez que Mann demostró su conocimiento abrumador sobre la ciudad californiana. Lo anterior, sumado al magnífico trabajo de Dante Spinotti en la fotografía, dio como resultado un atractivo paisaje urbano industrial donde se desarrolla la historia. En Heat la ciudad vibra y funciona como un personaje más: es el territorio donde dos colosos se encuentran y uno sólo puede sobrevivir. Los Ángeles tiene el mismo papel en este film que cualquier pueblo lo tiene en un clásico western, o el que tiene un campo deportivo en cualquier enfrentamiento entre dos equipos.
Es notorio que tanto la producción como el director no dejaron nada al azar. El preparamiento físico y militar por el que tuvieron que pasar los actores dio sus resultados. La ya clásica escena del robo al banco es una muestra de transformación por parte de los actores en sus personajes. El manejo de las armas que todos tienen, la manera de moverse, de disparar, de camuflarse, son todos de profesionales que llevan una vida trabajando en ese medio. Al momento de desarrollarse esa escena la mezcla de sonido es tan precisa y realista (a cargo del multipremiado Per Hallberg) que fácilmente se podría pasar como un hecho real. De hecho, la escena fue mostrada a la Marina de los Estados Unidos como un perfecto ejemplo de cómo realizar una retirada bajo fuego cruzado. A ese nivel fue el trabajo de Mann y del equipo que produjo y protagonizó Heat.

Por todo esto y algunas cosas más, consideró esta una de las más importantes obras de un gran director, quien logró crear un drama muy profundo en un tipo de historias contadas normalmente de manera más superficial, dándole un nuevo estatus a este tipo de películas.

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1 Comentario en “Heat de Michael Mann”
[...] para utilizar el sonido en sus producciones con fines dramáticos y artísticos. Sí en Heat fueron los disparos los que nos dieron una idea de lo que es estar en un tiroteo, en Ali son los [...]