Cine Independiente, Curiosidades, Directores

+ bien

Por Laura M., en 20 de Junio de 2008

+ bien (2001) es el primer largometraje del realizador argentino Eduardo Capilla, hasta entonces únicamente abocado a la producción de comerciales, videos musicales, y a las artes plásticas, desarrollando su labor, particularmente, en el ámbito de la pintura e instalaciones que, por cierto, resulta evidente en la creación de esta obra. Para su producción contó con la esencial participación del talentoso músico y productor Gustavo Cerati, y la colaboración de la antaño VJ de la señal de MTV latino, Ruth Infarinato. El film, que también cuenta con la contribución del actor Damián de Santo y Atsushi Mizukawa, plantea, según afirmó el director escuetamente “la historia de seres bondadosos que tratan de superar dificultades personales” en un intento de éxito cuestionable, experimental e independiente.

La historia comienza, luego de una serie de imágenes alternadas, presentando a Ramiro (Mizukawa), un prometedor joven médico y escritor que sufre el abrupto abandono de su novia, Mariana. Relaciones ocasionales parecen, desde entonces, resultarle vacías pues la recuerda en forma constante y es por ello que comienzan sus penas a afectar su estado físico. Pronto veremos la aparición de Jorge (Cerati), un colega cirujano que acude a su hogar de visita para tomar prestado su pequeño auto pues iniciará un viaje hacia La Cumbre, en la provincia argentina de Córdoba. Allí se encontrará con una muchacha con la que ha comenzado una relación luego de cinco años de la muerte de su mujer e hija en el terremoto de Osaka. Galo (de Santo) será quien acuda por último a la casa de su amigo Ramiro pues parece ser, además de profesional en medicina, artista y, con el interés de embellecer su hogar, realizará allí un mural.


Simultáneamente veremos la historia de Barbara (Infarinato), una joven muchacha que ha dejado momentáneamente su trabajo para viajar por el interior del país para visitar a sus conocidos y llegar, en una instancia final, a la casa de su tía. El pequeño avión que se dirige hacia allí comienza a sufrir desperfectos y se estrella, finalmente, en medio del campo. Así Bárbara decide continuar su camino durmiendo a la vera de un río, alimentándose al paso, y dirigiendo su espíritu libre al destino que se ha propuesto, para lo que habrá de recurrir a la gentileza de los conductores que transitan por las desoladas rutas. Es así que mientras vemos, esporádicamente, el desarrollo de la fallida historia amorosa de Ramiro, el film centrará nuestra atención en una próxima convergencia entre ésta y Jorge. Durante la mañana de un soleado día Bárbara, sentada en un vasto y desolado pastizal, escucha un motor y pronto corre hacia él, casualmente conducido por el cirujano, que le invita, cordial, a acompañarle en el trayecto. Entre ambos parece surgir una incipiente atracción cuya

posibilidad de progresar se verá luego trunca pues el pequeño auto se descompone y la muchacha, ante la inminente pérdida de tiempo, decide continuar caminando. Entre tanto Galo disertará con dos alumnos que le acompañan en la labor artística sobre el valor y disposición de las formas y colores mientras que Ramiro comienza a entablar una extraña relación con una muchacha, casualmente llamada Mariana, que por medio de una inverosímil excusa pide a aquél visitar su casa y es allí donde, inesperadamente se suicidará.
Tal es el panorama desde el cual surgirá el desenlace de la obra.

En el film hay claramente un interés que trasciende la narrativa y enfatiza las posibilidades de los recursos de la imagen junto con la producción conceptual. Para ello se empleará, por ejemplo, la superposición de textos sobre la imagen, la disposición de efectos de color, texturas, figuras fuera de foco y segmentos fuera de contexto, entre otros. Los cortes parecen manejarse, adrede, de una forma inusual vinculando situaciones de forma abrupta y permitiendo el desarrollo de una narración que resulta por momentos inverosímil y poco coherente. Sobre ello Cerati afirmó: «Me parece que la película no transita por una narrativa del cine como la entendemos habitualmente. Yo creo que Eduardo como artista plástico que trabajó mucho en cine, plasmó una serie de situaciones que utilizan el filme como medio de expresión».
Es claro que se pretende en forma constante la ruptura del universo del film mediante su uso impidiendo, en parte por ello, una posibilidad de identificación con los personajes en provecho de, posiblemente, un trabajo reflexivo por parte del espectador. Las actuaciones parecen cumplir similar fin pues logran, momentáneamente, desviar la atención del progreso de la situación para situarla sobre la credibilidad, o falta de ella, que suscitan.
El film debe verse, en fin, como una obra netamente experimental con la intención de reflexionar sobre asuntos profundos desde, quizás, una posición algo esquemática y poco comprometida. Sin embargo propone interesantes planteos desde lo visual y sin dudas, una atractiva banda de sonido realizada por el magnífico Cerati.

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