Curiosidades, Directores

La locura tiene dos rostros, anecdotario Kinski-Herzog (2º Parte)

Por kappuz95, en 14 de Marzo de 2008

Werner HerzogSi Kinski era la cara visible de la demencia en y fuera de cuadro, Herzog es su versión silente. Es difícil, de otra manera, explicar la reincidencia del segundo a la hora de realizar nuevas films.

“Kinski dice que la naturaleza está llena de erotismo. Yo no veo mucho de erótico; lo que veo es algo completamente obsceno. Es la esencia violenta de la naturaleza.

“Yo no veo erotismo, sino que veo fornicación, asfixia y ahogo, y lucha por la supervivencia. Crecimiento y podredumbre. Por supuesto, hay mucha miseria, que es la misma miseria que nos rodea. Los árboles son miserables, los pájaros son miserables; no creo que canten, sino que chillan de dolor.

“Echar una mirada más de cerca de lo que nos rodea, es ver una suerte armonía. Es la armonía del asesinato abrumador y colectivo.

“Pero, cuando digo esto, lo digo lleno de admiración por la jungla. No es que la odie, la amo, pero la amo en contra de mi mejor juicio.”

Estas son las palabras de Herzog a cámara en su diario de rodaje de “Fitzcarraldo”. Así como el realizador alemán habla de la selva en la que se haya inmerso, también parece estar hablando de su relación con Klaus Kinski.

Actor y director habían compartido brevemente, por unos meses durante la temprana adolescencia de Herzog, el mismo departamento. Kinski ya trabajaba y se pasaba horas entrenando. Ya el joven e impresionable Herzog presenciaría numerosos de los arranques de violencia y discursos megalómanos del expresionista intérprete.

Años después, en 1971, Kinski estaría recorriendo Alemania con su “Gira de Jesús” (un espectáculo performático donde Kinski reinterpretaba los Evangelios), mientras Herzog se aprestaba para dirigir “Aguirre, la ira de Dios”. Esa sería la primera de varias colaboraciones. Durante el rodaje, Kinski lastimaría gravemente a dos miembros del equipo, pero Herzog recuerda la potencia actoral y la dinámica entre ambos.

Entre las anécdotas, aparece como la más destacada aquella en que el director, temiendo que Kinski abandonara el rodaje cerca de su finalización, dejando trunco el proyecto, lo amenazó de muerte. Los periodistas dirían luego que Herzog dirigió a punta de pistola.


Durante el trabajo de filmación, el realizador dejaría que el otro vociferara como un demente hasta agotarse, intuyendo que, de esta manera, luego podría canalizar mejor su energía hacia los requerimientos del personaje. Así como esto puede sonar interesante y es un ejemplo de la sinergia entre ambas fuertes personalidades, significa también que, en pos del proyecto, Herzog era capaz de exponer al resto de su equipo. La megalomanía de Kinski estaba dirigida hacia sí mismo, hacia su propia exaltación, aunque, usualmente, para ello llegaba a dañar física y psicológicamente a los objetos de sus agresiones y brotes casi psicóticos en los cuales era capaz de gritar improperios por horas y horas hasta quedar exhausto. La del otro estaba depositada en la película como Misión.

Werner HerzogEn “Fitzcarraldo”, los aborígenes ofrecieron matar a Kinski, pero, al mismo tiempo, decían que le temían más a Herzog, porque él era el que no hablaba y se mantenía como si nada ante de la demencia de su protagonista. Temían, esencialmente, qué era lo que estaba procesando por dentro.de Kinski sabían qué esperar, pero de él no.

Asimismo, mientras el actor repartía ataques de histeria para todos los gustos, el realizador llevaba a su equipo a acometer una misión imposible. El Fitzcarraldo original había cruzado su barco de un río a otro atravesando un cordón de tierra desarmando la embarcación y rearmándola del otro lado, y, además, dicho barco pesaba diez toneladas. Lo que Herzog quiso hacer (y, finalmente, logró), fue trasladar, sin desarmar, un elefante de cien toneladas. El rodaje, incluso, se vio interrumpido por las serias lesiones, en acción, de tres miembros del equipo. El razonamiento detrás de semejante empresa, era que en Hollywood lo hubieran arreglado con una maqueta, “mintiendo”, y Herzog quería que el público percibiera que eso que estaba presenciando había tenido lugar realmente; un esfuerzo sobrehumano real para representar una ficción romántica.

Los personajes protagónicos de los films del director alemán son, usualmente, megalómanos, o inspirados por objetivos inalcanzables. A veces se ven como semidioses, como Lope de Aguirre, el propio Fitzcarraldo y, hasta podríamos decir, Nosferatu. Kinski es el elemento visible común, pero, así también, quien está detrás de las cámaras. Los proyectos seleccionados están cargados del mismo misticismo que sus protagonistas.

En “Fitzcarraldo”, tras el ofrecimiento de aniquilar a Kinski, Herzog decidió utilizar, actoralmente, esa energía negativa de la tribu dirigida hacia su estrella en la siguiente escena. Al mismo tiempo, subió con su protagonista y su camarógrafo a un barco que sufría los movimientos del río Urubamba para rodar una escena. Eso sin contar que ya habían rodado una buena cantidad de material, cuando perdió el reparto original entero (que incluía a Jason Robards y Mick Jagger) y tuvo que empezar de nuevo (esta vez con Kinski como protagonista). En “Nosferatu”, para la llegada del Conde Drácula, Herzog quiso soltar 11.000 ratas en la ciudad de Delft, pero el alcalde de la ciudad se negó rotundamente, así que fueron a otra locación cercana. No sólo eso: Herzog quería ratas grises, pero sólo habían podido conseguir blancas, así que las pintaron. Para “Corazón de Cristal”, incluso hipnotizó a su elenco, porque, como dijo en una entrevista: “¿cómo hacer para que representaran este estado de sonambulismo, de trance? Entonces, se me ocurrió, ‘¿por qué no hacerlos actuar bajo hipnosis?’ La pregunta número uno era si podías hipnotizar a alguien de forma tal que abrieran los ojos sin despertar. Sí, se puede. Segundo, ¿pueden dos personas bajo hipnosis comunicarse? ¿pueden entablar un diálogo? Sí, pueden.”.

Werner HerzogPor eso, cuando en Herzog ficción y realidad, romanticismo y mera megalomanía se mezclan, se confunden sin que sea posible distinguirlos con claridad, es posible ver en su documental “Mi enemigo íntimo” un retrato de sí mismo, pero a través de Kinski. Este es retratado como una suerte de fenómeno de la naturaleza, una salvaje y temible, pero una hacia la cual Herzog navega permanentemente llevando a toda su tripulación con él.

Enlances externos:

El barco de Fitzcarraldo
Entrevista a Werner Herzog por Keith Phipps
Ensayo sobre Werner Herzog por David Church
El Nosferatu de Herzog
Biografía de Herzog en la Enciclopedia Cinematográfica Baseline

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