Por mucho tiempo he asociado a Adam Sandler con las comedias románticas, sobre todo durante la década de los 90, pero parece ser que el actor ha dado un paso más allá en este género y aunque sus películas no dejan de ser comedias con algo de amor, se ha unido al estilo de humor de Judd Apatow y sus seguidores, ya que el reconocido director ha sido uno de los guionistas de la película Zohan: licencia para peinar, junto con Adam Sandler y Roberto Smigel.
Zohan: licencia para peinar es una película acerca de un Israelí que luchó contra el terrorismo en su país y que dejó de efectuar esa labor, cansado de los canjes del gobierno entre los cabecillas terroristas que él capturaba por rehenes civiles o militares.
Como salida a su problema Zohan (Adam Sandler) finge la muerte en un combate terrorista con El fantasma (John Tunturro) y se muda a Nueva York a seguir el sueño de ser un estilista reconocido, además de encontrar un lugar más pacífico donde vivir.
No obstante, la vida en Nueva York no es tan fácil como él imaginaba, aún así y ya apunto de renunciar a su sueño, encuentra un lugar en donde puede dedicarse a lo que le gusta. Zohan sólo puede conseguir trabajo de barredor en un salón Palestino, cuya dueña es la encantadora Dalia (Emmanuelle Chriqui).
Allí, Zohan pronto se hace popular entre la clientela femenina de la tercera edad, no sólo porque adula mucho a las clientas, o porque les hace un corte de los 80 sacado de un libro de Paul Mitchell de hace dos décadas, sino porque luego de los cortes de cabello las lleva a la trastienda y las atiende sexualmente.
Sin embargo, la sombra de haber sido un agente antiterrorista lo perseguirá hasta la ciudad de Nueva York, donde tendrá que encarar todos sus fantasmas.
Zohan: licencia para peinar es una película que viene en la misma línea en la que se encuentran las películas que últimamente ha estado protagonizando Adam Sandler como Os declaro marido y marido, Click o Los Calientabanquillos, en donde podemos un patrón en la carrera de este actor en donde las comedias bajas resultan tener muy altos beneficios.

Las películas de Sandler parecen ser ahora una especie de experimento filosófico, es decir, ¿Cuán floja y estúpida puede ser una película y así mismo seguir haciendo dinero? Y parece que el experimento filosófico va muy bien, porque la película es impresionantemente mala.
Y no lo digo con menosprecio, no soy una persona que mira el cine, y en este caso el trabajo de Adam Sandler, desde una alta torre hacia abajo. A lo que me refiero es a que pienso que allí radica su éxito, es una excelente mala película y otra sería la historia si habláramos de una película mala mediocre, como tantas que suelen abundar.
En esta película y en el caso de muchas otras películas de Judd Apatow o que al menos cuentan con su intervención, hay momentos en el que simplemente no se puede creer que un estudio tan grande como Sony Pictures, en este caso, se haya arriesgado (por decirlo de alguna manera) a poner una película con un argumento como el que tiene Zohan, en la gran pantalla.
En ciertas escenas de la película uno se siente en shock por las cosas que transmiten y es como si nos abrieran los ojos enseguida y no digo que no me haya gustado, porque estaría mintiendo. A mi Zohan me encantó como película, sólo que aún cuesta adaptarse a ese tipo de humor en el cine, que está dando muy buenos resultados.

Creo que el problema, en cierto punto, radica en el tipo de humor de Zohan: licencia para peinar. Aquí tenemos un humor más cotidiano que la película lleva a los extremos y a lo exagerado. Ahora, en cierto modo muchos se ven reflejados en la pantalla grande y nos reímos con algo que nos podría pasar, algo que es chocante, pero aún así no deja de ser divertido.
Lo asombroso de todo esto es que Zohan intenta colocarse como una película que lleva un mensaje debajo de las risas, representando cómo en los Estados Unidos el grupo de los israelíes y de los palestinos consigue salir adelante. Pero vemos también una abundancia de estereotipos en Zohan como utilizar el producto hummus para casi todos los usos que se le puedan dar, desde una crema dental a un ignífugo. En ese sentido es ambigua.
Por otro lado, el papel de Rob Schneider pasa desapercibido y hasta se podría pensar que sus dotes artísticas se ven desperdiciadas, aquí interpreta muy bien a un palestino, pero se extrañan sus actuaciones más cómicas, como en el caso de películas anteriores que ha estado protagonizando.
Lo que si me queda claro es que con esta película la influencia de Judd Apatow y de su humor en las comedias de hoy en día es una realidad evidente e imparable. En Virgen a los 40 podíamos apreciar algunos visos de lo que más adelante vendría y que se ha convertido en un tipo de humor muy identificable, un poco grosero, pero sobretodo real y muy divertido, un humor bizarro y que antes no se había usado con tanta sabiduría y desfachatez en el cine.


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