Cumbres Borrascosas, producida en 1939 con la dirección de William Wyler y basada en parte de la obra homónima de la poeta y novelista británica Emily Brontë, es uno de los films melodramáticos más reconocidos del período de oro del cine Hollywoodense.
El film comienza con una secuencia en la que un individuo busca guarecerse de la nieve y recurre para ello a la hospitalidad de los habitantes de la mansión Wuthering Heights donde habría de pasar la noche. Al llegar a la habitación que su dueño, Heathcliff (Lawrence Olivier) le destinara, escucha a lo lejos, perdida en el páramo blanco, la voz de una joven. Pronto se dirige al ama de llaves, quien comienza a narrar al invitado el origen de tal sonido, instaurando un gran flashback en el relato que durará casi la totalidad del film. Su relato tomara lugar a comienzos del siglo diecinueve y aludirá a la familia Earnshaw cuyo padre, a la llegada de un viaje comercial, presenta a su esposa e hijos, Cathy (Merle Oberon) y Hindley (Hugh Williams), un pequeño andrajoso al que rescató de que le apresaran. El nuevo integrante es mal visto por éste último pues le considera un intruso que nada tiene que hacer allí excepto servir, mientras que desarrolla con la pequeña Cathy una estrecha relación de amor inocente que habrá de prolongarse hasta su adultez. Es entonces cuando Hindley adquiere el mando sobre Cumbres Borrascosas, luego del fallecimiento del padre de la familia, y nombra, finalmente, a Heathcliff encargado del establo.
En uno de los frecuentes encuentros de la secreta pareja escuchan desde la ladera de la emblemática Peniston Craig un particular música que luego veremos, proviene de la casa de sus vecinos, la familia Linton. Es así que furtivamente se aproximan a la mansión y espían hacia adentro donde hallan una suntuosa fiesta pero son sorprendidos inmediatamente por perros guardianes que, en su intento de escape, toman a Cathy del tobillo y la retienen dentro de la mansión. El bullicio generado llama la atención de los dueños e invitados que pronto auxilian a la joven que habrá de quedarse al cuidado de los Linton por un período indeterminado. A su regreso a Cumbres Borrascosas la veremos ya vestida y con gestualidad propia de una muchacha de sociedad; Heathcliff habrá de reprocharle su transformación y logrará, al menos temporalmente, recobrar a esa simple niña, salvaje e inocente de la que se enamorara. Poco tiempo después Cathy reincidirá en este abrupto cambio al esperar la llegada de Edgar Linton, el joven vecino que la pretende (David Niven), ello originará una discusión final que hará evidente la distancia entre ellos y junto con la aparente boda que pronto habrá de celebrar la distinguida pareja, originará la huída del doliente despechado. Es aún así evidente que el rechazo de la joven Cathy se debe a un embelesamiento en que se contraponen comodidades y prosperidad económica que su prometido puede ofrecerle, garantidas y reconfortantes, al verdadero y errante amor de Heathcliff, que en su angustia se dirige a América a probar suerte. A su regreso adquiere la mansión mediante el pago de las deudas de Hindley, para entonces un ebrio e iracundo personaje que ha perdido toda la fuerza que portase al comienzo del film, y reanuda el contacto con Cathy, desposada, instaurándose un vínculo de tensión que oscila entre una suerte de pretendido y protocolar desprecio y una irreverente atracción.
La culminación del film no se produce a la manera literaria pues toma de la obra original solo los primeros dieciséis capítulos de un total de treinta y cuatro; además sabido es que la transposición de una obra de un dispositivo a otro conlleva necesariamente ciertos cambios, pues el material, en principio, difiere en tanto se trata de imágenes, no ya de palabras. Asimismo cabe destacar la injerencia del momento cinematográfico, hablamos de la época del cine de oro de hollywood en que la imperante tríada de sistemas regía las producciones: un sistema de estudios garantizaba a los mismos el poder sobre la producción, distribución y exhibición del film, mientras que un sistema de estrellas transformaba a los actores en grandes y mitológicas personalidades para lograr, particularmente con la cooperación de los medios de prensa, su obtención de la favorable y dirigida opinión pública, y hacer rentables sus apariciones. Finalmente un sistema de géneros instauraba normativas en la producción de las narraciones de manera tal que cada una perteneciese a una tipología específica con un rango limitado de líneas de conflictos prefijadas, elementos, personajes y paisajes emblemáticos y ciertas cuestiones relativas a valores morales e ideológicas constantes, con un pequeño margen para la libre invención. El melodrama en particular cuenta con el implemento, por ejemplo, de instancias de oposición, aquí representada, en principio, por las dicotomías riqueza/pomposidad – pobreza/austeridad y en íntima relación la mesura/lo salvaje o quizás lo pulsional. También hallamos una suerte de héroe en Heathcliff pues logra superponerse a su contrario, Hindley (que desde el comienzo es irrevocablemente identificado como el personaje abyecto), adquiriendo finalmente su objeto de deseo, luego de un extenso y tortuoso periplo. Asimismo, como es propio del género, las emociones son fuertes, la gestualidad aún más enfática, y la estructuración cronológica y narrativa es llanamente entendible.
Puede decirse que aún habiéndo tomado parte de la obra original y realizado ciertas modificaciones sobre el contenido de la narración, la búsqueda de la pieza total de la escritora se ve presente en el film: es imposible, algunos de sus entendidos dirán, contrariar los deseos del amor.
Por su parte la estructura del relato propuesta por el director ha sacado provecho de ese margen creativo posible y ha implementado recursos como la profundidad de campo, focos lumínicos para crear suspenso o intimidad, planos cortos para incrementar la tensión dramática y cámaras contrapicadas que mostrasen los techos para generar un efecto opresivo.
Si bien Wyler ha sido concebido como un exponente más entre los directores bajo la opresión del sistema de producción cinematográfico hollywoodense y el film responde sin dudas a sus cánones redituables, es recomendable en tanto proporciona un interesante manejo técnico y una trama atrapante correspondiente a una obra que ha sido validada por la historia literaria.



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1 Comentario en “Wuthering Heights”
[...] disposición de detalles coherentes con el desarrollo de la acción y el implemento, en casos como Wuthering Heights, Ben Hur y Jezebel, de elementos de fidelidad histórica, contribuyen a las fuerzas dramáticas que [...]