Film basado en la novela homónima, en algunos elementos autobiográfica, de la celebrada escritora norteamericana Harper Lee y con la dirección de Robert Mulligan junto con el multipremiado Horton Foote como autor del guión, To kill a mockingbird (1962) ha sido reconocida como la adaptación de una de las obras más significativas de la literatura norteamericana por la gran profundidad cultural e histórica propuesta. La entrañable cinta pretende, con gran fuerza, establecer un poderoso alegato en provecho de la dignidad, en detrimento de los instaurados prejuicios raciales vigentes hacia la década de 1930, época en que se propone la obra, particularmente en el sur de tal país.
La historia se desarrolla en un ínfimo pueblo en el estado de Alabama, poco después de la
crisis económica, con la narración de la pequeña Scout Finch (Mary Badham y Kim Stanley cuando grande), que en la novela original habría de representar a la autora. Evocando su niñez comienza la pieza que progresivamente nos presenta un poblado apacible y conservador, sin prisas pues “no había donde ir, nada que comprar o dinero con qué hacerlo”. Allí habita una bella casa junto a su hermano Jem (Phillip Alford) y su padre Atticus Finch (Gregory Peck), un humilde abogado defensor que ha quedado viudo cuatro años antes y debe, por tanto, mantener solo lo que ha quedado de su familia. Veremos pronto que el vínculo entre este y sus pequeños es verdaderamente fuerte y en sus maneras notaremos una gran delicadeza pretendiendo hacer de ellos personas respetables y bondadosas aportando, asimismo, el ejemplo para fundamentarlo.
Tendrá oportunidad de ello en el próximo caso, controversial, en que habrá de participar defendiendo a un muchacho afroamericano, Tom Robinson (Brock Peters) sobre el cual no se hará, en principio, afirmación alguna sobre los cargos por los que es acusado. Jem y Scout junto con su peculiar compañero de travesuras Dill Harris, quien casualmente representa al amigo de la infancia de Harper Lee, Truman Capote, luego de merodear por la casa de una extraña familia de vecinos en busca del hijo que parecen ocultar por insanía, se dirigen hacia la corte donde Atticus habrá de desempeñar su labor.
Una breve mirada desde la perspectiva de los niños a través del gran ventanal nos describirá con ingenuidad una violenta imagen en que el muchacho, llorando, parece encontrarse a la merced del violento fiscal. Poco después será develado que el cargo refiere a la violación de la pequeña Mayella Ewell (Collin Wilcox) cuyo padre (James Anderson), en un alterado estado, se aproxima a Finn y le cuestiona el haber aceptado defender a Robinson que además de representar una ofensa por su posible acto parecía hacerlo también por el color de su piel. El abogado, libre de tales obtusos conceptos y conciente de sus obligaciones como profesional evita respuesta alguna. Aquella noche éste se dirige junto a los niños al hogar de la mujer de su cliente para adquirir información sobre
el asunto mientras que el Sr. Ewell, inesperado y grotescamente ebrio, se dispone frente al auto y dirige su sombría mirada a los niños. Rápidamente Atticus percibe la situación y sale para protegerlos de la desagradable figura que, pronto, comienza a insultarle. Sin más, sube al coche y se encamina de retorno mientras lamenta no tener la posibilidad de alejar a personas como aquellas de sus pequeños. En una charla posterior se enfatiza aun mas en la moralidad del personaje que reprende con afecto a su hija por defenderle violentamente ante el comentario de un compañero que le criticaba por responder a un ‘negro’. Sin hesitar, mantiene su postura no solo frente a la niña a manera de enseñanza moral sobre la palabra y la dignidad, sino también frente al pueblo que con ánimo de linchar a Robinson se avalancha sobre la cárcel local donde éste aguarda su juicio. Desde aquí comienza a desarrollarse in crescendo la narración que será dirigida por la acción de Finch en su rol de abogado, de firmes y abiertas creencias, y de padre devoto deseoso de guiar a sus niños en el valor de sus acciones.
El film presenta una poderosa colaboración actoral por parte de Gregory Peck que, con gran pasión y elocuencia, se instaura como eje del film encarnando a una suerte de héroe de tierra adentro en la búsqueda férrea de una justicia superadora de los insensatos preceptos por los que se rigen muchos de los habitantes del pueblo. Con ello no solo habría de reivindicar una oprimida figura colectiva sino que a la vez habría de presentar un maravilloso ejemplo para sus hijos, cuya crianza adopta con gran responsabilidad.
La labor de los niños resulta por igual atractiva pues logran complementarle con gran naturalidad aportando un mixtura entre la ingenuidad de un infante y una suerte de madurez matizada. Mediante ellos se presenta la obra y es por esto que adquiere una peculiar calidez y familiaridad.
To kill a mockingbird no solo recibió una cálida acogida por parte del publico sino tambien por la crítica especializada y en el seno de festivales y ceremonias donde obtuvo múltiples galardones y nominaciones.


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1 Comentario en “To kill a mockingbird”
Esta peli es un clasicazo, lo que pasa es que no es tan conocida como otras. Pero desde luego, junto a 12 Hombres sin Piedad, es seguramente el mejor drama judicial que se ha hecho. Y eso que ha habido pelis bastante notables en ese campo.
Es de esas que hay que ver.