Escrita, protagonizada y dirigida por el genial Charles Chaplin en el año 1928, The Circus propone una hilarante y romántica historia silente que muestra las peripecias del entrañable Charlot en su usual vagabundeo presentando aquí no solo un preciso humor físico, como es habitual, sino a la vez una suerte de esbozo sobre la comicidad y lo clownesco en la práctica. Si bien la producción del film contó, entonces, con una serie de severos contratiempos como el incendio del estudio donde se ésta se rodaba y cuestiones personales en las que su protagonista se vio inmerso, su divorcio con la actriz Lita Grey y la demanda que le acusaba de evasión de impuestos, The Circus le valió dos nominaciones a los premios de la Academia y un galardón especial por “versatilidad y talento en su actuación, creación del guión, dirección y producción”.
La obra comienza en un humilde circo dirigido por Allan Garcia (Al Ernest Garcia), su recio e impasible dueño que, con gran desdén observa el acto de su joven hija Myrna (Merna Kennedy). Montada a un caballo debe saltar a través de un aro mas este malabar parece resultarle imposible, es así que luego de una serie de intentos su padre, severo, la reprende, le prohíbe comer su cena aquella noche y con violencia la empuja contra los decorados. Humillada y con gran temor le veremos salir de cuadro. A su salida ingresa un grupo de veteranos y oxidados payasos que demostrarán al despótico director, de forma poco grácil, su número cómico. Entre tanto veremos lo que sucede fuera de la carpa circense, donde un ladronzuelo ejerce su oficio con destreza sacando silenciosamente las billeteras de sus bolsillos mientras evade la vista policial, sin embargo, poco después es observado por un oficial que sigilosamente se aproximará a él. En un desesperado intento por escapar deja una de ellas en el bolsillo de nuestro Charlot, que por allí se hallaba, y poco después de que se hubiese alejado el policía, el ladrón vuelve a recobrar lo que ha hurtado. Esta vez es atrapado y, por un malentendido, la pertenencia es ‘devuelta’ a Charlie que, presto, se dirige a un puesto de comidas.
Pronto el verdadero dueño aparece y comienza entonces una cómica persecución por los alrededores del circo para finalizar en el interior de la carpa, donde para entonces, el grupo de lamentables payasos intentaban penosamente obtener algunas risas. La torpe irrupción de Charlot genera carcajadas, inesperadamente, por lo que, una vez que ha escapado y ha logrado guarecerse en un de las carrozas de los empleados, es hallado por el dueño que, entusiasmado por el éxito, le invita a audicionar a la mañana siguiente. La noche ha transcurrido y nuestro protagonista se dispone a tomar un precario almuerzo, mas pronto es acompañado por la pequeña Myrna que, hambrienta, se vio atraída por el aroma de su comida. Ambos parecen simpatizarse pero la conversación es en seguida interrumpida por Garcia que llama para su prueba. Intentando adrede parecer gracioso actuando torpemente solo logra el descontento del director que, sin dudarlo, retira su oferta. Sin embargo es pronto tomado como asistente durante el show pues algunos empleados han renunciado súbitamente, y es aquí cuando, involuntariamente, comienza a equivocarse y es ello lo que parece
resultar al público gracioso pues no hay ya artificios sino una verdadera torpeza. Así el tiránico dueño decide mantenerlo como ayudante utilizándolo, sin embargo, como personaje estelar en el show sin que éste lo sepa. Sucede un tiempo y el número otorga gran popularidad a su circo mas es pronto su hija quien, al corriente de este manejo, se dirige a su amigo Charlot y le comenta sobre ello. García, enfurecido, amenaza con golpear a la muchacha pero el heroico protagonista rápido se interpone para defenderla demostrando con ello su gran interes por la muchacha. Ésta pronto recibe una predicción de una de las videntes del espectáculo afirmando que el hombre de su vida se halla más cerca de lo que cree, entonces Charlie, que ha escuchado la conversación, se acicala pensando que es él el afortunado mas los suspiros de Myrna son destinados a Rex (Harry Crocker), el equilibrista. Así se plantea el conflicto en el film que se desarrollará llegando a un desenlace algo trágico, sin embargo.
Ésta elección sobre la resolución final de The Circus y su fallida produción coinciden, en parte, con el período de su separación de Grey, que para entonces cumplía veinte años. Luego de un matrimonio de cuatro años, la joven se avocó a la difamación del talentoso artista a quien acusó de haberle engañado, pedido que realizase un aborto y cometido actos adúlteros, entre otras tantas denuncias. De ello sobrevino una frenética cobertura por parte de los medios, que sin resguardo conjeturaban y lucraban con las penurias de la pareja, mas también la iglesia católica y protestante tomaron parte en el asunto pretendiendo evitar la distribución de su film. Una vez que se hubo determinado el monto que Chaplin debía transferir a su ex esposa, éste emitió un cheque por una cifra asombrosa que poco sería en relación a la suma de impuestos que sería culpado por haber evadido. Como si esto resultase poco, pronto un vendaval se llevó consigo la carpa principal, en que se produce gran parte de la acción, en otra ocasión una parte del set entró en llamas junto y al final de la producción, el rodaje sufrió el fundamental robo de un carruaje.
Independientemente de ello, el film resulta maravilloso pues la bella narración y las actuaciones en que, por supuesto, se destaca el genial Chaplin, son de indudable valor.


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