Obra maestra del cine clásico de terror americano dirigida en el año 1963 por el extraordinario Alfred Hitchcock, The Birds propone una peculiar y simbólica trama basada parcialmente en una obra de la corta historia homónima de Daphne du Maurier en conjunción con un maravilloso uso de las técnicas de producción logrando una pieza compleja y, sin dudas, en extremo original para su momento cinematográfico.
El film nos sitúa inicialmente en una tienda de mascotas de San Francisco donde la protagonista, Melanie Daniels (“Tippi” Hedren), se halla con el objeto de recoger un ave que habrá de obsequiar a su tía. Es allí donde se produce el encuentro con la poderosa figura masculina central, Mitch Brenner (Rod Taylor), abogado, quien pretende confundirle con una vendedora preguntando por un par de lovebirds (o agapornis), a lo que ella responderá con presteza como si lo fuese verdaderamente. Pronto revelará haberla reconocido desde un comienzo pues no era este su primer encuentro sino en una corte de justicia, mas se irá con las manos vacías e insultado por la joven. Melanie, intrigada y algo atraída, luego obtendrá información sobre su nombre y lugar de residencia por medio del número de placa y contactos especiales. Es así que la veremos pronto conduciendo por la ruta hacia Bodega Bay, un pequeño pueblo donde se supone, se halla Mitch durante el fin de semana, llevando consigo una jaula con dos pájaros que depositará a escondidas en su casa. En el trayecto que separa al hogar de éste y la costa es embestida inesperadamente por una gaviota. Brenner que la había divisado a la distancia, para entonces había tomado ya su camioneta y la esperaba del otro lado, donde la recoge y lleva a un restaurant local para atender la herida. En medio de un juego ambiguo de seducción invita a la joven a cenar en su hogar y le presenta a su viuda madre (Jessica Tandy) quien casualmente entra al local en medio de la conversación. Una primera impresión nos mostrará la escasa felicidad que produce en ella la noticia de la nueva invitada. Al arribar por la tarde a la velada es presentada a la hermana menor de Mitch, Cathy, con quien entabla rápidamente una amistosa relación y quien le invita a su cumpleaños, que se realizaría al día siguiente. Hasta entonces veremos algo más del desarrollo del vínculo establecido entre ella y los integrantes de la familia con una evidente tensión en el caso de Lydia, la madre.
Es durante la celebración que se produce un nuevo ataque por parte de las aves, esta vez en mayor cantidad que, con absoluta violencia, arremeten contra los pequeños invitados generando un caos y la pronta necesidad de guarecerse dentro de la casa. Sin razón aparente estas ocasiones extrañas comienzan a hacerse más frecuentes.
Finalizada la desastrosa fiesta vemos a la familia en su living discutir qué sería más conveniente para Melanie aquella noche pues implicaría un gran riesgo salir por la carretera sola; pronto escucharemos el sonido anticipatorio de una bandada de gorrione
s que sin previo aviso entrarán por hogar y aletearán desesperados por la habitación. Un fundido encadenado nos mostrará lo que ha quedado de ella al día siguiente.
El descubrimiento que hará Lydia de una atroz muerte por obra de estas bandadas la llevará al reposo y, en una comprometida charla, afirmará su temor a ser abandonada por el hijo, su única figura masculina, luego de la muerte de su esposo. Al observar su estado Melanie se ofrece a recoger a Cathy del colegio pero nuevamente, veremos una desesperante embestida, para entonces las aves son objeto de preocupación de todo el pueblo y generan diversas teorías sobre su origen ancladas principalmente en cuestiones religiosas y de orden científico. A partir de aquí podríamos considerar la instancia final de resolución del film que, finalmente, no concluirá de una forma específica sino abierta a la libre comprensión.
La cuestión que perseguirá al espectador luego de ver la obra es similar a la de los habitantes locales, ¿Cuál es el origen del comportamiento de las aves?. La narrativa permite concebir múltiples interpretaciones, más fácticas o simbólicas, pero es inevitable hacer la relación entre los pájaros y Lydia pues si bien los ataques comienzan antes que esta conociera a Melanie, también sucede que previo a los mismos siempre veremos su mención o aparición con un correspondiente y en extremo sutil gesto o comportamiento, como si hubiese una suerte de invocación mística ante el temor de su soledad que pudiese alejar a la joven de Bodega Bay y, quizás, de la vida de su hijo. A fin de cuentas, allí está la grandeza de la obra, en el alejamiento del cliché y de las explicaciones excesivas para dar paso a la ambigüedad y trascender el tiempo de proyección.
En términos técnicos es importante destacar la carencia de banda de sonido melódica para la ambientación y producción de suspenso, solo algunos específicos y sobre todo el los silencios logran implementarse como un desesperante acompañamiento. Así también resulta llamativo el origen no natural de los violentos graznidos que anuncian próximos ataques pues provienen de un instrumento electrónico llamado trautonio que los produce artificialmente. Es asimismo maravilloso hallar ciertos guiños o elementos que tienen coherencia con la narrativa de la obra o aportan conceptos simbólicos y solo un espectador atento puede distinguir. Para la representación de las aves, por su parte, se emplearon verdaderos especimenes en la locación, otros tantos disecados y aun más insertados por medio de montajes para dar por resultado una obra única. Recomiendo, para una mayor comprensión de la forma de dirección y producción técnica y simbólica del film, consultar la entrevista de François Truffaut a Alfred Hitchcock cuyo enlace se encuentra aquí y, complementarlo, sin dudas, con el visionado comprometido de este maravilloso film.


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