The big sleep (conocido también como El sueño eterno) es ciertamente uno de los clásicos del film noir hollywoodense, alabado por el ingenio de su compleja trama y las interpretaciones de la dupla estelar compuesta por Lauren Bacall y Humphrey Bogart, quienes compartían un segundo trabajo juntos frente a las cámaras como así también un matrimonio recientemente iniciado, lo que sin dudas influyó en la convocatoria de la cinta. Su producción finalizó en 1945, mas fue por su trama relativa a la guerra, estrenada el año posterior a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, y contó con la dirección del prolífico Howard Hawks, con quien la pareja había trabajado ya en To have and have not hacia 1944. La historia original surge de la obra literari
a homónima del escritor Raymond Chandler y la labor dispuesta sobre la creación del guión llevada a cabo por William Faulkner, Leigh Brackett y Jules Furthman, quienes debieron recurrir al autor para esclarecer la trama de su libro pues no podían hallar al autor del crimen. Se comenta que Chandler, luego de releer parte de éste confesó tampoco saber quien era el asesino de manera que, parece ser, lo dejó a criterio de los adaptadores.
El film tiene por protagonista al detective privado Philip Marlowe, encarnado por Bogart, quien en su inicio acude a la lujosa mansión del viudo General Sternwood (Charles Waldron) pues le ha convocado para asignarle dos tareas específicas. Una de ellas consiste en detener el creciente chantaje al que se encuentra sometido debido a las aparentes deudas de juego que su consentida hija Carmen (Martha Vickers) ha contraído con el dueño de una librería, Arthur Geiger. Asimismo espera de él la indagación y hallazgo de su guardaespaldas personal, Sean Regan, quien luego de encargarse de la primera amenaza recibida ha desapareció bajo circunstancias misteriosas. Señalados los cometidos, Marlowe se dispone a salir de la gran casa mas es pronto interceptado por la recta e impasible hija de su empleador, Vivian Rutlidge (Bacall) que pretende descubrir cuál ha sido la misión por la que su padre le ha contratado y exige se maneje el asunto de manera tal que éste no deba preocuparse. Sus maneras mordaces instauran, si embargo una tensión a la que subyace una clara atracción que, veremos, es también recíproca.
Luego del encuentro, la narración nos llevará a la primera acción del detective para la resolución del asunto, la visita al local del sospechoso Geiger donde fingirá estar en búsqueda de una serie de libros para pasar desapercibido. De inmediato es atendido por una antipática asistente que pretende deshacerse de él afirmando que las obras por las que pide no se hallan disponibles, mas es entonces cuando observa a un individuo entrar por una extraña puerta trasera a la habitación contigua en la que advierte pil
as de publicaciones y papeles. La clara evasión de la empleada junto con el sospechoso cuarto avalar la hipótesis del detective, que ha sido previamente enunciada en la narración, Geiger se dedica en verdad a la venta de libros pornográficos y su local no es más que una fachada para esconder el real comercio ilegal. Marlowe se dirige entonces al negocio frente a la librería para aguardar a la salida del dueño y entonces perseguirle. Su auto pronto se detiene frente a su mansión a la que, sorpresivamente, también arriba la joven Carmen. Un breve instante transcurre hasta escucharse un disparo y un grito, es así que el protagonista corre hacia el interior de la casa para hallar al hombre tendido sobre el piso, muerto, y a su lado a la muchacha vestida con un traje oriental para colaborar en una de sus producciones pornográficas. El caso parece progresivamente complejizarse y, de hecho hacia fines de la historia ninguno de los grandes interrogantes son respondidos claramente, sin embargo, el valor de la obra radica, entre otros factores, en la construcción de la narración y el suspenso que trae aparejado.
Una posterior versión de The big sleep fue realizada en 1978 con la participación de Robert Mitchum y la joven Sarah Miles. En ella se produce la transformación de la atmósfera de la década de 1940 en la ciudad de Los Ángeles en el ambiente londinense tres décadas posterior, lo que altera por completo el sentido de la narración. Algunas cuestiones ‘menores’ también son modificadas como por ejemplo la edad del protagonista que, en la primera versión, se halla en sus treinta mientras que en la posterior el actor principal le dobla en edad. Con ello se instaura una historia que, si bien para algunos, se atiene más a las palabras de la obra original, carece, entre otros puntos, del halo encantador, particular, cuasi mitológico, del cine clásico hollywoodense y sus rutilantes figuras.


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