Clásicos, Directores

Jezebel

Por Laura M., en 10 de Julio de 2008

La filmografía del director alemán William Wyler ha sido objeto de múltiples opiniones pues contó con múltiples galardones por parte de la Academia mas para entonces una clara desestimación por los críticos especializados que simplemente la hallaban integrada en la dinámica mercantil de la cinematografía de oro hollywoodense. Sin embargo un creciente reconocimiento ha sido desde entonces dispuesto sobre parte de la obra del realizador que, en el seno de tamaño sistema, mantuvo personales preceptos a la hora de estructurar el relato y la construcción y disposición del material plástico.

Wyler ha sido distinguido por un carácter en extremo meticuloso en lo respectivo al montaje de sus espacios, la concienzuda disposición de detalles coherentes con el desarrollo de la acción y el implemento, en casos como Wuthering Heights, Ben Hur y Jezebel, de elementos de fidelidad histórica, contribuyen a las fuerzas dramáticas que rigen la historia y permiten instaurar ambientes de gran atractivo emocional y visual. Se destaca, asimismo, en su forma de trabajo el particular interés por la selección de ángulos y emplazamientos de cámara adhiriendo, en circunstancias, una interesante divergencia del concepto de la cámara como medio transparente. Con respecto al cast sus expectativas eran igualmente precisas pues es sabido que podía incluso rodar tomas en forma interminable hasta hallar aquella expresión deseada. El mencionado film Jezebel no es de ello excepción. Su producción fue realizada en el año 1938 en base a la pieza teatral original del dramaturgo estadounidense Owen Davis. Bajo el género melodramático y con un elenco compuesto por figuras como la celebre Bette Davis, para quien el rol protagónico en esta cinta fue el primero en su carrera, y Henry Fonda surge esta obra ambientada en tierras estadounidenses, precisamente en Nueva Orleáns, hacia mediados del siglo XIX.

El film tiene por protagonista a la joven Julie Mardsen (Davis), una bella muchacha sureña de espíritu indomable, carismática y proveniente de una familia adinerada. La narración enfatiza su carácter en las primeras escenas como así también su compromiso con Preston Dillard (Fonda), prometedor banquero de profesión. Veremos que luego de la fiesta de compromiso realizada en la gran mansión de los padres de la protagonista a la que, por cierto, entra estridentemente vestida con sus ropas de cabalgata, el muchacho debe de concretar una breve reunión en el banco local con el objeto de cerrar un trato con un grupo de inversores. Posteriormente habría de acompañar a su prometida a buscar un vestido apropiado para el pomposo y tradicional baile que se llevaría a cabo la noche siguiente mas luego de una corta espera en el carruaje la intempestiva joven ingresa al establecimiento e interrumpe inoportunamente exigiendo a su futuro esposo que deje sus ocupaciones y se dirija con ella al local de ropas. Julie finalmente deberá partir sola dada su lógica y esperada negativa. Es así que pronto le veremos en la tienda donde, enfurecida, elegirá un amplio y llamativo vestido rojo, considerado vulgar e inapropiado para una reunión de sociedad, donde las mujeres aun no casadas deben vestir blanco, pues en parte pretenderá con ello avergonzar a Preston y demostrar su absoluta autonomía.

Tanto aquél como sus familiares pretenden disuadirla mas su obstinación parece ser más potente. A la llegada al gran baile Olympus, la pareja es recibida con perplejidad por los presentes y ello es aun más notorio al disponerse estos a bailar en la vasta pista circular en que el delicado vals parece contrastar con su estridente prenda. Julie comienza a arrepentirse de su decisión y pide a su prometido le acompañe de regreso a su hogar, sin embargo este, demostrando su autoridad y la consecuencia de su elección, se queda en la pista y le obliga a seguirle. Poco después de esta escena les veremos discutir, Preston se despide de ella e implícitamente anuncia el fin del compromiso, a lo que ella responde con despecho y una bofetada. Es así que mientras ella, recluida en su habitación, espera que el muchacho retorne para disculparse por su accionar, éste se dirige al norte por motivos laborales. Un año después habría de regresar a Nueva Orleáns, azotada ahora por una inclemente epidemia de fiebre amarilla que posteriormente en el film tendrá una fundamental importancia. Julie le ha esperado con extrema anticipación, segura que su querido ha vuelto por ella, razón por la cual organiza una cálida reunión de bienvenida. Pronto veremos el reencuentro a solas de los antiguos prometidos, la muchacha viste ahora un imponente vestido blanco y se arrodilla a sus pies disculpándose y, con una humilde expresión, ruega le ame como ella a él. Sin embargo, inesperadamente para nuestra protagonista, una bella joven se asoma por detrás de los hombros del banquero a la que éste presenta como su nueva esposa, Amy.

Desde aquí se plantea el desenlace de este conflicto que si bien resulta en extremo recurrente en las obras del género melodramático, debe contemplarse conjuntamente con la atractiva propuesta del director en su minuciosa construcción del relato.

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