Clásicos

Buenos Días Vietnam

Por Andrés Arellano, en 19 de Diciembre de 2008

Barry Levinson es un director fenomenal, especialmente en la década de los ochentas, cuando mostró su lado más versátil para retratar duros dramas humanos, de una manera muy sensible y bella, que permitía que sus películas fueran disfrutadas por todo el mundo.

De Levinson lo que más llama la atención de todas sus películas, es que cada una de ellas lleva un trabajo de cámara sumamente clásico y elegante, con una mise en scène muy somera, que le permite al director tocar temas profundamente dramáticos, de una manera muy ligera y con la capacidad de llegarles a todo el mundo. Su visión es muy dirigible para cualquier público, quien goza con sus filmes, pero que indudablemente queda con un mensaje, con una película que le hace generar una opinión sobre algo, que con otro director podría considerarse muy controversial. Es allí donde radica la genialidad de este director, mostrar conflictos humanos o políticos que son muy controversiales, desde una perspectiva muy fresca y tranquila, que llega a un público masivo.

En 1.986 este director lanzó “Buenos Días Vietnam“, protagonizada por un joven pero inmensamente talentoso Robin Williams, inspirada en los hechos de la vida real del locutor de radio durante la Guerra De Vietnam, Adrian Cronauer. Tomándose muchas licencias creativas frente a la historia real, la película dirigida por Levinson es fácilmente catalogada como una comedia, pero la verdad es que mucho más profunda de lo que a simple vista parecería ser.

La guerra, cualquiera que sea, es un hecho desastroso y horrible, que contrae muchas consecuencias para todo el mundo involucrado, la mayoría de ellas no deseadas. En medio de ese caos, Adrian Crouer fue un locutor de una emisora en ese conflicto, que inspiró y ayudó a los soldados a seguir adelante, en su misión. No era él una persona pacifica que estuviera en contra de la guerra, la verdad su papel en ella era la de apoyar a los soldados, darles ánimos a seguir adelante y, en ese sentido, está una película con un contenido político muy fuerte, al sentar claramente una posición sobre ella.



En la vida real, Crouer no era tan gracioso y encantador como el personaje de Williams, quien posee una energía verdaderamente envidiable y casi inagotable. Su carisma es atrapante y su genio cómico es inigualable, y la verdad es que es muy fácil encariñarse con él, y sentir mucho apego a su personaje, logrando ponernos de su lado. No obstante, vista la película hoy en día, es imposible olvidar que su papel en esta guerra de carácter imperialista, que conllevó una de las peores masacres de toda la humanidad. Por eso es que es una película difícil de ver.

Absolutamente magistral fue el tratamiento que Levinson dio en ese sentido al film, puesto que logra hacernos reír y gozar con el personaje principal; pero pasado un tiempo nos recuerda en qué momento y en qué condiciones estamos, las que no deberían causarnos ninguna gracia. Las bombas, los atentados terroristas y las masacres, son todos elementos que empiezan a hacerse sentir a medida que la historia avanza. Hay una secuencia hermosa con la hermosa música de Louis Amstrong “What a Wonderfull World”, en la que el director muestra los horrores que los hombres a los que Crouer anima, terminan haciendo.

La película fue filmada en Tailandia, lo que ayudó de manera inmensa a crear un ambiente realista del film. El diseño de producción de la misma fue maravilloso, el que estuvo a cargo de uno de los más cercanos colaboradores de Kubrick, Roy Walker, quien tuvo la capacidad de hacernos creer que la película se había filmado en medio de la mismísima Guerra.

Aprovechando ese bello trabajo, Levinson crea unas secuencias muy contrastadas, en donde en medio de cada una de las vívidas locuciones del protagonista, nos va mostrando lo que fue la guerra para los vietnamitas de a pie: abuso por parte de los soldados, inmensa pobreza para su país y, de manera muy injusta, tener que ver que mientras ellos viven eso, los soldados invasores se daban la buena vida, bebiendo cerveza y aprovechándose de las mujeres de la zona.

A pesar del buen trabajo del director, es de rescatar que esta película funciona completamente por el papel entregado por Robin Williams. Cada una de las locuciones al aire del actor son un deleite absoluto de gracia y buen humor; no obstante, igual de emocionantes e impactantes son las escenas más fuertes, dramáticas y poderosas que el actor tiene que desarrollar. En resumidas cuentas, es espectacular la manera como Williams tiene de hacernos reír; pero al mismo tiempo de hacernos llorar.

Junto a Williams hay en estelar elenco, quienes en esos momentos no eran las estrellas mundialmente reconocidas que hoy en día son. Me refiero con esto, principalmente a Forest Whitaker, quien hace el papel del soldado Edward Garlick, un compañero leal de Crouer, quien además termina relevándolo de su cargo, cuando este deja Vietnam.

Según el mismo Adrian Crouer, sí él hubiera hecho tan solo la mitad de las cosas que el personaje de Williams hizo en el film, él hubiera sido enjuiciado por una corte marcial y muy seguramente dado de baja de la institución castrense. No obstante, de nuevo fue una gran muestra de talento de Levinson mostrar que Crouer era un rebelde, un insumiso, alguien imposible de controlar por la autoridad; pero no porque estuviera en contra de la guerra, puesto que a favor de la misma estaba, sino en pro de su programa de radio y de sus propios intereses personales. En fin, el locutor era un tipo muy gracioso, pero nunca un gran hombre; y eso es lo que se puede quedar al final de esta película.

En el guión de Mitch Markowitz, es notable la posición pro americana del locutor; pero también hay un pequeñísimo espacio para lo que se podría denominar la oposición al pensamiento dominante. Casi disimuladamente, se muestra que el comportamiento de los soldados americanos no era el de un ejército amigo con el pueblo vietnamita, y que de todas formas, así hubieran ido a ayudar a esa nación, fue más el daño que el bien que hicieron.

Cronauer se enamora de una joven vietnamita, lo que lo obliga a convivir con ella y con sus costumbres. De esa manera, el acercamiento entre el protagonista y la cultura de este país oriental, tiene como intención mostrarnos su lado humano, pacifico; así como el sufrimiento al que han sido víctimas por culpa de la política internacional, de la que seguramente no tienen ni idea.

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