
King Kong (1933)
Dentro del cine de terror y de ciencia-ficción, o quizá un poco a caballo entre ambos, existe un subgénero muy maltratado e infravalorado que sin embargo siempre ha tenido muchísima fuerza dentro del cine, contando con algunas de las películas más divertidas y redondas jamás rodadas, capaces de movernos entre la comedia, el horror o el drama en cuestión de minutos. Yo soy un gran aficionado al subgénero de monstruos, y hoy vamos a hablar un poco de él, así como de las cinco mejores películas que entrarían en dicha clasificación.
Lo primero que debemos contemplar es qué películas entrarían en el subgénero y cuáles no. Por norma, deberíamos eliminar todas aquellas que aún teniendo un antagonista monstruoso (por ejemplo, la saga de Freddy Krueger o ‘Tiburón’), sigue sin ser un verdadero monstruo, un ser no humano que amenace las vidas de la humanidad como conjunto, y no la de una o dos personas a quienes acecha. Quizá la línea sea delgada y por supuesto es algo muy subjetivo, estoy seguro que cualquiera de vosotros, queridos lectores, será capaz de ampliar -o corregir- la lista, sugiriendo obras que no hayan sido tenidas en cuenta por cualquier circunstancia. o incluso modificando esa línea divisoria.
Si bien podríamos datar la primera película de monstruos en 1915, cuando Paul Wegener hizo ‘El Golem’, es preferible obviar todo ese cine de monstruos clásicos (Frankenstein, Drácula, el hombre-lobo) y avanzar un poco más, hasta 1933, cuando hace su primera aparición ‘King Kong‘, inaugurando uno de los géneros más rentables de la historia del cine. El propio monstruo aparecería en decenas de películas (si bien en muchas de ellas no era “el mismo” King Kong, tratándose de su hijo y circunstancias similares).
En 1954 hizo su primera aparición otro de los grandes iconos de la historia del cine de monstruos, ‘Godzilla‘, inaugurando el cine kaiju, en el que veríamos más tarde a Gamera, Mothra, y tantos otros monstruos míticos del cine de terror japonés. El primer Godzilla, además, servía como vehículo propagandístico político, representando el mal de las armas nucleares (idea muy repetida en el subgénero durante aquella época), y teniendo como objetivo a los americanos, personificados por ese enorme dinosaurio.
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